Sergio Lantigua - Escritor y Poeta.

Por: Sergio H. Lantígua.

Scotrun, Pennsylvania, USA. Existe – aunque argüitivo – una angosta correlatividad entre la atribución de escribir poemas y la crónica narrativa, porque estas características están cimentadas en relatos vivenciales; esenciales para el acumulo de recuerdos como: Amar, sufrir, llorar, perdonar para continuar viviendo y así sucesivamente, repetir el ciclo que habrá de servir como el elemento primario de conjugación pensada exhibida en ambas modalidades literarias.

Hoy quise incursionar en el inexplorado territorio del cuento para externarles este pusilánime ensayo expresivo que quiso ser un poema.

Es cuando menguan las tardes, que evocables, los recuerdos se inclinan reverentes como las ramas de los árboles mecidos por la materna caricia del viento en un subrepticio confabulo con los colores del ocaso; convocantes, los recuerdos de mis primarias inocencias me toman de su mano enajenándome hasta aquellos lugares que todavía preservan celosamente los instantes más hermosos de mi parvulez, al río donde aprendiera el lenguaje de las aguas y me extasiara aspirando el embriagante sahumerio de las pomarrosas en flor a bañarme en sus azulencos charcos y a corretear por las sabanas sin horizontes de aquel inolvidable paraje.. Aminilla.

Allí están. Fidedignos a mis recuerdos. He soñado muchas veces como me miran y me sonríen. No se han ido. Siguen indemnes en mi espera. Atesorando aquel universo donde el tiempo y los lugares se mantienen impertérritos. Suspendidos en el espacio como mis primeras promesas de amor en adolescencia provocadas por el candor inagotable de la juventud, los viejos árboles con sus sabrosos frutos, el deambular por los mismos callejones en Pata de Vaca con mi tirador enganchado al bolsillo trasero. Esos hollados caminos que tantas veces descalzo recorriera para ir a visitar a mis miliares en San José, mientras iba aspirando el olor de las flores silvestres aferradas a las orillas de las empalizadas confinantes.  

Me miro por dentro y contemplo una luenga apetencia desandando por un destino extraviado, extenuado y ausente, baldío de palabras conque nombrar lo que tanto he añorado. Mi corazón quiere volver a ser ese mozalbete que en su involuntario éxodo se ha convertido en un extraño, naufragado en un mar de sueños pretensos ahogados por la nostalgia cuando los días sucumben al ocaso de la tarde, deseando volver a mirarse en el atisbo insondable de esos ojos que encendieran dentro de mi alma la púber fogata del amor por mi tierra y rescatar de sus labios esas promesas incumplidas escuchando una vez más el susurro atortolado de su voz musitando: Todavía, todavía…estás a tiempo.

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