Aproximación al pensamiento antropológico-social del escritor Eduardo García Michel (1-3)
Por: Esteban A. Torres Marte – Escritor. Reside en Santiago Rodríguez.
El autor enfrenta las nociones de paradigmas y de aceptación crítica que permean ciertas captaciones gnoseológicas del conocer tradicional. Se empeña en desentrañar las representaciones ilusorias de la cotidianidad popular (a través de ellas mismas). Subvierte el criterio subconsciente de la censura y la autocensura en la diana de los discursos tradicionales. Se alía al ímpetu de la diferencia cultural con el entramado de la representación ideológica lineal, y replantea un más allá de las deducciones cínicas (aunque si irónicas), y autoritarias del poder con un falso sentido y falacia de la continuidad histórica de la vida y el vademecum dominicano:
“no puede ser que siga prevaleciendo la ley de la selva, donde cada cual hace lo que le apetezca sin importar si daña a otros; no tiene sentido que continúe prevaleciendo la conveniencia de unos pocos que creen que en sus tierras pueden hacer lo que les dé la gana, aunque eso implique arruinar el vecindario, contaminar el entorno, destruir otras formas de negocios, deteriorar el medio ambiente.”
(“Cara y cruz de los invernaderos” 31 de julio, 2011, pág. 28)
El autor reconoce la apoyatura del sentido histórico que en determinadas circunstancias coyunturales afloran de los estamentos del poder autoritario en una dimensión diacrónica haciendo uso de la cultura, la identidad y el lenguaje. Este símbolo-estado se reconoce en la impronta de la escritura-lectura como escogencia totalitaria. De ahí la rapaz virulencia en el siglo XX de la economía narcisista y de una jurisprudencia de signos y gerencia cínica: “Todas las utopías del siglo XIX y del siglo XX, en cuanto se realizaban, ahuyentaban la realidad de la realidad; nos han dejado en una hiperrealidad vaciada de sentido ya que toda perspectiva final ha sido como absorbida, digerida, dejando una especie de residuo en la superficie, sin profundidad.
Fin por tanto de la representación, del sistema de la representación; fin de la estética, fin de la imagen misma en la virtualidad superficial de las pantallas. Sin embargo (es sólo una hipótesis) hay en esto un efecto perverso, paradójico: parecería que en cuanto se expulsa la ilusión, en cuanto la utopía es ahuyentada de lo real por la fuerza de todas las tecnologías, de nuestras ciencias, etcétera, en virtud de esas mismas tecnologías, la ironía, por su parte, se ha pasado a las cosas. Habría así entonces una contrapartida a la pérdida de la ilusión del mundo: la aparición de la ironía objetiva del mundo, la ironía como forma espiritual, universal, de la desilusión del mundo, una forma espiritual que surge esta vez del meollo de la banalidad de los objetos y de las imágenes…” (2).
Desde el origen mismo de la construcción republicana la argumentística se ha obliterado en torno a lo cultural y lo jurídico, cuyo juicio representa a los distintos estamentos de las clases sociales. El origen mismo ubica la sociabilidad en sus fases jurídico-ética en función de una pragmática política. Dicha representación ha creado los signos que determinan una entidad superestructural cuyo índice enunciativo es de naturaleza axiológica y fundamentalmente económica. Nacimos en las expectativas de las circunstancias libertarias europeas y americanas. Los intelectuales de nuestra independencia se identificaron plenamente con los pensadores del Siglo de las Luces y su ideología del separatismo. Creamos ciertos anclajes ideológicos e iconoclastas como el localismo, lo nacional, patriotismo, universalismo, etc. Signos configurados por la entidad del poder y asumidos en la parcialidad interesada. En el entorno del siglo XIX una fuente de tensión intelectual se vivió frente a dos figuras polarizables: Báez y Santana. La dirección de cierto esencialismo se reproduce en nuestros días como ápice del republicanismo hispánico.
-No es eso eso, Cucharita, pero a veces conviene saber lo que ha pasado en otros lugares.
-Pues déjese de tantas vueltas y diga ya.
-Mire. Según leí, Piñeira quebró un banco y fue sometido a la justicia. El caso llegó a la Suprema Corte y fue desestimado porque altas influencias lograron ese propósito. ¿Resultado? Ahora es presidente. Alguien decía que hace falta tener, aunque sea medio juez amigo. Y así es todo. Quien no lo tiene, no goza de amparo y dormirá el sueño de los justos, pero en la otra vida. Lo demás es disparate.
-Y usted, tan Abimbao como su nombre indica, piensa que hay que conformarse. Con gente como usted no se llega lejos, es de los que se esconden en la loma antes de que suene el primer tiro en el llano.
-Eso habrá que verlo, bravucón. No sea viperino. Sepa que, así como hay jueces malos e hipócritas, también los hay íntegros y valiosos. No se lleve de chismes ni de apariencias. Tampoco los ponga a todo en el mismo saco.
–Pues tápese los oídos, y le voy a decir lo que no quiere escuchar.
Ustedes dos, pshhh, no sigan. No quiero problemas. Además, parecen de esos personajes detestables de los Wikileaks.
Pues no me callo. Mire, algunos jueces, medios y altos, parece que contratan empresas que hacen sondeos para averiguar el pulso de la opinión pública en casos “sensibles”. Esa es la vara que usan para decidir. Y luego aparecen como Pilatos, satisfechos y barrigones; jartos de manteca y vino.”
(“La ética y los jueces” 13 de novembre, 2011, pág.39)
El autor describe a grandes rasgos la línea oligárquico-servil de los patrones antaños heredados de una plétora de autores y caudillos que no pudieron accionar en la modernidad como agentes de transformación. Una psique problematizada con la exclusión de la integración educativa fue la causa del discurso del Gran Maestro de Las Américas ante la primera graduación de la Escuela Normal de Maestros: “No, señores: él es lo más alto y lo más triste que hay en la creación. Es la roca desierta que soberanos esfuerzos han solevantado lentísima mente por encima del mar de tribulaciones, y que sufre sin quebrantarse la espuma de la rabia, el embate de la furia, el horror desesperado de las olas mortales que le asedian. Es la conciencia, triste como la roca, pero alta como la roca desierta del océano. Y no la conciencia individual, que siempre toma su fuerza en la inconsciencia circundante, sino la conciencia humana, que toma su fuerza de sí misma, que de sí misma recibe su poder de resistencia, y, secundando a la naturaleza, sacrifica el individuo a la especie, la personalidad a la colectividad, lo particular a lo general, el bienestar de uno al bienestar de todos, el hombre a la humanidad.
En esa región de la conciencia no hay pasiones como las pasiones vergonzosas que amojaman el cuerpo y el alma de otros hombres: unos y otras pasan por debajo, precipitándose en la cima de su propia nada, sin que logren de la conciencia, que va trepando penosamente su pendiente, ni una mirada, ni una sonrisa, ni un movimiento de desdén. Ascendiendo siempre la una, bajando siempre las otras ¿qué venganza más digna de la una que el seguir siempre ascendiendo, qué castigo mayor para las otras que el seguir siempre bajando?” (3).
Notas
1.- El autor Eduardo García Michel es oriundo de Moca. Posee una trayectoria académica de primer orden. Estudió en la Universidad Complutense de Madrid donde obtuvo dos especialidades: en Estudios Hispánicos (Facultad de Filosofía y Letras), y en Ciencias Económicas y Comerciales. Se graduó de una Maestría en Administración de la Integración Económica (en el Instituto de Estudios Superiores de Administración -IESA- de Caracas, Venezuela). Es cofundador de la Fundación Siglo 21 (institución corresponsable de la reforma constitucional de 1994, la reforma de la seguridad social -en el fundamento de salud ciudadana-, y de la reforma municipal). Es autor de los libros: 30 de Mayo, Trujillo ajusticiado, Al amanecer, la niebla, Una experiencia de política monetaria (crisis bancaria del 2003), y Moca, el pueblo de antes. En el contexto de su productividad intelectual su vigencia se encuentra en diversos artículos repartidos entre el Listín Diario y Diario Libre. El texto comentado es una compilación de sus artículos-narrativos: Vitrólico y sus personajes/ Diálogos y relatos (Archivo General de la Nación: Volumen CCCLXXXVIII, Santo Domingo, 2020).
2.- Jean Braudillard: La ilusión y la desilusión estética, (Ed. Monte Ávila Editores Latinoamericana, Caracas, 1998, pág. 19).
3.- Eugenio María de Hostos, “Forjando el Porvenir americano”, (Obras Completas, vol. XII, tomo I, 1939, pág. 128).
4.- Para Locke no existen ideas innatas. Todo proviene de la experiencia de los sentidos. Por lo tanto, el desarrollo social nace en la transformación de la naturaleza y en grado acumulativo su valor deviene en conocimiento (libertad, igualdad, el derecho a la propiedad y la justicia del estamento civil gubernamental). De su autoría: An Essay concerning Human Understanding, 1667. (Second Treatise of Civil Government, 1690).
5.- Miguel Collado: Apuntes bibliográficos sobre la literatura dominicana, (Ed. Biblioteca Nacional, Col. Orfeo, Santo Domingo, 1993).
6.- Reinhart Koselleck: Futuro Pasado. Para una semántica de los tiempos históricos, (Ed. Paidós, Barcelona, 1993).
7.- E.H. Carr: ¿Qué es la historia? (Editorial Seix Barral, Barcelona, 1967).
8.- AAVV: Niveles de cultura y grupos sociales, (Ed. Siglo XXI, México, 1977), y Roberto Cassá: Historia social y económica de la República Dominicana, (Ed. Alfa y Omega, Santo Domingo, Vols. 1 y 2).
El Escolasticismo en su origen se manifestó en la materialidad del Hato Ganadero en la República Dominicana (de donde provino el origen del criollo), y su prolongación en el tiempo como cultura se definió en función de la religión y estructuras pre-capitalistas. Roberto Cassá: Historia social y económica de la República Dominicana, (Ed. Alfa y Omega, Santo Domingo, Vols. 1 y 2).
9.- Friederich Nietzsche: El origen de la tragedia, (Siglo XXI, Buenos Aires, 1985).
10.- Franz Fanon: Los Condenados de la tierra, (Ed. Fondo de Cultura Económica, México, 1963).
11.- Sigmund Freud: El chiste y su relación con el inconsciente, (Alianza Editorial, Madrid, 1983).
12.- Henri Lefebvre: Introducción a la Modernidad, (Editorial Tecnos, Madrid, 1971).
13.- Jürgen Habermas: Facticidad y Validez. Sobre el derecho y el Estado democrático de derecho en términos de teoría del discurso, (Editorial Trotta, Madrid,1998).
14.- Juan Isidro Jimenes-Grullón: Sociología política dominicana, (1844-1966), 3vols., Santo Domingo, 1974-1980, y Rosalba Campra: América Latina: La identidad y la máscara, (Ed. Siglo XXI, México,
NOTAS
1.- La referencia a su pensamiento proviene del texto de su autoría: Vitrólico y sus personajes/Diálogos y relatos (Archivo General de la Nación, Volumen CCCLXXXVIII, Santo Domingo, 2020).

