Un Quijote en Sabaneta
En las sinuosas calles de Sabaneta, un personaje enigmático emerge como un moderno Quijote, cabalgando sobre sus pies y siguiendo un camino propio. Fello Estévez nos presenta a Diógenes, un hombre sin metas definidas, pero con una misión inquebrantable. Es un nómada, un pensador, un superhombre en su propio derecho, que vuela por los caminos de la vida vivida en los márgenes, pero nunca doblegado. En su búsqueda constante, quizás por sustento, quizás por algo mas profundo, Diógenes se convierte en una figura simbólica de resistencia y humanidad. Este poema es un tributo a la individualidad y la fortaleza de espíritu, una narrativa lirica que captura una existencia singular en el tapeo de la sociedad.
POR: FELLO ESTÉVEZ – Comunicador.
UN QUIJOTE EN SABANETA
Un Quijote en Sabaneta,
llamo al caballero andante
que fue eterno caminante,
sin dobleces, ni careta.
Quizás sin ninguna meta,
cabalgó sobre sus pies,
tan rápido como un pez
en su ambiente natural,
y se esfumaba tal cual,
antes de contarle tres.
Diógenes llevó por nombre,
como aquel de la linterna,
y una ala por cada pierna,
con la que logró renombre.
Parecía un superhombre
volando sobre el camino,
nómada como un beduino
que a las penurias dió alivio
buscando su «moro tibio»,
pero erguido como el pino.
«No, voy rápido» decía,
si al mirarlo en el andén,
intentando hacer el bien
alguien llevarlo ofrecía.
Con pena más que alegría
y su pensamiento errante,
así pasó cada instante
que le presentó la vida,
quizás buscando comida,
pero nunca fue bastante.
Aunque cuento del quijote
donde la pena se ensancha,
este nunca tuvo mancha,
aunque sí barba y bigote.
Tirado en un camarote,
su sonrisa es una mueca,
cual peregrino en La Meca,
que se le rinde al destino
lejos del pan. Como vino,
así se nos fue…Cadeca.