Un último deseo

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Sergio Lantigua

Por: Sergio H. Lantígua

Desde Scotrun, Pennsylvania, USA. Es tácito y genérico entre los que escribimos versos, con renuentes excepciones, el tener que admitir (exentos de petulancias egocéntricas) que hacerlo, es un privilegio esotérico; cimentados en la exigua ecuación de poetas cuyas creaciones han cosechado y apuntalado su fama en el repertorio del anfiteatro internacional de la literatura castellana. Por idiosincrasia, es admisible, y comprensible, que podríamos pasarnos toda una vida escribiendo poemas sin que estos lleguen a naufragar en playas acogetas que puedan ser dársena para catapultar su hacedor al mundo del distingo. Por consiguiente, la prudencia nos diagnóstica que la perseverancia es el indicante a seguir hasta que uno de nuestros vástagos poéticos logre apellidar alguna notoriedad. Pero mientras tanto…

UN ÚLTIMO DESEO
Ojos de seductiva y persuasiva mirada
Ojos de un azulado parentesco con el cielo y el mar
Ojos que al mirar lo dicen todo sin emitir palabras
Ojos profundos y misteriosos como remansos de agua
Ojos silo de exotéricas sombras y anónimos pesares
Ojos ignitos como el color menstruante del atardecer
Ojos reflectantes de amor eterno y reveladoras pupilas
Ojos que fueron penumbras y lampos de mi esperanza
Ojos que aderezaran como soles refulgentes su cara
Ojos que al finiquito quiero que alumbren mi partida
Y como último deseo vacíen la alfaguara de su llanto
Sobre mi cuerpo inerte el que en vida les amara tanto

¿Y tú, que opinas?

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