Mindfulness bajo la lupa científica
Mindfulness bajo la lupa científica: entre la reducción del estrés y los posibles efectos adversos. Foto: Nadersamaan / commons.wikimedia.org
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Mindfulness bajo la lupa científica: entre la reducción del estrés y los posibles efectos adversos

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Por: Juan Pablo Bourdierd.

Reino Unido. – El mindfulness —o atención plena— se ha consolidado como una de las prácticas más difundidas para combatir el estrés y mejorar la salud mental. Su popularidad radica en su aparente sencillez: puede practicarse en casi cualquier lugar, no requiere equipamiento y, en muchos casos, se aprende a través de aplicaciones móviles o sesiones grupales breves. Sin embargo, un creciente cuerpo de investigaciones científicas advierte que sus efectos no son exclusivamente positivos y que, en determinados contextos, podría asociarse con consecuencias psicológicas no deseadas.

¿Qué es el mindfulness y por qué ganó tanta popularidad?

Definido comúnmente como la capacidad de prestar atención de manera deliberada al momento presente y sin juzgar la experiencia, el mindfulness ha sido adoptado por la psicología contemporánea como herramienta terapéutica complementaria. Uno de sus principales impulsores en Occidente es Jon Kabat-Zinn, creador del programa de Reducción del Estrés Basada en Mindfulness (MBSR), que sentó las bases para su incorporación en entornos clínicos y hospitalarios.

En los últimos años, la literatura científica ha explorado su potencial para tratar trastornos como la ansiedad y la depresión. Un estudio publicado en The Lancet Psychiatry analizó la eficacia de la Terapia Cognitiva Basada en Mindfulness (MBCT) en más de 200 pacientes con depresión que no habían respondido a intervenciones psicológicas convencionales dentro del sistema público británico. Los resultados mostraron que quienes participaron en ocho sesiones grupales experimentaron una reducción mayor de los síntomas en comparación con quienes recibieron el tratamiento habitual.

Impacto en el cerebro: menos rumiación, menor egocentrismo

Parte del interés científico se centra en la relación entre mindfulness y la llamada red neuronal por defecto (RND), un conjunto de regiones cerebrales que se activa cuando la mente divaga o se encuentra en reposo. Investigaciones recientes sugieren que esta práctica puede disminuir la actividad de dicha red, vinculada con la rumiación mental y el diálogo interno constante.

Se estima que las personas pasan cerca del 47 % del tiempo con la mente divagando, un fenómeno asociado con mayores niveles de insatisfacción subjetiva. La reducción de esta actividad cerebral, según algunos estudios, podría favorecer una reorganización del sentido del “yo”, haciendo que la experiencia mental sea menos autorreferencial.

Evidencias históricas de efectos adversos

Aunque el debate parece reciente, los registros más antiguos sobre meditación ya advertían posibles consecuencias negativas. La llamada Escritura de Meditación Dharmatrāta, redactada hace más de 1.500 años por comunidades budistas en la India, describía no solo los beneficios de la práctica, sino también síntomas posteriores como ansiedad, estados depresivos o experiencias disociativas.

En la actualidad, la discusión ha regresado al ámbito académico con datos más sistemáticos.

El lado menos visible: ¿riesgos psicológicos?

Un macroanálisis de estudios experimentales y observacionales realizado a comienzos de la década examinó 6.742 registros científicos sobre meditación. De ellos, 83 cumplieron con los criterios metodológicos establecidos. El 65 % reportó al menos un evento adverso vinculado con la práctica, y la prevalencia global estimada fue de 8,3 %. En términos prácticos, esto sugiere que casi una de cada 12 personas podría experimentar efectos no deseados.

Otra investigación, publicada en 2022 y basada en 953 practicantes frecuentes en Estados Unidos, indicó que más del 10 % manifestó efectos adversos con impacto significativo en su vida cotidiana durante al menos un mes.

En el ámbito escolar, un estudio financiado por la fundación Wellcome Trust evaluó a más de 8.000 estudiantes de entre 11 y 14 años en 84 centros educativos del Reino Unido. Los resultados no evidenciaron mejoras sustanciales en el bienestar respecto al grupo de control, e incluso señalaron posibles efectos perjudiciales en adolescentes con mayor vulnerabilidad psicológica.

Décadas atrás, el psicólogo Arnold Lazarus, referente de la terapia cognitivo-conductual, ya advertía que la aplicación indiscriminada del mindfulness podía derivar en problemas psiquiátricos como agitación severa, episodios depresivos e incluso descompensaciones en personas con trastornos previos.

Un mercado en expansión y una ciencia en construcción

La creciente industria del bienestar ha contribuido a la expansión del mindfulness a través de cursos, aplicaciones, libros y programas corporativos. Solo en Estados Unidos, el mercado de la meditación mueve alrededor de 2.200 millones de dólares anuales.

Sin embargo, varios especialistas subrayan que muchos estudios presentan limitaciones metodológicas: muestras reducidas, ausencia de grupos de control sólidos o falta de seguimiento a largo plazo. El propio Jon Kabat-Zinn reconoció en 2017, en una entrevista con The Guardian, que gran parte de la investigación sobre los beneficios del mindfulness era metodológicamente débil.

Además, la práctica implica la exploración de estados de conciencia que aún no se comprenden completamente desde el punto de vista neurocientífico, lo que dificulta anticipar sus efectos en distintos perfiles psicológicos.

Un enfoque equilibrado

El consenso emergente entre investigadores es que el mindfulness no debe concebirse como una solución universal ni como sustituto de tratamientos médicos o psicológicos basados en evidencia. Su potencial como herramienta de autocuidado es significativo, pero depende de factores como la guía profesional, la vulnerabilidad previa del individuo y el contexto en que se practica.

Más que descartar la atención plena, la comunidad científica aboga por ampliar y robustecer la investigación para comprender mejor tanto sus beneficios como sus riesgos. En un escenario donde la salud mental ocupa un lugar central en la agenda pública, la evidencia sugiere que el mindfulness puede ser una pieza útil del abordaje integral, siempre que se integre con realismo y rigor científico.

Con información de es.wired.com/

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