MÚSICO CON 111 AÑOS DE EDAD QUIERE QUE CORPORÁN DE LOS SANTOS LE REGALE UN ACORDEÓN

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Bernadino 111 anos Conocer CorporanPor: Marcelo Peralta

MAO, Valverde, R.D. – Un otrora agricultor y acordionista que acaba de cumplir la friolera de 111 años de edad, con el calor de sus familiares; sus 5 hijos, 17 nietos, 40 biznietos y 14 tataranietos, confiesa con gallardía que antes de moriré lo único que anhela, después de Dios, es conocer en persona al empresario Rafael Corporán de los Santos para que le regale un «acordeón» para seguir deleitando a la gente y mantenerse alegre.

Arsenio Bernardino Guzmán, relata que nació en el paraje Mata de Cana, entre las secciones Sabana Grande y El Naranjo del municipio de Monción, provincia Santiago Rodríguez.

Actualmente Don Arsenio Bernardino Guzmán, reside en la calle 3 de Julio, sector Enriquillo de la ciudad de Mao, provincia Valverde.

Vivió muchos años en San José de Las Matas antes de radicarse en un sector del municipio de Mao, provincia Valverde donde cumplió ya su 111 años de edad.

Sus padres vivían en pobreza extrema, que le contaron después de un jovenzuelo nació en el suelo, donde una vecina lo encontró lleno de tierra, lo recogió, lo bañó, le puso una manta y lo protegió del frío.

Procreó a sus hijos Lidia Mercedes Peralta, quien ahora tiene 76 años de edad; María Belén Peralta, de 73; Grimilda Peralta, de 68; Bernardino Guzmán Báez, de 47 y Pedro de Jesús Guzmán Báez, de 45.

Quienes les han dado 17 nietos; 40 biznietos y 14 tataranietos, narró cuando el fotoreportero Rafael Pujols le preguntó por su familia.

Hace apenas 3 años, este hombre privilegiado del destino festejó su cumpleaños número 108 en Higüey, en el Este de la República Dominicana donde vive su hijo Diego Bernardino Guzmán Báez.

«Mi padre ese día pasó la noche pito a pito bailando y tomando alcohol» dijo Diego.
Ya cumplido 111 años edad, después de la vida que le ha dado Dios, relata que su mayor anhelo antes de morir lo único que sueña es que quiere es conocer en persona al empresario Rafael Corporán de los Santos para que como premio le regale un «acordeón» para seguir tocando.

Como muestra de su interés por ver a De los Santos, con este estribillo en mismo día de su 111 años de edad, escribió y cantó «Salí de Valverde Mao, a tocarle a la región, vengo a la capital donde Corporán, que me regale un acordeón»,

«Si Corporán de los Santos me dice que vaya a la capital a tocar a su programa y que me va a regalar el acordeón mis hijos me llevan» dijo Bernardo.

Pese a tener ya 111 años, Bernardo conserva una gran fortaleza y memoria que sorprende a los que le visitan.

Dice ser un frustrado acordeonista ya que cuando era joven nadie le pudo ayudar por la situación económica.

Pero ya que no pudo llegar al estrellado su inspiración es conocer a Rafael Corporán de los Santos, ya que dice sentir una gran admiración por el empresario.
«Me siento con fuerza y ánimo de viajar a Santo Domingo para ir a conocer y a tocar el acordeón al programa del popular presentador de televisión Rafael Corporán de los Santos» relata.
Don Bernardino todavía toca su acordeón, no con las habilidades de sus años de juventud y adultez, pero sí con el entusiasmo de un amante de la música que identifica al pueblo dominicano.

El centenario merenguero recuerda con meridiana lucidez la trayectoria de su vida, entre luces, sombra y dificultades económicas que ha sufrido.
Vivió episodios históricos como fueron las luchas políticas entre Los Bolos y Los Coludos, la batalla de la Barranquita y la Era de Trujillo, épocas que define como de incertidumbre.

En cada aniversario, sus hijos tienen que organizarle «una fiestecita» en la que él mismo toca el acordeón para que sus familiares, amigos y vecinos bailen y disfruten.
«Me siento muy feliz; digo, en el sentido del gusto, porque hay que tener gusto para todo», respondió Don Bernardino ante la pregunta sobre cómo se sentía en su cumpleaños número 111.

Como en los viejos tiempos en su fiesta de natalicio, disfrutó en grande porque ahí estaban sus hijos y descendientes.
Narra sobre los días de «parranda» a los que estuvo acostumbrado por largas temporadas en su más de un siglo de vida.

El hombre que ha vivido más de un siglo fue un fiel activista de la fuerza política conocida como «Los Bolos».

Gustaba fumar cigarrillos de la marca Crema y tomaba ron del conocido como «El Torito», tras recordar su prolongada trayectoria de vida desde que fue bautizado a la edad de siete años y aún se da su » palo» hasta nuestros días.

Su vida.
«Yo me recuerdo como ahora mismo el día que me bautizó el Padre Franco» allá en Monción.
«Estaba delante de mis padrinos Papingo y Lola Taveras».

«Cuando salimos de la iglesia, mi madrina me regaló un acordeoncito de boca, que se usaban mucho en esa época», relató Don Bernardino.

Aunque nació en una comunidad de Monción, sin embargo, allí no había oficialía civil y lo declararon en Mao, donde también se produjo el sacramento del bautismo.

«Están frescos en su mente los recuerdos de los días en que los niños y jovencitos como él montados en burros, vendían agua en los hogares de Mao».

Manifiesta que eso lo hacía a los 11 años de edad para ayudar a sus padres a conseguir dinero para comprar los alimentos.

Su madre Lucía Guzmán, murió de pasmo cuando todavía no había llegado a la adolescencia.
«Expresa que nunca conoció a su padre, quien le habría negado la paternidad cuando aún no había nacido» relata.

«Me levanté sin un padre, por lo que desde mi nacimiento, mi vida fue todo un episodio lleno de amargura y pobreza extrema, carente de todo lo básico que un ser humano necesita para subsistir, sin padre, ni nadie que me diera cariño, solo el de mi padre», recordó con nostalgia Bernardino.

Resaltó que se crió en medio de una pobreza extrema, que comía en una higüera y dormía en el suelo, por lo que a temprana edad junto a su madre Lucía Guzmán y otros familiares cercanos, tenían que trabajar en el día para comer en la noche.

«Cuando venían a repartir la cena, nosotros que nos criamos como 20 muchachos juntos, muchos nos quedábamos dormidos en las destartaladas sillas y en halganitas, y al despertar ya no había nada y teníamos que volver a tirarnos al suelo, cansado, sin cenar, con dolores en el cuerpo y a levantarse temprano para trabajar» dijo
Medio nostálgico Don Bernardino da gracias a Dios por haberlo protegido y permitir llegar a esa edad.
«Y aún queda mucho tiempo para morirme» sostuvo.
Ya joven fue peón del hacendado Francisco Madera, padre de Feso Madera, quien fuera síndico de Mao en los tiempos de la gesta heroica de La Barranquita en el año 1916 cuando vino la invasión de marines norteamericanos.

«Todavía recuerdo los afanes de aquellos días, porque tenía la misión encomendada por Feso Madera, de llevar agua a las «tropas» comandada por el general Carlos Daniel, que esperaba a los americanos en los cerros de La Barranquita en Mao para atacarlos cuando pasaran por el lugar en su ruta hacia la ciudad de Santiago.

Recuerda que el día del enfrentamiento entre los dominicanos y los gringos cuando venía de regreso y luego de haber pasado en barca el río Yaque del Norte, donde no existía el hoy Puente San Rafael, escuchó el estruendo de los disparos quienes habían realizado barricadas con troncos de árboles y colocado más de 20 barriles de abejas como medios de defensa para que le picara a los invasores.

Bernardino Guzmán, opina que esa primera intervención de los americanos puso fin a un largo período de inestabilidad política matizada por las luchas internas entre los dominicanos.

Y afirma que los cambios de su infancia a la adolescencia, y luego hasta alcanzar la mayoría de edad, lo pasó al servicio de Don Francisco Madera, cargando leche en un burro, haciendo mandados y realizando labores de ganadería.

Empezó ganando un peso con 50 centavos mensuales y terminó con un sueldo de 8 pesos al.
Combinaba su accionar trabajando agricultura, vendiendo productos agrícolas en la ciudad, en su tiempo libre tocaba acordeón en los campos de la Línea Noroeste.

De igual manera, parte de su tiempo lo dedicó a actividades proselitistas con «Los Bolos»; fuerza política que para esa época libraba una lucha antagónica con «Los Coludos- Barbudos».

Nunca participó en revuelta armada, sin embargo, era un fiel admirador del líder de Los Bolos en la región, el general Desiderio Arias.

Participaba en actividades a su favor por los lazos afectivos que le tenía a la familia Madera, para ese entonces fieles adeptos a las causas del conocido caudillo noroestano Desiderio Arias, de quien dijo era un hombre de mucho valor.

En los tiempos de proselitismo en apoyo a su líder, andaba en compañía de Feso Madera, Nando Valerio, Manuelito Everts, Luisito y otros de la entonces clase alta de Mao, con quienes conformaba un grupo de 20 hombres que visitaban todas las comunidades del Noroeste promoviendo al general Arias y realizando fiestas, a través de las cuales mandaban sus mensajes.

En esas andanzas cuenta como anécdotas que un día lunes en que iniciarían un recorrido y fueron a la tienda de Panchito Madera, donde tenían orden de pedir lo que ellos quisieran, se llevó tres botellas de ron El Torito, dos cajas de cigarrillos Crema y una de fósforos.

Enumera con detalles todos los acontecimientos ocurridos alrededor de la figura emblemática de Desiderio Arias, desde los inicios de sus actividades caudillistas hasta su muerte, así como del surgimiento, desarrollo y final de la tiranía de Trujillo y los gobiernos de Balaguer, Juan Bosch y demás políticos que fueron y son sus contemporáneos.

A Don Bernardino no se le queda un detalle y subraya que ha sido siempre un enemigo de la violencia y de los hechos que dañan la moral del ser humano, enfatizando que sus preferencias han sido la música de acordeón y los tragos, «pero eso sí, sin ofender a nadie».

Sostiene que se enamoró por primera vez en el año 1924 de una joven que vivía en el paraje de Pretiles, ahora comunidad del Distrito Municipal de Jaibón, Mao, donde procreó sus primeros hijos.

Nunca fue a la escuela y por eso no sabe leer ni a escribir.
Se define como un hombre trabajador y alegre, que aunque como todo ser humano tiene dificultades que ha sufrido, la situación de crisis generada por el Ciclón San Zenón en 1930 y los trabajos forzosos a los que fue sometido durante la tiranía trujillista.

El fenómeno natural generó una sequía prolongada que se convirtió en una verdadera situación de miseria en esta zona del país.

Ahí vino junto a la dictadura trujillista donde todos los jóvenes y adultos tenían que trabajar y a él lo obligaron a sembrar arroz y trabajar en carreteras y puentes sin recibir ningún pago.

Menciona una vez que fue detenido porque se encontraba jugando gallos en forma clandestina, y otra ocasión porque no pudo demostrar que tenía las 10 tareas exigidas de forma obligatoria por el gobierno a todos los hombres en edad de trabajar.

Don Bernardino narra que hubo un tiempo en que se dedicó a tocar acordeón y se internó en las comunidades serranas, donde hizo de las fiestas su modo de viva.

La comunidad de Jicomé en Monción, y otro paraje conocido como Loma Bajita, fueron sus lugares favoritos en esos tiempos de músico; además tocaba en el pueblo de Mao, donde amenizó fiestas en las que estuvieron presentes los presidentes de la República Rafael Leonidas Trujillo y Joaquín Balaguer.

Apuntan que su progenitor siempre ha sido un hombre contento, honesto y con gran sentido del humor, a quien le ha gustado toda la vida la diversión sana.

Exhortó a la juventud de estos tiempos de que «el mejor consejo se lo da uno mismo» explicando que es la misma persona quien debe medir su conducta, tomando en cuenta los fracasos que sufren los demás para evitar cometer errores.

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