CON GRAN COLORIDO CIERRAN CARNAVAL DE SANTIAGO
SANTIAGO, R.D. Cuando las manecillas del reloj marcaban las 2:32 de la tarde de este domingo Día de la Independencia Nacional y con la salida del hombre que se disfraza de «Roba la gallina», el chet, Raudy Torres, iniciaron las actividades para el cierre del carnaval de la ciudad de Santiago de los Caballeros.
La actividad ha sido definida por el artista Rafael Almánzar como una catarsis.
El carnaval de Santiago, está considerado como el más colorido del país.
La celebración del Carnaval es una de las fiestas más populares que se exhibe en cada uno de los pueblos del país.
Este año, al decir de los organizadores asistió más personas que el pasado.
Esta vez, se colocaron 5 mil banderas con los colores rojo azul y blanco, simbolizando la que confección Concepción Bona para describir los colores de la República Dominicana.
La avenida Batalla de Las Carreras, tradicional lugar donde se hace el desfile del carnaval estuvo apretujada de personas.
Provenía desde los barrios, urbanizaciones, campos y otras ciudades a ver el desfile.
Habían personas desde Moca, Salcedo, La Vega, San Francisco de Macorís, Licey, Tamboril, San José de las Matas, Villa González, Navarrete, Mao, Santiago Rodríguez, Dajabón, Montecristi, entre otras.
Aún a altas horas de la noche, se congregaron miles de personas al pie del Monumento nacional a los Héroes de la Restauración de la República del año 1863
Historia del Carnaval.
Centro de las tradiciones europeas que trajeron a nuestra isla los colonizadores españoles, se encuentra la costumbre de celebrar el carnaval. Desde su llegada a la isla, se inicia el carnaval y ha tenido constante evolución con la integración de las culturas indígenas y africanas con sus danzas, trajes de vistosos colores, el cuál es elegido por la provincia para distinguirlo de los demás, donde cada personaje tiene su lugar, Para Santiago, Lechón Cuajao…»Amarillo y Colorao»…
Según la historia, los primeros lechones surgieron como guardianes del orden en los viejos carnavales de Santiago y lucían delante de las comparsas para abrirles paso en la multitud y evitar la indisciplina. Primero llevaban una varita en la mano, moviéndola constantemente de un lado a otro; posteriormente cambiaron la varita por un foete (fuete) de cabuya y finalmente recambiaron por la vejiga de vaca.
En 1975 ya habían carnavales para las fiestas patronales, en honor a San Santiago, para Hábeas Cristi y para la carnestolenda (tres días antes del miércoles de ceniza), en la ciudad de Santiago de los Caballeros, cuyas manifestaciones provenían desde los días de la colonia Española.
?Inicialmente el carnaval se dividía en función de la estratificación social de las clases sociales existentes en Santiago, con manifestaciones en clubes privados, por parte de los sectores pudientes y en las calles de los barrios populares, particularmente en la Joya y los Pepines.
Surgieron los lechones JOYEROS, que a los chifles de sus caretas le florecían espinas o puyas; y los lechones PEPINEROS, enarbolando una careta con chifles completamente lisos, disfrazados con coloridos trajes atacándose mutuamente, siguiendo una larga tradición de vieja rivalidad entre ellos.
Los lechones del carnaval de Santiago surgieron tras la campaña restauradora de los ejércitos del pueblo, con sus trajes de colores brillantes en pleno corazón del cibao, por el año 1861, son famosos y únicos. No hay en ellos ni en sus trajes pintorescos, ni en sus caretas que son obras del verdadero arte popular, reminiscencia de los negros de África o de Haití, ni ninguna de esas cosas que los folkloristas ahora les quieren endilgar.
El carnaval de nuestro Santiago tradicional se ha caracterizado porque se han conservado siempre, de año en año, las representaciones de personajes en su mayoría ficticios, creados por la imaginación del pueblo. Entre los principales, que se han conservado debido a su gran popularidad, tenemos a Nicolás Den Den, primer personaje de leyenda carnavalesca de la ciudad. Dicho sujeto surgió después que se iniciara el gusto por las máscaras, en la época post-Restauradora.
Los Lechones de Santiago
Carlos Dobal, escribió una vez para abordar el tema de los lechones de Santiago hay que comenzar diciendo que «Lechones» es el nombre que se da en la ciudad de Santiago a aquellas máscaras que acuden al desfile de carnaval vestidas de diablos. En Santo Domingo, la capital de la República, se les llama «Diablos Cajuelos» a estas máscaras. Y en Montecristi se les llama «Toros». El nombre de «diablos cajuelos» que se usa en Santo Domingo, debe ser una alteración de «Diablo Cojuelo», como es sabido, es el calificativo que se da el diablo indicando que es «muy travieso y enredador».
En nuestro país no hemos hecho aún un estudio profundo sobre los disfraces de diablos. Frandique Lizardo, en su libro «Fiestas Patronales y Juegos Populares», dice al respecto, que hay diablos, además de los lechones santiagueros, en Santo Domingo donde se les llama como ya hemos dicho «diablos cajuelos»; y en Montecristi, donde se les dice «toros»; en Azua donde son sustituidas las vejigas por «medias rellenas»; en La Vega; en Cabral donde se les llama los «cachús», que en vez de vejigas llevan foetes, con los que mantienen pleitos durante Semana Santa. También fueron populares los bailes de diablos en las fiestas patronales de San Bartolomé de Neiba, hasta que las prohibió el trujillato por temor al uso de las máscaras (dato de Frandique Lizardo).
En cuanto a los orígenes de los lechones de Santiago, el profesor Frandique Lizardo toma la tesis, expuesta en diversos trabajos nuestros citados por el distinguido etnólogo dominicano. Es la tesis que exponemos en este trabajo. En realidad, de lo único q no podemos hablar categóricamente, es del arribo de esta costumbre a Santiago. Sabemos que ya para el siglo XVI hubo máscaras en la ciudad de Santo Domingo, por un documento que poseemos extraído del Archivo de Simaneas en España. Pero, específicamente, documento que mencione o haga alusión a estas cosas, no lo hemos encontrado en nuestro amplio estudio de la documentación que sobre el siglo XVI santiaguero conserva el Archivo General del Indias, de Sevilla.
Documentalmente, la costumbre santiaguera de los lechones y de la Tarasca sólo es centenaria, aunque basta observar las curiosas coincidencias que hemos apuntado en la primera parte de esta exposición para llegar a la convicción de que estas tradiciones se pierden en la noche de los tiempos y que debieron llegar, como tantas costumbres hispánicas, primero a nuestras tierras, para después, desde aquí, recorrer todos los caminos.
