Avelino Stanley
Avelino Stanley en Ecos de Personajes Poéticos
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Avelino Stanley en Ecos de Personajes Poéticos

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POR: SANDRA FERNÁNDEZ MARTÍNEZ – escritora. Reside en Santiago Rodríguez

Este espacio es un puente entre la literatura y el público, donde se abre una ventana íntima hacia la vida, los pensamientos y la inspiración de quienes dedican su arte a la palabra y a la escritura. Ya que no solo nos interesa compartir la poesía, también cualquier otro género literario puede captar nuestra atención, y en esta ocasión tenemos un plato fuerte. Después de haber leído la novela «Por qué no he de llorar» del escritor dominicano Avelino Stanley, no pude controlar el deseo de escribirles sobre ella, y cómo no he de hacerlo, si al leerla me conmovió de una forma muy especial. Como todos saben no soy una experta, por lo tanto, aquí solo describiré lo que me hizo sentir íntimamente, sin embargo, conviene destacar su valor narrativo, así como los temas humanos que atraviesan toda la obra: el amor, la pérdida, el duelo, la condición femenina, y esa capacidad de resistir ante el sufrimiento. La novela fue publicada en el 2003, y ha tenido varias ediciones posteriores, por lo que confieso que la he leído tarde.

Esta obra, además de leerla, la sentí, pues me di cuenta de que las lágrimas, lejos de ser signos de debilidad, a veces son la única forma que encuentra el ser humano para seguir adelante. Stanley, nos recuerda que la vida suele escribirse entre una mezcla de alegría y sufrimiento y que nadie atraviesa el camino de la existencia sin conocer tarde o temprano el peso, y la dureza, de la tristeza.

Sandra Fernández - Escritora
Sandra Fernández – Escritora

Lo admirable de esta novela es la forma en que se cuenta la historia, con un lenguaje sencillo pero cargado de intensidad emocional.

«Por qué no he de llorar» recuerda ese bolero entrañable, composición del músico, pianista y cantante mejicano Fernando Valadés. Es una canción muy conocida e interpretada por diferentes artistas en todos los tiempos, y es precisamente por esta canción que lleva el título esta novela. Cuando recorres cada uno de sus capítulos te sumerges de tal manera en ella, que te hace recordar tu adolescencia, ese primer amor que todos hemos sentido alguna vez, lleno de inocencia. Creo que es la novela contemporánea más romántica y triste que se puede leer. Mientras avanzamos por sus páginas, descubrimos personajes marcados por las pérdidas, las ausencias y por esas heridas que aún se sienten por dentro.

Su lenguaje fluye con naturalidad, sin artificios innecesarios, permitiendo que cada emoción llegue al lector con la fuerza de algo vivido. No pretende deslumbrar con grandes alardes estilísticos; pero apuesta por algo más difícil: conmover.

Al cerrar el libro nos queda una sensación extraña, semejante a la que nos acompaña después de despedir a alguien querido. Comprendemos entonces que el llanto no siempre nace de la desesperación. A veces lloramos porque hemos amado, porque hemos perdido, porque recordamos. Y también porque seguimos vivos.

Quizá por eso la pregunta que da título a la obra no busca realmente una respuesta. Es más bien una afirmación silenciosa de nuestra condición humana. Porque quien ha amado profundamente, quien ha sufrido, quien ha visto partir a alguien o ha sentido el peso de la ausencia, sabe que hay lágrimas que son inevitables y, en ocasiones, necesarias.

Avelino Stanley nos entrega una novela donde el dolor se transforma en literatura y la literatura, a su vez, en un espejo donde el lector termina encontrándose a sí mismo, y a la vez se da cuenta lo doloroso que es vivir sin un ser querido, y sentir de cerca, de manera inesperada el adiós. En esta historia el anhelo de la protagonista Alfonsina (Tina) se aniquila de un solo tirón, igual el de Pedro, su amor verdadero, después de haber vivido una vida llena de dolor y sufrimientos. En el último capítulo de la canción solo se escuchó esa pequeñísima estrofa en la que Fernando Valadés se lamentaba gimiendo: «Por qué no he de llorar, si lo que más quería, que fue mi noche y día, se acaba de marchar». Como ustedes comprenderán, en la intimidad de mi habitación dos lagrimas corrieron por mi mejilla al terminar de leerla.

A ustedes, queridos lectores, les deseamos un feliz fin de semana. Hasta una próxima entrega, donde seguiremos escuchando los ecos que el arte deja en nuestra sensibilidad y en nuestra memoria.

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