Tragedias silenciosas
Yadira Rivas - escritora (foto de archivo)
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Suceden tragedias silenciosas en los pueblos que aprenden a confundir progreso con maquillaje

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POR: YADIRA RIVAS – escritora. Reside en Santiago Rodríguez

Se levantan parques brillantes mientras se derrumban los espacios invisibles donde verdaderamente nace una sociedad: la imaginación de un niño, la dignidad de un trabajador, la sensibilidad hacia un ser vivo, la educación emocional, la música, la empatía.

Tragedias silenciosas detrás del falso progreso en los pueblos

Tragedias silenciosas
Tragedias silenciosas en los pueblos que aprenden a confundir progreso

Y entonces uno observa, con una tristeza difícil de explicar, cómo desaparece una biblioteca comunitaria como “El Mundo Imaginario de la Lectura”, y con ella se van las tardes donde los niños coloreaban sueños, hacían rompecabezas, descubrían libros y aprendían, aunque fuera por unas horas, que existía un universo más amplio que la dureza cotidiana.

Ahora el parque será hermoso.

Quizás tendrá luces nuevas, bancos modernos y fotografías perfectas para las redes sociales.

Pero… ¿quién está remodelando el alma del pueblo?

¿Quién está pensando en el niño que necesita ser escuchado antes de convertirse en un adulto roto?

¿Quién lucha para que regresen las escuelas de música, el arte, la lectura, la cultura?

¿Quién se preocupa por el empleado que limpia las calles y apenas sobrevive?

¿Quién enseña a respetar la vida cuando los perros mueren de hambre y sed frente a una sociedad acostumbrada a mirar hacia otro lado?

Porque un pueblo no progresa solo porque luce bonito.

Un pueblo progresa cuando desarrolla conciencia.

Cuando comprende que un niño no es un estorbo al que hay que callar, sino un universo que necesita guía, libertad de expresión y comprensión emocional.

Cuando entiende que educar no es imponer silencio ni uniformidad, sino descubrir el valor individual de cada ser humano.

Hay escuelas agotadas intentando corregir heridas sociales demasiado profundas, mientras quienes tienen poder político muchas veces siguen alimentando la ignorancia colectiva porque resulta más fácil inaugurar cemento que transformar mentalidades.

Y ahí nace mi analogía:

¿De qué sirve poseer un diamante si no sabes reconocer su valor?

Un parque hermoso en una sociedad indiferente termina deteriorándose igual que todo lo demás.

Porque la verdadera destrucción no comienza en las paredes: comienza en la conciencia.

Sin cultura, sin empatía, sin educación emocional, sin amor por los animales, sin espacios para imaginar… el brillo dura poco.

La pintura se cae.

La música desaparece.

El ruido regresa.

Y los niños vuelven a crecer sintiéndose invisibles.

Tal vez el verdadero desarrollo nunca estuvo en construir más cosas, sino en construir mejores seres humanos.

Yadira Rivas

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