tragedia en Venezuela
DR. BIENVENIDO SEGURA
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Entre escombros, dolor y tristeza

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POR: DR. BIENVENIDO SEGURA. Reside en Santiago Rodríguez.

Hay tragedias que destruyen edificios. Otras, destruyen calendarios, rutinas y futuros. Venezuela atraviesa por ambas categorías: una herida abierta con el peso de grandes dificultades y el dolor insoportable de buscar vidas entre montañas de concreto.

Las cifras estremecen. Cientos de personas fallecidas y miles de desaparecidas. Pero ninguna estadística alcanza para describir el silencio de una madre, el llanto de un niño y la labor de los rescatistas que siguen cavando con la esperanza de auscultar latidos.

Entre los escombros no solo quedaron casas y otras infraestructuras. También quedaron fotografías familiares, cunas vacías, cuadernos escolares, proyectos, abrazos pendientes y palabras que nunca llegaron a decirse.

Venezuela hoy no es un mapa: es una multitud de nombres esperando ser encontrados. Sin embargo, en medio de tanta oscuridad, aparece algo profundamente humano: la solidaridad.

América extiende sus manos con equipos de rescate, ayuda humanitaria, voluntarios y mensajes de apoyo que cruzan fronteras para decirle al pueblo venezolano que no está solo. Porque cuando una nación cae de rodillas por el dolor, la dignidad del continente le ayuda a ponerse de pie.

Este no es un momento de conmoción pasajera. El dolor de Venezuela nos obliga a mirar el horizonte y a entender una verdad sencilla: ningún país debe llorar solo.

Las tragedias no reconocen fronteras, ni ideologías ni banderas. Cuando la tierra tiembla y arranca vidas, el dolor se vuelve universal. Es muy penoso decirlo, pero ese país atraviesa por situaciones que dejan heridas, miedo e incertidumbre.

Desde cualquier rincón de América, resulta imposible ver imágenes de la tragedia sin sentir un profundo pesar. Repito, detrás de cada cifra hay un niño que espera a sus padres, una madre que busca respuestas y un anciano que perdió el hogar.

En momentos como estos, las diferencias se olvidan porque lo esencial es nuestra condición humana. A los que lloran sus fallecidos, a los que esperan sus desaparecidos y a los que abandonaron todo para proteger sus vidas, yo les digo, que no están ni estarán nunca solos.

La República de Venezuela hoy está entre escombros, dolor y tristeza, pero América le abraza y estoy seguro que le acompañará en la construcción de un nuevo amanecer y de un futuro lleno de esperanza.

El autor es Pediatra Clínico, Gerente de Salud y Abogado.

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