Aprendí a quererte así
Por: Sergio H. Lantígua
San Ignacio de Sabaneta, Santiago Rodríguez, RD. Es tan sencillo escribir cosas bonitas cuando repentinamente, agolpadas, retornan las reminiscencias a clavar sus puñales veleidosos en la parte sensiblera de nuestro absorto; estimulando a que el corazón quede suspendido en un estado de provocada inercia gravitante y deje de percatarse de toda materialidad para darle cabida a esos amores pretéritos. Los que fueron imposibles y aquellos que ahora tal vez estén en otra dimensión.
APRENDI A QUERERTE ASI
Aprendí a quererte así buscando el motivo de una excusa
Formulando un documento repleto de falsarias plusvalías
Pretendiendo que solo a ti quería aunque fuera mentira
Aprendí a quererte desde el fondo de mi inanimado olvido
Entre templos habitados por ambigüedades inconclusas
Como gotas de rocío humectando el páramo de mi raciocinio
Aprendí a quererte de madrugada entre sueños alucinados
Reverbero de espejos reflejando imágenes acerbas e incisivas
Aprendí a quererte con la vivaz melancolía del álamo triste
Así conjeturando rimas me sorprendían las noches y los días
Aprendí a quererte como el eremita caminando calles vacías
Acarreando un morral repleto de tormentosos desengaños
Aprendí a quererte dejando discurrir el caudaloso riachuelo
De esas quimeras inconclusas que inflexibles desembocarían
en el apacible cauce de los ayeres sin mañana de tu recuerdo


