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Laberinto inspirador de Esteban A. Torres Marte




El fuero interior de una lírica trascendente

Por: Bruno Rosario Candelier 1
(A Greicy Cabrera, cultora sabanetera de la palabra).

Esteban Torres Marte es un poeta de la modernidad. Nativo de Sabaneta, Santiago Rodríguez, en su creación poética hallamos imágenes y símbolos sobre las vivencias emocionales, entrañables y sutiles, que vive el sujeto visionario al experimentar los fenómenos de conciencia que plasma en su lírica como fuero, cauce y eco de tan singulares episodios interiores en el laberinto de una mente abierta, con las antenas interiores dispuestas para percibir los fluidos de la realidad sensorial y las irradiaciones de la realidad trascendente.

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Investigador, profesor, poeta y ensayista, Esteban Torres Marte tiene un doctorado en letras por la Universidad de Cambridge, y ha publicado estudios críticos y literarios en publicaciones especializadas. De la creación poética de este escritor dominicano me complace presentar su poemario Laberintos II (New York, Lacuhe Ediciones, 2019).

Del poemario Laberintos II, producto de una mente privilegiada para visualizar fecundas vivencias entrañables, voy a ponderar 12 miradas impregnadas de una hondura interior. Cuatro temas subyacen en la creación poética de Esteban Torres Marte:

  1. -El principio de lo desconocido
  2. -El fuero entrañable del inconsciente personal
  3. -El caudal de vivencias misteriosas de la conciencia
  4. -El arte de la creación verbal mediante su formalización poética

Este valioso poeta vive inmerso en su mundo interior y, en ese fuero de la conciencia tiene lugar un caudal de episodios emocionales, psicológicos y espirituales inspirados en la realidad real y concitados por la realidad imaginaria en una visualización compatible con la realidad trascendente mediante el concurso de recuerdos, especulaciones, premoniciones, intuiciones e inspiraciones de la conciencia de una mente despierta, como la de Esteban Torres, quien en su condición de poeta y cultor de reflexiones estéticas, enriquece el arte de la creación verbal con su talento creador, haciendo de sus vivencias entrañables, mediante el cultivo del lenguaje poético, la sustancia y el sentido de sus vivencias entrañables, imaginativas y sutiles.

Los estados de conciencia tienen facetas oníricas, idealizantes y misteriosas, que no son manifestaciones patológicas sino expresiones de las vivencias interiores que suele experimentar la mente de cualquier persona con inteligencia para pergeñar episodios del interior de la conciencia y captar irradiaciones de la realidad trascendente, que los poetas formalizan en su lenguaje con el Protoidioma de la creación poética.

Probablemente Esteban Torres prefiera las vivencias de su laberinto interior al de los constreñimientos de la realidad real, como el personaje del Hamlet de Shakespeare, que prefería “encerrarse en su cáscara de nuez para no soñar horrores del mundo exterior”. El poeta lo sabe porque lo vive y lo revela desde el pórtico de su poemario.

El sujeto visionario de estos poemas anticipa al lector que desde “el establo del laberinto”, donde se ha instalado el emisor de estos versos, testimonia sus visiones entre la lucidez y las sombras, en la soledad de su estadio interior ante el caudal de sus vivencias entrañables. Y en esa circunstancia escribe:

He llegado al inicio del poema…,
un vahído de premoniciones se esforzaba
en contener ese miedo rígido de los viejos tiempos.
Al despertar de la aurora
percibí mi cadáver frente al abismo
(Esteban Torres Marte, Laberintos II, p. 7).

Creación de una realidad imaginaria en la que el sujeto creador se instala para vivir y recrear visiones, imágenes, inspiraciones e intuiciones de sentidos ocultos. Con la palabra el sujeto creador logra su identidad espiritual al plasmar las apelaciones que lo retan a testimoniar sus percepciones desde la instancia de su vigilia interior:

Fue en la estación de la siembra y el albor
cuando el obsoleto rocío principia su trayecto,
acontece más allá de mi extensión
donde un acicalado jardín desprendía su humor
sacrosanto;
miraba con la intención y volvía en mí regreso
de aquella transpiración,
no era posible: mi verbo asume la independencia del yo;
un alarido espantoso frente al muro del lamento
oscilaba frente a aquella fuente,
de pronto al inclinarse sobre un resquicio de la
calle estalló el lamento…
El verbo se alejó dejando a un cuerpo huérfano
situado con la vida de anhelos
(Esteban Torres Marte, Laberintos II, p. 9).

Este valioso poeta interiorista pondera el silencio, la soledad y el aislamiento y, en ese

estado de privacidad y concentración, experimenta singulares estados de conciencia donde vive a plenitud una realidad sutil, vaporosa y profunda, en la que siente el palpitar de otro mundo, invisible y misterioso, que su poesía perfila y recrea el “espantoso delirio” de sus visiones interiores en el fuero de su conciencia al que llama “caracol de mi soledad”. En ese estado escribe:

Aterciopelado el caracol de mi soledad,
viviente refugio de mil y un eco,
agotado el último ritmo cadencioso e insuflado,
viví refulgente en los mares cubiertos de algas;
allí, y siempre acá un toque de sobremesa,
me abrió un espantoso delirio:
de lo poco, mucho
(Esteban Torres Marte, Laberintos II, p. 12).

En su poetizar describe un hecho propio de un fenómeno de conciencia cuando una circunstancia singular concita memoria, imaginación y pasión en el fuero de un “insomnio crepuscular”, metáfora con la cual el creador alude a un estado de conciencia alterada en vigilia creativa:

Ocurrió después de la fiesta de Pentecostés,
fue una mañana tibia y amena
cuando de repente
un sapo trepa en mi corona craneal,
lo vi tal cual era:
un lago sirvió de escondrijo y refugio,
su contacto me sumió en una ternura de quejas<
y lamentos,
acontece como resucitado,
evanescente y ligero:
desde ese día espejo y renacuajo violan este
insomnio crepuscular.
(Esteban Torres Marte, Laberintos II, p. 13).

En su poder taumatúrgico, el poeta percibe “el aura del fuego”, y, en ese estado de imaginación o concentración síquica se interna en la realidad trascendente, visualiza el pasado y percibe el marco de lo que trasciende espacio y tiempo, y, en esa vorágine de lo desconocido, se desconcierta su conciencia ante tantas apelaciones con variadas imágenes de lo desconocido:

El secreto alucinante lo percibí en el aura del fuego.
Casi ardiente. Casi líquido, una esperma con
color numinoso salió de mí en forma de espanto.
Casi sin mí, y apenas con un balbuceo troglodita
caí en el túnel aligerado de la carga.
Vi el pasado
a través del presente incierto.
Advertí el sentido de lo impermanente.
El pensamiento derrumbado
frente al altar del vacío. Qué insomnio de libertad
en fracciones de segundo.
Allí a través…, en la rendija del silencio:
yo no soy sino aquello de lo
que provengo.
Yo soy el círculo sin los infinitos
puntos… yo no soy…
(Esteban Torres Marte, Laberintos II, p. 16).

Entre los elementos de la naturaleza, el fuego atiza su conciencia, y como le aconteciera a Heráclito de Éfeso, que vio en el fuego la fuente de la creación, Esteban Torres aprecia en el fuego, que forma parte de los elementos primordiales (tierra, agua, fuego y aire), el aliento que pulsa la cítara en su espectáculo lumbroso:

La hora en el crepúsculo convulso,
a veces despierto, soñoliento y muerto…
a veces frágil en el escenario de la rivera
pulsando la cítara al viento frío,
mascullando la sobredosis del aliento,
ayer temprano
hoy tarde
como glosario de la risa
como espectáculo sombrío
(Esteban Torres Marte, Laberintos II, p. 17).




Los poetas de la modernidad no cantan lo que sucede en la realidad sensorial de lo viviente, sino lo que repercute en el interior de su conciencia, no como expresión de una especulación imaginaria, sino como testimonio de lo que fragua la mente en su dintorno, que formalizan en imágenes y símbolos de esas vivencias soterradas, entrañables y profundas, que la lírica formaliza en su fuero expresivo:

Camino sin senda posible,
sujeto al fuego de las emociones,
casi raras, casi nada.
Por eso apartó el sagrario-delirio,
y he comenzado a arropar con sábanas luctuosas
el gigante preámbulo de una historia falaz.
(Esteban Torres Marte, Laberintos II, p. 21).

El poeta se ubica en el ámbito de su realidad interior. Allí, en la soledad de su fuero entrañable tiene fecundas vivencias concitadas por las cosas tangibles (personas, animales, árboles, objetos, sensaciones) o por fenómenos sutiles (irradiaciones, imágenes, figuraciones, criaturas invisibles, ángeles) que concitan en su intelecto, poblado de señales y símbolos, su vocación creadora que la palabra testimonia:

El verso queda sordo… ¡Levanten armas!
El horizonte puebla la desesperanza primaveral.
Sentí la vida como el iris envenenado.
La mancha amarilla que crecía
cercana al límite del verde esmeralda.
Me encontraba solo,
en el centro de muros y bajeles,
la asfixia es mi ritmo descentralizado
(Esteban Torres Marte, Laberintos II, p. 23).

El poeta se percibe a sí mismo como una criatura que, al imaginar lo que su facultad visionaria le propicia, recrea el mundo desde su peculiar manera de percibir, pergeñar o formalizar sus estados de conciencia, su ensoñación visionaria o las irradiaciones y especulaciones de su interioridad o del más allá, y se siente copartícipe de la Creación, y siente que sueña y formaliza lo que no parece imposible, “un sueño del azar” dice, una criatura que piensa, intuye, imagina, fabula y crea:

Anoche soñé
que el corazón latía al mismo tiempo
que un quejido noctámbulo del mar
en zona bravía.
Anoche sentí lo amorfo y vago.
La ilusión viaja en trenes.
La vida duerme auroras.
Un día pensé que de tanto soñar,
el sueño era otro…, ella.
Mi arquetipo fluido como imagen viajante
en el díscolo muestrario de las antigüedades.
Hoy con la salida del sol
me imaginé que soy
una sombra más entre tantas: un sueño del azar.
(Esteban Torres Marte, Laberintos II, p. 25).

Siguiendo a su modo y estilo la tradición poética formalizada por Rafael Américo Henríquez y Manuel Llanes, el poeta interiorista de Sabaneta, Esteban Torres Marte, se instala en el interior de sus vivencias consentidas y, entre pesadillas y espanto, o entre visiones y premoniciones, inmerso en esa concha interior escucha voces, ve visiones, vislumbra ecos, atrapa susurros intangibles que formaliza en versos impregnados del aliento cósmico con la energía espiritual de lo viviente, y del susurro sutil que el enigma y el misterio encierran, sugieren y le dictan, escribe estupefacto y conturbado:

En el borde del contorno, eres
haz de aparecido.
La silueta es el horror
la voz es un estado,
el sonido en el tiempo: un pecado capital.
Estas huellas batidas al desdén
una precocidad inminente.
¡Oh diademas de mil puntas!
Báculo opaco
conducto feliz
¿Dónde entonces tu infinito?
¿Por qué prolongas en círculo?
El frío es tu esencia.
La náusea una embriaguez feliz
este gesto de ternura:
la muerte
¡grutas solitarias!
Galaxias que alejas, describen lo irritado
en dónde pues descansas minotauro de la noche.
(Esteban Torres Marte, Laberintos II, p. 27).

Como un susurro de la Creación del mundo, nuestro poeta se ubica en el pretiempo al modo de Manuel del Cabral en Los huéspedes secretos y, en su relación con la energía cósmica, presiente un “crepúsculo de sombras” que aletarga su conciencia y amucha su inquietud con una turbación de los sentidos y un apremiante consentido del ser:

Tardío se acercó este crepúsculo de sombras
de intenso ahogo soportado
como el día que acaba incinerando
el brillo troglodita de una vieja esperanza.
De un desdén a tiempo…
como el lago que hace permutar
los viejos silabarios.
Como el ritmo de la canción
que no cantaremos.
Antes del estruendo, descendimos
en la vereda del tiempo-margen
(Esteban Torres Marte, Laberintos II, p. 29).

El sujeto visionario, inmerso en “el túnel del pensamiento”, se siente vagar en lo insondable del océano de lo existente, y evoca al clásico de los griegos y, ante el aletazo del misterio, en su ansiedad infinita, en su visión alada y sutil, fragua una idea del mundo a la luz de imágenes visionarias:

Una parte mía vagaba
en lo insondable del océano.
Como nunca, sabía de los instantes, del egoísmo
traducido en el folclor de las compras
en las esquinas de Broadway: casi siempre llovía.
Tu pubis sabe a lluvia;
a garita de agua del mar.
Querrás ocultar quien te buscó, quien poseyó
en el fondo de los mares aquel secreto del Minotauro,
del dolor de las extremidades.
Sé muy bien que me oíste en el sueño:
te soñé corazón y larva.
Resucité en ti las mil espadas.
Por eso envié a las amatistas
el mensaje que no se pronuncia.
Por eso Cuarzo está ahí
frente a la lámpara y los ataúdes…
Algún día te encontraré microscópica.
Se hace larga esta noche: duermo ansiedades
(Esteban Torres Marte, Laberintos II, p. 31).

El poema XXIV de este poemario, el de más largo aliento con hondura trascendente, revela el acento visionario de Esteban Torres o su alter ego poético, que revive episodios increíbles y asombrosos con la emoción de sentirse un amanuense del misterio o un ser dotado de la palabra que funda una realidad verbal, metafísica y estética, lírica y simbólica, en el ámbito de lo imaginario donde siente la nostalgia del ocaso y percibe la voz del más allá, el origen de lo viviente, el fulgor del Logos, primor de la conciencia:

Subí al monte de los osos
y reviví episodios asombrosos…
círculos del imaginario.
Allí sentí la nostalgia del ocaso,
y las necesidades fatuas.
Percibí las pupilas dilatadas,
las cien excusas, la respuesta y la voz
de unas manos púrpuras
que en aquellos tiempos
crearon de la nada la palabra… cuerpo.
Ese latido de muerte súbita con sabor a pachulí
(Esteban Torres Marte, Laberintos II, p. 34).

Estamos, en definitiva, ante una obra que aborda el misterio de lo desconocido, perfila el caudal de vivencias centradas en los fenómenos de la conciencia y, mediante el modo de formalización de la lírica moderna, asume la inspiración poética como vía de liberación emocional. Radiografía de la interiorización de la conciencia, y también fuero y cauce del arte de la creación verbal.

1.- Bruno Rosario Candelier nació en Moca, República Dominicana, el 6 de octubre de 1941. Doctor en Lingüística por la Universidad de Madrid, y Licenciado en Educación por la Universidad Católica Madre y Maestra, ha desarrollado una amplia actividad cultural, desde la propia UCMM, donde es profesor, y a través del Ateneo de Moca, del cual fue su presidente.

Es además Diplomado en Filología Hispánica, por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y posee el profesorado en Lengua y Literatura Españolas y el Diploma de Investigador Lingüístico, obtenidos en el Instituto de Cultura Hispánica, de Madrid.

Ha publicado Lo popular y lo culto en la poesía dominicana (1977), Juan Bosch: un texto, unanálisis y una entrevista (1979), Ensayos Críticos (1982), La imaginación Insular (1984). El doctor Rosario Candelier, además de la docencia, escribe y publica sus estudios y ensayos; asesora revistas culturales; orienta grupos literarios en formación; proyecta coloquios y encuentros literarios, dicta y organiza charlas y conferencias; asiste a seminarios y forma parte de jurados en certámenes literarios. Es miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua y miembro correspondiente de la Real Academia Española. Forma parte del “Grupo de Escritores del Cibao” y del “Comité de Intelectuales Dominicanos”. En 2008, fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura.




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