Melanio Paredes 2016 1 FE
Melanio Paredes. (Foto: FE).
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De Eiffel a Pisa

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Por: Melanio Paredes.
El honorable Alcalde del Santo Domingo Occidental, conforme su franca confesión, no será historiador o antropólogo para conocer de emblemas o monumentos históricos pero puede mostrar su sabichoseria o perspicacia política para conectar con la cotidianidad  de sus electores y mantener en vilo a la opinión pública durante semanas con una sola acción, para algunos, atrevida e irrespetuosa frente a la plaza conmemorativa de la enseña nacional,  para otros, motivo de la proverbial chercha dominicana.

No bien terminó de iluminarse el arbolito de la Plaza de la Bandera, que se apoya en un emblemático charamico, una simétrica réplica a escala de la Torre Eiffel realizada por Ignacio Morales, un artista dominicano de reconocidas luces, nos llegan cual sombra tenebrosa los resultados del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes, auspiciado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD), conocidos como pruebas PISA, que al hacernos cargar con la vergüenza de ubicarnos a la cola del mundo podría doblegar el orgullo nacional y por analogía rememorar otro monumento emblemático, la torre inclinada de la plaza de Duomo, que lleva el mismo nombre de la ciudad italiana en la región Toscana.

Con el Informe de las pruebas PISA, a la que nos sometimos sin que mediara una consulta popular, algún consenso político o un plan delineado a tales fines, se oficializa el estigma que nos echan en cara detractores y competidores nuestros de que el dominicano solo puede mostrarse al mundo a través de sus peloteros y su música que excita al cuerpo mas no al intelecto o en el caso de los más considerados, que nos distinguen e identifican por la espontaneidad, la jovialidad y la sonrisa alegre, nada de lo cual es objeto de medición en pruebas estandarizadas.

Una amplia gama de reacciones de todo tipo y colores no se han dejado esperar, lo cierto es que hoy día existen serios cuestionamientos sobre la pertinencia de este tipo de pruebas, cuyas mediciones solo se limitan a evaluar capacidades que se traducirían a futuro en una mayor o menor productividad del trabajo, obviando el rol de la educación en la fragua de calidades ciudadanas, desde la perspectiva de los países  ricos o desarrollados y su paradigmática competitividad local y global.

En España, México o Chile, para solo citar algunos casos que nos son cercanos, al conocerse  los resultados de su primera incursión en PISA, la conmoción fue tal que prácticamente se declararon en desgracia nacional.

En el 2009 los resultados de PISA colocaron a  España en el trasero de las naciones europeas; se trataba de su primera incursión y el impacto en el alma nacional fue de tal naturaleza que las  acidas recriminaciones estremecieron los cimientos de la milenaria cultura hispánica, tocando incluso las tumbas de sus figuras más veneradas, a la sazón el escritor Arturo Pérez-Reverte, miembro de la real Academia de la Lengua escribía, con fina ironía que lidiaba con el sarcasmo, lo siguiente…

“De quien es la culpa de que España figure entre los países más incultos de Europa, de que nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora y que nuestros alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas…ahora resulta, conforme los voceros oficiales, que estos deplorables resultados son el producto del país que tenemos y se debe a los bajos rendimientos  educativos de generaciones anteriores. O dicho de otro modo por estas lumbreras, que después de dos mil años la Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo va a venir en los próximos años… Pues la culpa de que la cosa ande chunga, la culpa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafia no la tenéis los políticos culturalmente planos. La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Marse o Muñoz Molina, entre otros. Que miedo me dais algunos. Cuanto más peligro tiene un imbécil que un malvado”.

En nuestro país, para los que hemos venido dando seguimiento a la realidad educativa, estos resultados no son una sorpresa, si bien nos deja el mal sabor de su inutilidad en la actual coyuntura, pues somos de los pocos países de la región con una práctica de pruebas nacionales por más de dos décadas y de haber participado en las tres pruebas regionales aplicadas por el Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad Educativa (LLECE), apéndice del Unesco Chile, las cuales proveen suficiente información si lo que se pretende es definir una línea base para los emprendimientos que procuren revertir los  rendimientos mediocres arrojados.

En el 2008, al asumir la gestión de la Secretaria de Estado de Educación, fuimos impactados al darse a conocer los resultados de la segundas pruebas regionales del LLECE que nos ubicaba con los peores desempeños en lectoescritura y matemáticas entre 17 países donde se aplicó la evaluación; antes que preocuparse, todo el equipo de la gestión lo entendió como un desafío y se ocupó de acometer las acciones, plan  decenal en mano, a los fines de ir superando gradualmente unos rendimientos que entendimos inaceptables.

En el 2009 nos resistimos a participar de las pruebas PISA, de alcance global, pues se entendía que antes debíamos mejorar en las 3ras pruebas regionales para lo cual se diseñó un plan que comenzó por mejorar las Pruebas Nacionales, blindándolas para rescatar su credibilidad al tiempo de retroalimentar a los centros educativos con sus resultados y recomendaciones, entre otras medidas que les permitiera planificarse tomando como meta la mejora continua.  Lamentablemente la falta de continuidad de las políticas y planes de que ha adolecido nuestro sistema educativo impidió un seguimiento a esas iniciativas y al tomar esas pruebas en el 2013 el país volvió a fracasar pues se retuvo el último lugar que habíamos alcanzado en el 2006.

Los cambios paradigmáticos que se están operando en el mundo en materia educativa , el más notable precisamente el puesto en marcha hace dos años en Finlandia, uno de los países líderes en desempeño en las pruebas PISA, que implica entre otros objetivos la atención personalizada a cada alumno y el abordamiento interdisciplinar de grandes ejes temáticos, eliminando las asignaturas, está obligando a redireccionalizar los sistemas de evaluación, dejando atrás el enfoque estandarizado de las pruebas objetivas y migrando a modalidades como el aprendizaje por proyectos, el autoaprendizaje dirigido y el aprendizaje cooperativo entre otros.

Del arbolito de la plaza de la bandera cuyo charamico compite con nuestra enseña patria es preferible quedarse con el ingenio del Artístico cuya magnifica réplica de la Torre Eiffel habla muy bien de que no todo está perdido.

Antes que el Informe PISA 2015, de la OECD, optemos por rescatar el diagnóstico de clase mundial del sector educación que entre el 2005 y 2007 realizaron sus especialistas, a solicitud del entonces presidente Fernández, que nos indicaba rutas y cursos de acción posibles, aún vigente.

Justamente ahora, con PISA o sin PISA, en que la actual gestión de gobierno ha dispuesto por 4to año ininterrumpido de la inversión necesaria, saldando déficits cuantitativos históricos, además de haber auspiciado los consensos indispensables, estamos frente a una oportunidad irrepetible para avanzar junto a otros actores en procura de la anhelada calidad educativa, que nos asegure en el mediano y largo plazos, una dominicanidad de sólidos valores cívicos y las capacidades indispensables para transformar medios y recursos en riqueza y bienestar para todos.

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