La ruta de las ideas (1)
«Aprender a leer es lo más importante que me ha pasado en la vida», Mario Vargas Llosa
Reencuentro con mis lecturas escolares
POR: WILLIAN YAMIL ESTÉVEZ. Educador Reside en Santiago Rodríguez.
Mis primeros contactos con la palabra escrita surgieron a través del Libro Nacho, manual de alfabetización por excelencia en los niños de mi generación. Aprendí a leer prácticamente por cuenta propia, observando cada dibujo y fijándome en las vocales y consonantes de color rojo que dan una pista para la fijación del aprendizaje en el afamado libro.
A medida que avanzaba en los grados escolares adquirí la capacidad de leer textos más largos y complejos; en esa época llegó a mis manos un añorado libro de primaria, del área de Lengua Española, cuyo título y grado se me han diluido en la memoria, me parece que era de tercer grado y su título debía ser como… «El maravilloso mundo de la lectura» o algo así, pero no preciso bien. Lo cierto es que, en sus páginas, leí y releí con fruición la fábula «La cigarra y la hormiga», de Esopo; «La vaca estudiosa», un texto poético de María Elena Wals, que mis primos y yo recitábamos de memoria. En el mencionado libro encontré la décima «Los mangos bajitos», de Antonio Alíx, y un cuento que relataba la triste historia de una familia muy pobre que no tenían el almuerzo del día, y en vista de la situación el perro de la casa salió a un expendio de comida y extrajo un pan el cual llevó a la familia hambrienta. Navegar en las páginas de este libro siempre fue para mí una experiencia maravillosa.
Otro de los libros escolares que leía con deleite fue «Juan Pablo Duarte El Padre de la Patria», una biografía del patricio que se promovió por todos los centros educativos del país en los años noventa, cuya edición contó con los auspicios de la compañía telefónica Codetel, hoy Claro. En esos años también leí un cuento fascinante que corresponde a la tradición popular dominicana: «No juegues, Magino», de la autoría de Augusto Franco Bido, así como el divertido y popular cuento español «Yo dos y tú uno», ambos textos figuraban en un libro de lengua Española que había de ser de 5to o 6to grado.
Entrada la adolescencia, me torné un tanto holgazán con respecto a la lectura, en ocasiones volvía a los libros solo por los dibujos. Me encantaba colocar una hoja en blanco debajo de la página de algún libro y trazar las bellas ilustraciones que contenían sus cuentos. Era una forma de entrenarme para el dibujo, afición que nunca logré dominar por mi escaso talento para ese arte.
Sin lugar a dudas, los momentos de mi niñez y adolescencia entre páginas de textos escolares forman parte de los recuerdos más hermosos que poseo.
¡Hasta la próxima!