Por Robert Núñez Cabrera
Todo parece indicar que con Leonel Fernández se acaba de cerrar un ciclo histórico que comenzó con Joaquín Balaguer en el 1966, donde el presidente hacía y deshacía a su antojo y la suerte de la población estaba sujeta a las buenas intenciones del incúmbete.

La aceptación que el pueblo dominicano le está dando a Danilo Medina (casi un 90%) tiene preocupado a los que han vivido como trepadores en todos los gobiernos.

Los sorteos de las obras públicas sin importar el partidismo, la solución del problema de la Barrick, la construcción de las plantas eléctricas en Azua y Montecristi, el sometimiento de los usurpadores de Bahía de las Águilas, el manejo del dinero del pueblo con sobriedad y otras formas de conducirse del presidente, auguran el nacimiento de nuevos liderazgos no contaminados.

Aquellos que cometieron tropelías y robaron los dineros del pueblo para intentar volver al poder sufrirán las peores consecuencias, están perdiendo su preponderancia y comienzan a sentir el desprecio de la ciudadanía. Se acostumbraron al tráfico de influencia, hacer negocios de aposentos y ahora se le está haciendo imposible trascender, no pueden coexistir en una sociedad donde se respeten las normas elementales de convivencia. Que bueno.

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