¡Cuidado con WhatsApp!

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¡Cuidado con WhatsApp!

Útiles lecciones de una amarga experiencia

Por: NÉSTOR ESTÉVEZ

La modernidad facilita muchas cosas, pero también nos puede ocasionar serios problemas. Hace poco estuve a punto de ser víctima de alguien que usa la tecnología para delinquir. Por fortuna, mi concepto de la amistad estuvo acompañado de mi sentido de la prudencia.

Más vale seguir leyendo porque a cualquiera le puede ocurrir. Recibí un pedido de ayuda, vía WhatsApp, desde el número de un amigo muy querido. Lógicamente, aquello de “amigos en las buenas y en las malas”, pesó mucho en mí. Pero dejaré que sea mi aliado de tantas jornadas, con su escrito, quien comparta las principales lecciones de esta amarga experiencia.

Solo me limitaré a compartirles una clave: aunque haya delincuentes que sepan escribir muy bien, la pésima ortografía en los mensajes fue una de las pistas para que yo comenzara a sospechar que algo anormal estaba ocurriendo.

El relato de mi amigo

Las personas que sonríen bajo cualquier circunstancia, las que están siempre dispuestas al servicio y permanentemente se esfuerzan en ver todo lo positivo de las negatividades que pueden ocurrir en el día a día, viven más y proyectan más salud y bienestar incluso en la ausencia de estos dos estados.

¿Por qué hago tal introducción a esta nota? En la primera semana de septiembre, me “jaquearon” el WhatsApp. Y quiero compartir con ustedes la parte positiva de esta situación que me llevó a un estado de estrés angustioso por más de 48 horas. Tal cosa no era debida a alguna información impublicable o algún dato que pudiera atentar contra el pudor o la moral y que pudiera ser usado para algún chantaje. A propósito, aprovecho para recomendar a cada lector que toda conversación terminada en esta red de comunicación tan utilizada hoy día, la elimine hasta que se convierta en una manía (como en mi caso) y que jamás estén usándola para enviar detalles personales de la intimidad, y mucho menos fotografías comprometedoras.

Les digo que en ese número que me pertenece desde el 2010, tengo 2,256 contactos; gente de todo tipo, de todo estrato social, pero que en mi calidad de exdiputado y de funcionario de la Cancillería los últimos 3 años, deben imaginar el tipo, nivel e importancia de muchos de esos contactos. De ahí mi estrés, pensando que esos mensajes solicitando dinero por una emergencia muy bien justificada les llegara a esas personas, muchas de las cuales quizás solo tenemos la relación de trabajo y de representación. Me refiero a ellos porque, tal como pasó, los que sí me conocen imaginaron en un 99% que algo estaba mal y no hicieron caso a la solicitud. Fueron más de 820 llamadas desde ese día a las 11 de la mañana en que ocurrió el “jaqueo”, hasta pasadas 48 horas.

¿Cómo ocurrió? A mí me llega al entrar a mi cuenta de WhatsApp que se está configurando y me envían un código, hago el proceso normal y al enviar el código… ¡zaash!, se queda en blanco la pantalla y no hay manera de tener control, ya la otra persona lo tiene y va a usarlo como si fuera yo.

Las redes sociales se han convertido en mucho más que una plataforma de comunicación global.

Qué quiero entonces sacar de provecho a esta situación, ahora que ya he recuperado el control de mi celular y de la cuenta. Hacerles saber que no importa quién les escriba, ya sea informándole de una emergencia, de algo fuera de lugar o pidiendo dinero, bajo cualquier circunstancia, sin importar que sea su hijo, hermana, esposa o esposo, jefe o amigo, no importa, no hagan nada hasta que hablen con la persona que les está enviando el mensaje…si el WhatsApp funciona para enviarles un mensaje, también funciona para recibir una llamada o darle respuesta a una pregunta que solo la persona que usted entiende que le está escribiendo sabe.

Segundo, por todas las vías disponibles, pedirles a sus familiares y amigos, que por sus cuentas de Facebook, Instagram, Twitter (incluyendo las suyas) informen de la situación, usando también la radio y televisión si es posible; tercero, ir de inmediato a la empresa suplidora de su servicio e informar y luego pasar al DICAT (Departamento de Crímenes y Delitos de Alta Tecnología, de la Policía Nacional), con lo cual usted tendrá una denuncia que lo protegerá en el futuro contra cualquier acción que realice la persona que ha entrado a su cuenta.

Por último, quiero entonces compartir algo que ya muchos saben, pero que por no saberlo ya me pasó esta situación incómoda y amarga, y es que el WhatsApp tiene un código de seguridad infranqueable con el cual no importa que logre alguien entrar a él, sin este código de 6 dígitos no podrá hacer nada. Es sencillo, entras a WhatsApp, debajo a la derecha hay un ícono que dice “configuración”, entras y vas a “cuenta” y te aparecerá “verificación en dos pasos”; ahí, escribes el código que solo tú conoces y no olvidarás y listo.

Ojalá y no les pase lo que a mí: de todos los contactos, 2 llegaron a hacer el depósito solicitado; a una, al enterarse rápido de la situación llamó al banco y no lo habían retirado y le fue devuelto su dinero…a otra, dinero que sí fue retirado, ahora siento que es una deuda que tengo a pesar de que la Policía está con buenas pistas en la obtención de la persona dueña de la cuenta en la cual se depositó. ¡Qué vivan las redes! …pero que se imponga el cuidado y la seguridad.

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