MI BUEN PAÍS, PERO

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Por: Domingo Estévez. 

Siempre hemos creído y predicado la bondad de los Dominicanos.

Su dedicación mayoritaria al trabajo honrado, su conocida solidaridad y la profunda vocación de servicios no resiste cuestionamiento.

Somos en definitiva un gran pueblo.

Sin embargo, es verdaderamente preocupante vivir y conocer el deterioro moral y material por el que avanzamos bajo la indiferencia de los principales protagonistas que los hay en el sector privado y ni hablar, del público.

Hace falta la conjunción de esfuerzos en la preparación de planes y proyectos que nos permitan un desarrollo integral.

Las autoridades, elegidas y designadas por decretos tienen sobre sus hombros la mayor responsabilidad de buscar alternativas viables para la solución de tantos problemas que nos afectan.

Las vías de comunicación terrestres están deterioradas, el agua potable y la electricidad representan un dolor de cabeza a la ciudadanía, los hospitales públicos continúan dando precarios servicios a los pobres, la drogadicción y la violencia han copado el ambiente nacional.

Se impone un alto en el comportamiento de los funcionarios públicos de todos los partidos; hay que unir esfuerzos y recursos con sinceridad, colocando de lado las ambiciones personales y los colores políticos, la división no permite el desarrollo.

Recientemente en Santiago  Rodríguez se puso de manifiesto hasta donde son capaces de llevarnos los resentimientos políticos, no ya entre adversarios de partidos diferentes, sino entre dos de los principales funcionarios elegidos y que pertenecen a la misma agrupación.

El senador de nuestra provincia y en síndico del municipio cabecera protagonizaron una competencia con motivo del día de las madres, evidenciando incapacidad de acercamiento sin importar dilapidación de recursos. Dos actos que pudieron ser uno. Así no llegamos lejos…

¿Y tú, que opinas?

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