tabaco nicotina
La adicción que sigue enfermando al mundo. Foto: mazlum güler / Pexels
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Tabaco y nicotina: la adicción que sigue enfermando al mundo y por qué dejarla no es solo cuestión de voluntad

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El tabaco nicotina sigue siendo una de las principales causa de muerte. La evidencia científica y los informes internacionales coinciden en un punto: el tabaco sigue siendo una de las mayores causas evitables de enfermedad y muerte. Aunque el consumo global ha bajado en las últimas décadas, la nicotina mantiene su poder adictivo y millones de personas recaen al intentar dejarla.

Por: Juan Pablo Bourdierd.

A comienzos de esta década, el mundo seguía teniendo alrededor de 1.3 mil millones de consumidores de tabaco, y cerca de 80% de ellos vivían en países de ingresos bajos y medios, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). El mismo organismo advierte que el tabaco mata a más de 7 millones de personas cada año y que puede acabar con la vida de hasta la mitad de sus usuarios si no abandonan el consumo.

Tabaco nicotina: impacto global y por qué es tan difícil dejarlo

La dimensión del problema no se limita a quien fuma. La OMS estima además que alrededor de 1.6 millones de no fumadores mueren cada año por exposición al humo ajeno. En la misma línea, el portal de datos de Our World in Data, al resumir estimaciones de la OMS y del estudio Global Burden of Disease, recuerda que la mortalidad atribuible al tabaco sigue contándose en millones y que la enorme mayoría de esas muertes está vinculada al consumo fumado.

Los daños están sobradamente documentados. El CDC de Estados Unidos resume que fumar cigarrillos “daña casi todos los órganos del cuerpo” y se asocia con cáncer, enfermedad cardíaca, accidente cerebrovascular, EPOC, diabetes tipo 2 y problemas reproductivos. En ese mismo compendio, el organismo señala que más de 16 millones de estadounidenses viven con una enfermedad causada por el tabaquismo y que el humo de segunda mano también eleva el riesgo de cardiopatías, ictus y cáncer de pulmón.

El vínculo con el cáncer de pulmón sigue siendo uno de los hallazgos más contundentes. De acuerdo con el CDC, casi 9 de cada 10 muertes por cáncer de pulmón están relacionadas con el tabaquismo o con la exposición al humo de segunda mano. El peso del tabaco también aparece en los análisis globales de mortalidad: Our World in Data, usando datos del Global Burden of Disease, subraya que el consumo de tabaco es un factor de riesgo clave para varias de las principales causas de muerte en el planeta, entre ellas el cáncer, las enfermedades cardiovasculares y las respiratorias.

Pero si los efectos son tan conocidos, ¿por qué cuesta tanto dejarlo? La respuesta corta está en la nicotina. El National Institute on Drug Abuse (NIDA) explica que la mayoría de los fumadores mantiene el consumo porque desarrolla adicción a la nicotina, un trastorno caracterizado por búsqueda y uso compulsivo pese a conocer sus consecuencias. Ese patrón no depende solo del hábito social: depende de cambios biológicos en el cerebro.

Un compendio científico del National Institutes of Health sobre cesación tabáquica detalla que la nicotina activa el sistema de recompensa cerebral, especialmente el circuito dopaminérgico. Con el uso crónico, el cerebro se adapta a esa estimulación; cuando la nicotina desaparece, aparecen síntomas de abstinencia como irritabilidad, ansiedad, depresión, insomnio, dificultad para concentrarse y fuertes deseos de volver a fumar. Según ese mismo análisis, muchas personas recaen no solo para volver a sentir placer, sino también para evitar el malestar de la abstinencia.

La literatura clínica muestra que la recaída no es una excepción, sino parte del trastorno. Un artículo de revisión en The New England Journal of Medicine define la dependencia del tabaco como una enfermedad crónica y recidivante. Otro trabajo citado en la literatura sobre abandono del tabaco muestra que entre 50% y 75% de quienes intentan dejar de fumar recaen durante la primera semana, mientras que una revisión sobre recaídas indica que aproximadamente 80% de quienes lo intentan sin ayuda vuelven a fumar en el primer mes.

Esa dificultad ayuda a entender por qué el descenso global del tabaquismo, aunque real, avanza de forma desigual. El informe WHO global report on trends in prevalence of tobacco use 2000–2030, publicado en 2024, señala que en 2022 el mundo había logrado una reducción relativa de 24.9% frente a las metas internacionales, pero el progreso es irregular: 56 países estaban en camino de alcanzar la meta de reducción de 30%, 94 mostraban descenso pero insuficiente, 9 no presentaban cambio significativo y 6 seguían aumentando su prevalencia.

La geografía del consumo también importa. La OMS reportó en 2025 que Europa se había convertido en la región con mayor prevalencia de consumo de tabaco en adultos, con 24.1% en 2024, además de registrar la prevalencia femenina más alta del mundo. Ya en el informe mundial de tendencias 2000–2030, la OMS advertía que la región europea seguía siendo la más rezagada en varios indicadores, especialmente entre mujeres.

Cuando se observan países concretos, las tasas altas de fumadores adultos siguen concentrándose en partes de Europa, el Sudeste Asiático y algunas islas del Pacífico. Las fichas nacionales de Tobacco Atlas, elaboradas con datos internacionales comparables, reportan por ejemplo una prevalencia de fumadores adultos de 30.8% en Serbia, 26.9% en Croacia, 26.1% en Bulgaria, 23.1% en Líbano y 21% en Timor-Leste. En contraste, la República Dominicana aparece con 5.7% de prevalencia de fumadores adultos, lo que ilustra la enorme brecha entre países.

Los datos regionales refuerzan esa foto desigual. En el informe 2024 de la OMS sobre tendencias de prevalencia, el tabaco sin humo mostraba su mayor carga en la región del Sudeste Asiático, donde el promedio estimado alcanzaba 24.9% en hombres y 11.8% en mujeres; además, la OMS calculó que al menos 362 millones de adultos usaban tabaco sin humo en el mundo y que 77% de ellos vivían en esa región. Es decir: aunque la conversación pública suele girar alrededor del cigarrillo, el problema del tabaco adopta varias formas y no afecta por igual a todos los continentes.

La conclusión que dejan los estudios es incómoda pero clara. El tabaquismo no persiste porque falte información sobre sus daños; persiste porque combina una industria históricamente expansiva, una sustancia altamente adictiva y una dependencia biológica que convierte el abandono en una batalla de largo plazo. La evidencia sugiere que dejar de fumar sigue siendo una de las decisiones más beneficiosas para la salud, pero también que millones de personas necesitan algo más que consejo moral: necesitan apoyo clínico, tratamiento y políticas públicas sostenidas.

Estudios e informes citados:

  • OMS, Tobacco Fact Sheet: estimaciones globales de muertes, número de usuarios y distribución por nivel de ingresos.
  • WHO global report on trends in prevalence of tobacco use 2000–2030 (2024): evolución mundial, países en descenso o aumento y carga regional del tabaco sin humo.
  • CDC, Cigarette Smoking (2024): enfermedades asociadas, carga sanitaria y efectos del humo de segunda mano.
  • NIDA, Is nicotine addictive?: definición de la adicción a la nicotina.
  • NIH/NCBI, New Biological Insights into Smoking Cessation (2020): neurobiología de la nicotina, dopamina, abstinencia y recaída.
  • Selby et al., Tobacco Addiction, NEJM (2022): dependencia tabáquica como trastorno crónico y recidivante.
  • Ashare et al. (2013) y Caponnetto et al. (2013): recaídas tempranas en la primera semana y el primer mes.
  • Tobacco Atlas: fichas país para prevalencia de fumadores adultos en Serbia, Croacia, Bulgaria, Líbano, Timor-Leste y República Dominicana.

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