Lapsus linguae o la honestidad del subconsciente

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Lo reprimido no está muerto.
Sigmund Freud

Por: Gerardo Castillo Javier

La noche del jueves 17 de diciembre discurría amena. Reunidos por la voluntariosa hospitalidad de un distinguido anfitrión, los trabajadores de la prensa departíamos fraternalmente. El animador de turno se lucía.

La terraza del renovado hotel, ahora denominado Gran Marién, refulgía en su esplendor. Invitados y organizadores, atentos y complacidos, disfrutábamos el siempre hermoso espectáculo de la palabra bien empleada, de la animación certera y oportuna. La exaltación de los presentes se inflaba en un «crescendo» que de súbito se vino abajo. Por un instante todo se arruinó. Durante ese instante, de forma colectiva la vergüenza ajena encogió a los presentes. Sin embargo, la risa, el remedio infalible surgió cual bálsamo divino para hacer soportable el lapsus: el animador, por tercera vez en la noche, había dicho: Antonio Cruz cuando debió decir Antonio Marte.

Lo que nuestra mente guarda en el inconsciente se expresa a través de: los sueños, los actos fallidos y los síntomas neuróticos.

(Antonio Cruz                                                                             Antonio Marte)

En esta ocasión, nos ocuparemos de los actos fallidos y dentro de esta clasificación, del lapsus linguae o lapsus verbal. En su libro Fundamentos de psicología dinámica y psicoanálisis, el Dr. Ismael Yildiz explica que antes de que Freud se interesara y estudiara de forma seria y sistemática el significado y los mecanismos mentales de los actos fallidos y del chiste, «existía una vaga noción en la mente popular de que tenían algún fin y de que no eran cosas del azar». El autor cita un viejo proverbio que reza: «El error de la lengua delata la verdad de la mente».

Ahora bien, ¿qué son los actos fallidos? Según lo planteó Freud, «son el resultado de una acción intencional, con un propósito, de la persona afectada, aunque la intención sea desconocida para ella misma o, en otras palabras, sea inconsciente». Dicho de otra manera, la mayoría de los actos que consideramos causados por un error o equivocación son, en verdad, intencionales.

Los lapsus verbales se producen cuando la persona lucha por mantener oculto un pensamiento o una intención, pero fallan los mecanismos que controlan eso que está reprimido y que mantiene la verdad bajo la alfombra. En tales casos, explica el Dr. Yildiz, el que habla o escribe expresa lo que en forma inconsciente deseaba decir o escribir, pese a su intención de mantenerlo oculto. Freud lo ilustra perfectamente en su libro Psicopatología de la vida cotidiana:

Un señor, conversando una noche con una joven viuda sobre los grandes preparativos que se hacían en Berlín para la celebración de las fiestas de Pascua, preguntó a su interlocutora: «¿Ha visto Ud. hoy el escaparate de Wertheim? Está muy bien descotado». No habiendo podido expresar en voz alta su admiración ante el descote (escote) de la bella señora, su pensamiento retenido se había abierto paso aprovechando la semejanza de las palabras descotado y decorado y transformando la decoración del escaparate de una tienda en un descote.

«Toda equivocación surge por la interferencia de dos propósitos distintos. Hasta en el chiste se fingen equivocaciones para mostrar la verdadera intención», sostiene el Dr. Yildiz.
Al contrastar la verdad del desafortunado desacierto de la noche del jueves 17 de los corrientes con el panorama político local, aventuro dos deducciones lógicas y una conjetura. Veamos.

Primero. Parece indiscutible que Antonio Cruz está posicionado firmemente en el inconsciente colectivo de los hombres y mujeres de toda la provincia. Esta deducción se sostiene por el hecho incontrovertible de que hasta sus contrincantes dicen su nombre cuando deben enunciar el de su oponente.

Segundo. Su oponente afirmó que gastaría en campaña el doble de lo que invirtiera Antonio Cruz. Tal parece que se quedó corto en los cálculos. Para desplazar a un candidato que se ha consolidado progresivamente durante aproximadamente nueve años en la preferencia de la población a partir de acciones puntuales y no de discursos bonitos y chistosos, hay que gastar una fortuna y disponer de un tiempo que no existe.

Conjetura: Es muy posible que el próximo 16 de mayo, ante la boleta, el votante sufra nuevamente el influjo de lo que su inconsciente guarda y valora como bueno, y en lugar de marcar lo que había prometido ante amigos y animadores políticos, termine marcando la cara amigable y conocida de Antonio Cruz.

Las noches tropicales son unánimemente semejantes e inolvidables. La del jueves 17 podría ser más que memorable, pues los que estuvimos presentes en la cena organizada en honor a los trabajadores de la prensa, y que probamos la copa agridulce de la risa y la vergüenza ajena, probablemente vislumbramos sin saberlo los indicios de una victoria anunciada por los oponentes.

El autor es escritor, maestro, psicólogo clínico, terapeuta sexual y de parejas.

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