Paradójico

Por: Sergio H. Lantígua
YO SOLO SE, QUE NO SE NADA…Sócrates. Paradoja, que mantiene en su redil el ingobernable pegaso literario de mi inexistente petulancia y que perseverantemente, nos acicata al egotismo. Verbigracia, de los heterogéneos tropiezos, hemos aprendido de la vida, que es ganador el que pierde una disputa, si por lo menos, cosecha algo benéfico de ella.
Por esta seráfica interjección, podemos categóricamente aseverar, el que, jamás habré de arrebozarme con el edredón de un pensador, como tampoco del evangelizador moralista. Mi exclusiva procura, ha sido y será en pos de aquel poeta que proyecte sus conjeturas y tribulaciones filosóficas, tratando de usufructuar una literatura pulcra y reverente que mientras tanto, aprovechará su tiempo escribiendo, pués será el tiempo quién desaproveche y desperdicie el fruto de mi tiempo.
En retórica. La palabra «paradoja», proviene del latín «paradoxum» (para= contrario a, alterado + doxa= opinión) siendo la figura del pensamiento que consiste en afirmar algo que implica contradicción. Es decir, algo que parece absurdo al raciocinio proletario, pero que filosóficamente, sirve de instrumento para revelar la complejidad y realismo de la vida.
Otras formas semánticas inoculadas a nuestros engendros poéticos y que ejercen una influencia prioritaria son: La hipérbole, que es una figura aplicable al retoricismo, consistente en realizar una exageración, aumentando o disminuyendo la verdad atribuída.
La metáfora, que consiste en el uso de una palabra con un significado o contexto disímil. Debemos hacer hincapié en su relevancia en la expansión de una teoría (donde se usa como recurso lingüístico).
Desarraigamos esta congruencia con esa trascendente frase del gran filósofo ateniense a manera de podio y preámbulo para libre de gravamen, encomendarles el paradójico, metafórico e hiperbólico paradigma de la siguiente prosa.
PARADÓJICO
Cuando te pienso, es restablecerle pétalos extirpados a una rosa mutilada
Estóica perseverancia, trepando báculos ensebados, idolátricos pretensos
Evocación inherente, el analgésico que subsana mi obsesiva vehemencia
Añorarte, es apretujar los recuerdos queriendo disculparlos a destiempo
Lo que no fué dicho, secuela distancias indiscernibles y abismos insalvables
Transmuta el introvertido guarismo de las cosas inconclusas y prorrogadas
Alteros eufemismos silentes que eremitas, moran en nuestro sentimiento
Haciéndonos proferir lo que no sentíamos, y repudiando toda congruencia
Bastó una palabra soez para decretar la súbita defunción de nuestro cariño
Aunque aquiescentes acordamos tolerar las ignotas consecuencias del amor
Más, la sublimidad del indulto que proscribe, el ignorarnos los unos a los otros
Perdonantes, impetramos al silencio profano, pidiéndole desandar sus huellas
Para después conjeturar de tanto pensarte que ya no somos dos, sino uno solo