Chóferes del trasporte público

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Víctor M. Peralta - Escritor y comunicador.

Por: Víctor M. Peralta

Casos y cosas del mundo.
La mayoría de los chóferes del trasporte público de pasajeros cuando no la hacen a la entrada, llevándose todo por delante, la hacen a la salida, burlándose de las autoridades, e infringiendo la ley. Con sobrada razón son los «dueños del país».

Ningún gobierno ha podido organizar este importante sector; llámese en la ruta urbana o interurbana. A todos les ha salido el tiro por la culata. El caos existente en el transporte de pasajeros en la Republica Dominicana es uno de los rompe cabezas más dolorosos para las autoridades que tienen que ver con el ordenamiento de los vehículos que circulan, de todo calibre, por calles y carreteras del país. Nadie respeta absolutamente nada.

Las señalizaciones para dividir los espacios públicos son letras muertas. Los semáforos son simples artefactos de lujo que no significan nada. El chofer detiene su vehículo para montar o desmontar pasajeros donde le de la santísima gana. Y para tales fines se toman el tiempo que a ellos les dé su engreída voluntad. Son los únicos que tienen derecho a usar, a su antojo, calles, avenidas y carreteras del país. Son ciertamente los «dueños del país», como bien los bautizara el por siempre recordado don Freddy Beras Goico.

Todos los gobiernos cuando llegan, incluso antes de llegar, amenazan de que van a resolver la barbarie del transporte de pasajeros. Que le van a poner coto a la situación. Se invierten decenas de miles de millones de pesos, y al final del camino no resuelven nada. Y más que acabar con el mal, lo han empeorado. El que no se ha encaramado en uno de los desvencijados artefactos de montar gente, las llamadas «voladoras», que circulan por las calles de la capital dominicana y el Gran Santo Domingo, no sabe lo que es pasar un buen rato de sustos, al borde del precipicio de la muerte.

Las autoridades de tránsito terrestre, debieran ensanchar el abanico de su presencia en la totalidad de las carreteras del país, que les permita tener un mayor control de la velocidad excesiva e imprudente que incurren los choferes de guaguas y autobuses de transporte masivo. Muchas veces en una desenfrenada y alocada carrera con resultados fatales de muertes y heridos. Son noticias de primera plana en los periódicos, radio y televisión, los múltiples accidentes que a diario ocurren en cualquier zona del país. Con sobrada razón, de los países del continente el nuestro es donde se producen más muertes producto de los accidentes de tránsito.

En rutas de muchos kilómetros, de la provincia Santiago Rodríguez a Santo Domingo, por ejemplo, debiera exigírsele a las empresas que manejan el negocio, y a personas físicas, dueños de guaguas, asumir los daños causados a los pasajeros a causa de cualquier accidente que éstos se vean envueltos. Y que no sea por vía de un simple seguro de ley, que al fin de cuentas solo sirve para sacar al chofer de la cárcel, en caso de ser detenido, o librarlo de un juicio en los tribunales.

Lo mejor fuera que hubiese una indemnización económica a los pasajeros envueltos en un accidente. Como fue el caso particular de Caribe Tours en días pasado, cuando una guagua de esa compañía, en su ruta Loma de Cabrera−Sabaneta−Mao− Santiago− la Vega− Santo Domingo, sufrió una volcadura en la autopista Duarte, a la altura del cruce de San Francisco de Macorís, donde están las casetas de vender chicharrones. Con un balance de muchos heridos que debieran haber recibido, aparte de las atenciones en los hospitales, que en este caso fue cubierto por las autoridades, vía el Ministerio de Salud Pública, una justa indemnización que subsanara en parte los daños causados por el percance que ninguno de los ocupantes del autobús accidentado tenía previsto. Y de la misma manera enmendar la pérdida de cualquier objeto propiedad del pasajero.

En ese sentido, se debiera exigir a los operadores de guaguas de transporte interurbano, dotar a cada pasajero en ruta, de un seguro que cubra los daños físicos ocasionados por cualquier tipo de accidente, en la mayoría de los casos, como es la media en nuestro país, con desenlace fatal de muertes o heridos. Esto se pudiera instituir en una cláusula adherida al ticket que se le vende a cada pasajero, con un valor mínimo, digamos que de 5 pesos. Y que se haga constar que en el tiempo que el pasajero esté dentro de dicho vehículo, estará dotado de una póliza que remunerará, con dinero líquido, constante y sonante, los daños, físicos y mentales, que le pudiera ocasionar un accidente.

Con una medida de esta naturaleza se buscaría que los dueños de guaguas tomaran las previsiones correspondientes para que sus choferes manejaran con más juicio y responsabilidad. Y las personas que utilicen este medio de transporte para trasladarse al destino requerido, se sentirían protegidas de cualquier contratiempo que le pudiera sobrevenir mientras se encuentre a bordo de uno de éstos aparatos. Esa es mi humilde opinión.

Al margen
Quiero solidarizarme, de manera pública, con la familia Torres-Cruz, por el sentido fallecimiento de la señora Ana Luisa Torres De Cruz, doña Mora, madre del senador Antonio Cruz, quien entregara su alma al señor el pasado martes en la ciudad de Santiago. Estuvimos junto a la diputada Nancy Santos en la funeraria Blandino, de la ciudad corazón, donde fue expuesto el cuerpo sin vida de la dama fallecida, acompañando al senador y demás deudos en su momento de dolor. Causó mucho pesar la muerte de doña Mora, quien era natural de la comunidad de Cidra de Tomas, Sabaneta. Paz a su alma.

También murió en Santiago, el miércoles de esta misma semana, la señora Milagros Lantígua, esposa de Fabio Serrata, con quien procreó tres hijos, a saber; Henry, Winston y Joel. Milagros era mi prima. Una bella dama que gozaba del aprecio de todo el que tuvo la oportunidad de tratarla. Nativa de El Guano, Mata del Jobo, hija de Manuel Antonio Lantígua, mi tío, y doña Tatán. El velatorio de Milagros se efectuó en la funeraria Santa Ana. Y después de la celebración de una misa de cuerpo presente, fue sepultada en el cementerio municipal de Sabaneta. Paz a su alma.

Victor.escritor@hotmail.com

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