Carta a Juan Colón
Carta a Juan Colón resalta el valor literario de Eviterno
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Carta a Juan Colón

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Cuando el tiempo dejó de ser reloj,
un día del mes madre.

Asunto: Eviterno.
De: Papo Fernández

Estimado amigo, he terminado de leer tu libro «Eviterno», cual inicio me ha desarreglado mi agenda de trabajo y compromisos, dado el inevitable afán de no soltarlo hasta darle término. He quedado fascinado. Atrapado por esta cédula de presentación que define tu movimiento Hiperorgánico, en que estableces su principio fundamental que encarna esta nueva poética.

Papo Fernandez 2020
Papo Fernández – Escritor.

Me es inevitable retrotraerme al año 1988, sin necesidad de gastar tinta en apologías y lisonjas que llenan prólogos y palabras introductorias en tantas páginas primeras de tantos libros, porque yo puedo hablar de ti, Juan de Baoba del Piñal, porque conozco al hombre y puedo hablar de él, conozco tu oriundez y estuve en tu primer parto, cuando nació tu primer retoño literario, aquel «Giocondo mío», que años después te hacía sentir rubor cuando me dijiste algo así como «es mi primer poemario, pero ya no me siento representado en él, ¡Por Dios, no me lo recuerdes»; y en ese momento no pude más que pensar que simplemente sentías y expresabas lo que hasta grandes luminarias de las letras opinaban de sus primeros trabajos, tópico hasta del mismo Balaguer cuando decía «…que sus primeros versos adolecían de una verdadera belleza lírica y carecían de originalidad»; y también recordaba a Pablo Neruda, quien confesó en su «Oda a la poesía» que estuvo tropezando hasta que esta se abrazara a él, escribiendo:

«Cerca de 50 años caminando contigo, poesía. Al principio me enredabas los pies y caía de bruces sobre la tierra oscura o enterraba los ojos en las charcas para ver las estrellas…».

Verdad que todos sabemos hoy, que son simples autocríticas que hacen los que jamás están conformes y siempre están detrás de la perfección.
Y en tu caso, amigo mío, convencido estoy que esa, tu primera incursión en las letras, tiene la calidad de no merecer ese desdén, porque, ¿Quién presenta su primera obra, teniendo como invitados a su lado en la mesa central, a comensales de la literatura de peanas tan altas como Juan Bosch, Pedro Mir y Mariano Lebrón Saviñón, escoltando esos primeros poemas? ¿Quiénes pueden, en el parnaso de nuestro país, presentar tal hazaña?

Esta opinión que emito aquí, Juan, después de conocer y escudriñar «Eviterno», me da la razón respecto de que todo el tiempo estuviste detrás de lo sublime, de la cuasi perfección que nace del fortalecimiento del estudio y la transformación evolutiva en busca de lo excelso, de un escritor deseoso de lograr una meta como la creación de un estilo literario, el que reconozco y acepto como válido porque, ciertamente, el «estilo» es como la ropa que llevamos puesta, desde afuera es más fácil y objetivo someter al escrutinio a ambos, más que el propio escritor o el que la lleva puesta.

Este mercado «funcionando como condición humana», es decir, esta manera «Hiperorgánica» de narración continua en el tiempo y espacio, en el que planteas el discernimiento de las cosas, explica claramente la euforia que produce encontrar el escritor que estabas persiguiendo ser.

Estos decires:
«La mirada con un tono de verano que no se dejaba traducir»,
«Estos balcones tienen la educación de no escuchar lo que se dice, pero se los nota entrometidos». (Como no imaginarse a dos macetas estirando sus colgaduras para poder escuchar) producen una sensación desconocida en el lector; te encuentras desnudo y sin defensa ante la brutal verdad de que todo lo que te rodea tiene alma y te pone a pensar que a partir de ahora deberás observar con detenimiento para encontrar los sentidos —ojos, oídos, tacto— de las cosas que te rodean. Después de leer «Eviterno», el reloj pierde sentido, el tiempo se rediseña y el alma se disuelve cual brisa entre hendijas ocultas al ojo normal. No dije humano. Normal.
«Como río que se ensancha para dejar pasar a un pez improbable».
O como cuando «El escalofrió partió mi aliento en dos tiempos». ¿Acaso si alguien quiere conocer qué significa Hiperorgánico o quiere saber qué es «Eviterno», necesita mejores acepciones que estas?

Yo diré de «Eviterno» lo siguiente:
¿Recuerdan que Manuel Jiménez quiere que a ella le dé el amor para quedarse en su lecho y dormir en su pecho y que Juan Bosch quería una novia que le inspirara versos? Pues yo quiero libros como «Eviterno» que me inspiren a seguir leyendo.

Sabaneta, Santiago Rodríguez.
Cuando el cuadro abrió su borde y me guiñó un ojo.

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