Un regalo desagradable

Por Eugenio Taveras
Recibí una llamada privada a mi celular de Claro, luego otra llamada privada a mi celular de Orange, a los pocos segundos una llamada al teléfono de la casa y levanté el auricular.
Acto seguido dije buenas tardes y por la voz que respondió, sospeché que fue la misma que segundos antes había marcado mis celulares, por lo que la increpé con estas elegantes palabras: -señorita, por el sonido de su voz sé que no es una persona que conozco y, por lo tanto, sospecho de dónde viene esa llamada. En medio de toda mi perorata la joven cacareó: -Deseo comunicarme con el señor Eugenio Taveras. -Es Eugenio Taveras quien le habla. –El Banco Caribe le ha premiado con una tarjeta… -Señorita, le doy la oportunidad de que diga «pase buenas tardes» y cierre usted, porque entonces lo haré yo, no me interesa ese premio. –Está bien, pase buenas tardes señor.
¡Qué inteligente fue esa joven! Digo esta frase porque hace un tiempo llamó uno de estos vendedores de problemas y a ese tipo hay que felicitarlo, tiene una coraza que manda madre, por mucho que le dije cierre, él insistía, con dolor de mi alma tuve que colgar.
Esos jóvenes que colocan en estos puestos, a los cuales les dan un adiestramiento de mercado, porque muchas veces de mercadotecnia saben lo que una guayaba podrida, deberían enseñarles algo de psicología a distancia, es decir, cuando su interlocutor no se encuentra al frente, para que entiendan de una vez y por todas que no siempre a las personas les interesa esa cosa que ellos llaman regalo, cuando en realidad son un verdadero problema.