Un mes de tu partida Yohanser Fernández
POR: SANDRA FERNÁNDEZ – Escritora.
Cuándo una familia pierde uno de sus miembros, en la flor de la juventud, se sumerge en la más profunda tristeza, especialmente su madre y su padre, pues es ese el amor incondicional por naturaleza; y si bien es cierto que Dios les da las peores batallas a sus guerreros más fuerte, no menos cierto es, que nadie está preparado para perder a un hijo, y menos un hijo como tú mi querido sobrino.
Bienaventurados los que lloran, porque de Dios recibirán consolación. Tu partida, sobrino mío, ha sido la mayor de las heridas causadas a tus padres y a toda la familia, solo nos queda el consuelo de saber que tu partida tan rápido de este mundo, es porque eras uno de los hijos preferidos de Dios, y que él, en su infinita misericordia tenía preparada para ti la mejor y más bella bienvenida a tu hogar junto a los ángeles, pues tu corazón bondadoso había ganado ya la vida eterna.
Los designios de Dios no pueden ser descifrados por nosotros simples mortales, por eso sólo debemos aceptar con humildad sus designios, y orar para que nos ayude a vivir con el dolor, porque la pérdida de un hijo es una herida tan profunda que jamás cicatriza, pero, si podemos volver a sonreír a pesar del dolor, porque en nuestros recuerdos, en todo lo que vivimos junto a nuestro ser amado, podremos refugiarnos y volver a tenerlo junto a nosotros.
Me duele el alma, ver a mis hijos seguir sin ti, su camino, espero que desde el cielo le pidas permiso a Dios para que me los proteja.
Fuiste un ser lleno de luz, y tu luz fue tan fuerte, que aún después de tu partida, esa luz seguirá brillando, en cada uno de nuestros corazones, donde vivirás en cada una de nuestra existencia en esta tierra, me quedare con tu hermosa sonrisa tatuada en mi memoria, que tu alma descanse en paz sobrino querido, mañana 3 de mayo cumples tu primer mes, en ese viaje sin retorno.


