Vivencias que dejan moralejas

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Profesora Dilmarys Cuello

Manicure para el alma 

POR: DILMARYS CUELLO – Educadora Reside en Santiago Rodríguez

Como ustedes habrán escuchado, mi padre murió el día 30 de marzo y en palabras no pueden describir los sentimientos que eso ha generado en mí y nuestra familia. Por las muchas ocupaciones desde que mi padre mostró más desgaste con la enfermedad, no había pasado ni una piedra pómez en mis manos y me vi obligada antes que llegaran los “nueve días”, hacerme un manicure en mis manos, pero he notado que también se necesita ese proceso en el alma. 

Desde el día que falleció mi amado padre, Juan Francisco Cuello (Marcelino) noté que también las muestras de cariño, solidaridad y amor que he recibido en estos días, son el mejor proceso de reconstrucción después de una perdida. 

Hace unos días me vi obligada no solo a sumergir mis pies y manos en lágrimas, pero contaba con toallitas frescas, que cada amigo- amiga, enviaba a mi celular. La cantidad de mensajes y notas de voz, me hizo reconocer que sin dudas este medio de comunicación es más útil de lo que te puedes imaginar, cuando se necesita refrescar el alma. 

¿Qué si necesitaba el manicure? La respuesta es sí. Necesitaba acetona, para que comenzara a remover las tristezas del momento, que indudablemente pensaba en esos momentos que era la más grande que había pasado. No crean que he dejado de sentirme triste, pero sin lugar a dudas, he entendido que tengo más motivos para vivir que aquellos por los que quedarme sumergida en el dolor. 

Las anécdotas sobre mi padre, era como un cepillo de uñas, me servían para quitar cosas y agregar otras. Cada historia de cómo llegó el gabinete a una cocina, o cómo le hicieron una cuna a un niño, por el solo hecho de ser amigo de mi papá. Gracias por tantas veces, con sus palabras, dejar mi corazón más suave. 

Cada actividad cristiana, tanto las misas como el culto, que se hicieron para recordar los años de vida de mi padre, fueron como tijeras o pinzas. Cada vez que me tocaba escuchar la palabra de Dios, fuera en boca de un pastor, diácono o sacerdote sentía que las mismas, cortaban “carne muerta” en mí por este proceso. Cada abrazo sirvió para quitar una esquinita de mis miedos para darme más seguridad de que lo que Dios tenía para nosotros como familia, era sin dudas mejor en Dios. 

Recibimos tantas coronas de flores, para hacerse presente por las mismas en cada actividad que hicimos a mi papito, eran como un cortaúñas; sirvieron para recordarnos que a veces es importante tener cercano a nosotros instituciones, amigos que quitan de nosotros algunas cosas, pero luego-en momentos como estos- nos damos cuentas que por algo lo hicieron en su momento. 

No podría en este artículo mencionar a cada persona, institución, compañeros de trabajo, amigos/as de mis hermanos, la familia, mis cuñadas, mis sobrinos, es que no cabe en el artículo, sus nombres o mejor dicho ustedes perderían el interés en seguir leyendo. Ellos/as, me sirvieron de limas de uñas y tablas de esmeril; para suavizar este momento tan duro y áspero que me tocó vivir, junto a los míos. 

En medio de todo este proceso, he sentido la frescura de tenerlos a ustedes como mis más cercanos, gracias lectores, por hacer que me sintiera mejor en este proceso.  

La Biblia dice: Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.  Apocalipsis 21:4-5

¿Y tú, que opinas?

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