Al igual que hoy, era jueves 2 de julio, pero del 1959
Por Ricardo González Quiñones
«Era aproximadamente la una y veinte y cinco de la tarde, estaban hambrientos, cansados y con pocas municiones y en la casa del señor Arcadio Lamí, en la Loma de los Charamicos, sección de Thomas, decidieron entregarse».
Erase la redención de los caídos, el antagonismo de la opulencia, el verdor de los bosques, la hidalguía de una raza, llamada La Raza Inmortal. Ramón Arcadio Peguero Reyes, Luis Fernando Ozuna, Segura y Ogando, ustedes dieron lo más valioso que tiene un ser humano, sus vidas, para salvarnos de una peste apellido Trujillo, alias Chapita. Ya Guillermo Padilla Hernández tenía dos días que había sido enterrado.
Cincuenta y seis años, muchachos, y aun hoy, todo está manga por hombro, hoy no está Arcadio Lamí para brindarles su techo, no está Félix Estévez para darles de comer en esas lomas, ya Martín Reyes Uceta no puede darles aquel desayuno a base de yuca y leche.
Ay muchachos, si ustedes supieran por quienes ustedes sacrificaron sus vidas. En Sabaneta, muchachos, ni siquiera una calle lleva los nombres de ustedes cinco juntos. Y ustedes valían más que cinco. En Sabaneta, muchos no los conocen, no hablan de ustedes, ni en las aulas, ni en las misas dominicales, ni en el parque. Todavía existe el miedo a que les quiten la tarjeta solidaridad o la botella que algunos ostentan.
No pueden hablar de ustedes muchachos, esquivan sus figuras, su heroísmo, su valor agregado. Amenazan, a los más desposeídos, para que todos sean unos cobardes igual que ellos, que solo son bocas. Búsquenlos, y andan siempre como cardúmenes de sardinas para romper el ocio.
Algún día muchachos, en tiempo no muy lejano, este pueblo comenzará a consultar personas que entiendan la verdad histórica de su pueblo, y entonces, pagaremos esa deuda social que tenemos con ustedes cinco y con otros prestantes ciudadanos más.
Hasta pronto, Dios querrá
Ricardo González Quiñones
Sabanetero