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Mi corazón de Jesús

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Vivencias que dejan moralejas

POR: DILMARYS CUELLO – Educadora. Reside en Santiago Rodríguez.

Tengo en casa un cuadro con el corazón de Jesús, con una imagen de papel, no pintada, es una imagen de imprenta. Nada especial para quienes como yo no tenemos las imágenes como el centro de sus creencias, pero este tiene algo especial para mí, es mi corazón de Jesús.

Según mi madre, este cuadro, tiene más de 50 años. Ha pasado de mano en mano, de generación a generación, hasta que llegó a las manos de mi abuela, quien fue la última antes que yo, en tenerlo en la sala de su casa. Me hace mucha gracia tenerlo casi en el mismo lugar donde ella lo tenía. Me hace más gracia cuando alguien viene a visitarme- y no es católico, como yo- y se asombra con la imagen tan visible, tan grande y en la sala.

Este es mi corazón de Jesús, me lo heredó mi abuela, es casi siempre mi respuesta. 

No tengo la intención de entrar en contradicciones con los que lo adoran y menos poner de mi lado a quienes adversan tal práctica, lo único que me interesa es socializar con ustedes por esta vía, la importancia que le damos a las cosas según su procedencia. Para mi este dibujo tiene un valor especial, porque era de mi abuela, porque tiene historia, porque para ella era importante, porque me la recuerda, porque trae a mi memoria momentos únicos al lado de una abuela: blanca, de pelo corto y escaso, pequeña, cariñosa, cuidadosa, amable, educada, simple, recta, disciplinada y disciplinadora, educadora en todo tiempo, criadora de seres humanos que han aportado siempre, en la sociedad donde se desenvuelven, así que ese es y seguirá siendo mi corazón de Jesús.

Tomamos el valor del mercado. Valoramos las cosas según lo determina otro. Nos confundimos con las marcas y hasta las usamos, añoramos, guardamos, aunque nos queden mal. Es muy probable que, si salgo a comprar una lámina parecida a la que tengo en la sala, la encontraría y seguro a buen precio, pero, esa lámina ¿podría contener el valor que tiene la que guardo y preservo con tanto amor e historia?

Cuidemos nuestro entorno y dejemos de darle el valor del mercado a la ropa, zapatos, muebles, prendas visibles e íntimas, perfumes, entre otras, solo porque alguien determinó que eso es “bueno”, solo porque cuesta “mucho dinero”, es difícil de encontrar, hicieron pocas ediciones y es de diseñador; y no es mejor y más factible que usemos, tan solo lo que nos haga bien, aunque no seamos de la tendencia…

¿Por mis creencias debo darle un “sumbon” a ese cuadro? ¿Cuándo venga alguien a visitarme, debo esconder el cuadro, solo para que él/ella no se sienta mal? Si este dibujo me recuerda a mi abuela, como la foto de mi padre en la sala de la casa materna, nos lo mantiene más presente en nuestras memorias, ¿debo deshacerme de mismo solo porque parece que estoy haciendo idolatría?

Observando la Biblia, me doy no cometo ningún pecado, porque dicha imagen no la tengo en un lugar o sustitución de Dios, único y verdadero. La imagen en cuestión es el recuerdo para mí, de un ser incomparable: mi abuela. Con recordarla a ella, no creo ofender a Dios, al que amo, temo y reconozco como el único Dios al que sirvo, creo y alabo. Con la conservación de este, no creo cometer herejía alguna, que el día del juicio implique condenación para mi alma.

La Biblia dice: Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es.

Deuteronomio 6: 4

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