Distanciamiento ambiental
Por: Víctor M. Peralta.
Era otra la más sufrida, olvidada por décadas, sometida a la más atroz explotación, víctima de un hospedero feroz que minaba sus entrañas, arropado en su egocentrismo voraz. Ella necesitaba un respiro, se habían agotado sus fuentes, sus pulmones fibrilados por la contaminación, agredida día y noche en busca de sus tesoros.
Ella necesitaba un respiro, pero nadie la escuchaba, todos inmersos en el festín, no había oídos, la vista no alcanzaba su desmejorada estructura, casi perecía, pero a nadie le importaba, solo había tiempo para el disfrute total, desmembrando su cuerpo, aniquilando sus fuerzas, hasta que un ser invisible se apiadó de ella.
Con pasos lentos pero sostenidos, cruzó los mares en su propio barco, surcó los aires en sus propias naves, sembró el pánico, rompió los órdenes cuidadosamente establecidos a sus espaldas a través de siglos.
Entonces ella, que necesitaba un respiro, ahora descansa, limpió sus venas del sucio petróleo, sus pulmones aireados de suaves brisas, el canto de sus aves son el mayor deleite, sus capas superiores recompuestas, detenidos los cruceros que contaminan sus mares, las naves espaciales perdieron sus alas, el automóvil es solo una caja rectangular almacenada, las preciadas joyas no valen nada. Pero ella que necesitaba un respiro, sigue siendo benevolente con su verdugo, a costa de su vida, aporta los ingredientes que habrán de neutralizar al enemigo invisible, que fue su cómplice, alimenta al mundo en sus encierros, como único bien indispensable del que nadie puede prescindir. Ella necesitaba un respiro y no entendimos por las buenas, pero hay fuerzas superiores que imponen la razón.
