Somos estampa de heroísmo

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CDP Ramon de Luna 2012 4Por: Fello Estévez
Hay un dicho que reza: «Lo prometido es deuda«, por lo que ahora me propongo honrar una que contraje con ustedes cuando en un artículo anterior prometí publicar la segunda de dos notas editoriales que escribió el destacado locutor Ramón de Luna a propósito de su viaje a Sabaneta, el pasado 30 de Junio, invitado por el círculo de locutores de Santiago Rodríguez.

En su visita, esta leyenda de la comunicación, que nace como el sol, en el este, y que viene a rendir sus frutos en las fértiles tierras del Cibao, nos habló de sus vivencias en los medios de comunicación, donde trato de resumir en una hora todo lo vivido en una fructífera y dilatada carrera de más de 65 años en los medios de difusión masivos.

Tanta historia hay en nuestro pueblo, tanto amor en su gente y tanta belleza natural, que nadie puede escapar a la tentación de escribir poesías o de poner a volar la imaginación para revivir los acontecimientos que han dejado estampas en cada puntos de esta fecunda Provincia.

Dejemos que sea Don Ramón de Luna que se exprese en su inspiración, a raíz de su visita a Santiago Rodríguez.

ALLÍ SE INICIÓ LA RESTAURACIÓN
Al recorrer parte de la provincia «Santiago Rodríguez», mentalmente y haciendo un viaje fugaz, nos pareció hallarnos en medio de aquella hazaña que consolidó la independencia de la república creada por los Trinitarios.

Sentíamos que los combatientes criollos iban en tropel acosando las tropas del imperio español. Nos hacíamos la ilusión de ver montado en brioso corcel a patriota rebelde Santiago Rodríguez dando órdenes allí, dirigiendo acá, hincando las espuelas a su caballo, que más que correr parecía volar.

«Luperón, atácalos por aquel flanco y tú, Monción, ciérrales el paso en aquella cañada…» ¡Al machete, carajo…! La polvareda que levantaban los cascos de los caballos muchas veces no dejaba ver algunas escenas del combate.

Sabaneta estaba de pie y cada criollo que no llevara al cinto su revólver o en sus manos un viejo fusil, ponía al galope su montura y en su mano brillaba con tintes sangrientos el machete.

Nos daba la impresión de estar en el cine viendo aquella odisea que protagonizaban los bisoños soldados de Rodríguez, Cabrera, Monción, Luperón y otros valientes. Los españoles también se batían a sangre y fuego. A veces el cañón de los ibéricos resonaba y su tronar era repetido en los barrancos y las montañas cercanas. Muchos criollos caían ante el fuego poderoso y repetido de la soldadesca española, pero venían otros y se adueñaban de las armas dejadas por los combatientes que habían caído en defensa de la Patria.

Esa era la impresión que se adueñó de nosotros estando en Sabaneta. Desde allí hasta Santiago se encendieron los pajonales. La guerra se extendía y ya arropaba a todo el país. Santiago Rodríguez, estratega hecho a las bravas, juró quemar todo el noroeste luego del grito que sonó en Capotillo con tal de echar del suelo patrio al poderoso ejército monárquico de España.

Y otros criollos se suman al combate y protagonizan hechos heroicos que hoy recoge la historia.

Si usted va a Sabaneta, apostamos a que recibirá la misma impresión. Escuchará como nosotros los cascos de los caballos, sentirá que las balas le pasan silbando y tendrá la clara impresión de estar en medio de aquella jornada épica en que aquellos héroes nuestros se vistieron con los trajes de gloria que solo pueden ponerse los bravos y aguerridos.

Ramón de Luna
3 de julio, 2012.

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