La inmortalidad de los bardos
Por: Sergio H. Lantígua
Pensylvania, USA. Aunque nunca hayamos sido un ferviente admirador de la apología subjetiva por su faceta eufemista y por una solapada suspicacia a que el mismo podría ensorberbecer y desequilibrar el egocentrismo particularista, exaltándole hasta un apócrifo estrado de grandiosidad petulante; no por ello, somos un antagonista recalcitrante de su ocurrencia, porque secundamos de una manera intríseca a esos otros laborantes correligionarios que tesaurizan preseas por sus actividades literarias como parte esencial del protocolo retribuyente a sus fajinas decollantes y por ende, meritantes a estos acicates retóricos, tan necesarios al encumbramiento personal; porque entendemos, que no todo el racimo está acondicionado para regenerar éticamente, éstos fragmentos de notoriedad sin que ello altere su idiosincrasia, pragmática y ecuanimidad.
Empero, a pesar de que nuestra propensión al respecto es introvertida, consentimos el propósito de la nombradía por su participación tan sustancial en la proliferación y reputación encolada a las encomiendas que se pretenden difundir a la apetencia selectiva del público consumidor.
El fenoménico de la celebridad, es un utensilio discriminante si se le observa desde un emplazamiento criticable, pués ésta circunstancia exclusivista solo le extiende su hospitalidad a un menguado número de personajes exaltados a un ateneo preferente que por su influencia monopolista, contribuye a que una gran mayoría con capacitación idónea quede postergada en el anonimato por no haber sido agraciados con este arisco y carismático endorso.
Es el triunfo, tan codiciado por algunos, solo accesible para aquellos predestinados? Será un factor influyente el que no hayamos invertido suficiente empeño para ser descendientes de tan preeminente estirpe? Valdrá la pena sacrificar hasta nuestros principios morales para poder adquirirlo? Se sentirá realizado todo aquel por el mero hecho de haberlo saboreado? Serán los que ya adquirieron nombradía, mejores poetas, escritores, dramaturgos, cantantes, actores, declamadores, músicos, etc., que aquellos que nunca llegaron al estrellato?
Recordemos un decrépito proverbio que dice: «Todo aquello que brilla no es oro» y que la moraleja de ésta cita es: El renombre, no asegura la felicidad y el dinero solo la compra. La vida de los célebres es huracanada, desequilibrada, matizada de incidencias malquistas, pérdida de la privacidad y el autónomo albedrío. Solo si estamos dispuestos a sacrificar todos estos arbitrios fundamentales a nuestra tranquilidad espiritual, lograremos llegar a ser famosos.
Mi propensión subjetiva es flemática, donde ciertos estipendios de la vida, ya no inoculan mis venas con su linfa de ambiciones y solo me es contentadizo el poder garabatear algunos versos y que nos recuerden a través de ellos como el poeta inmortal, inspiración de éste edicto.
Toda ésta alegoría no es más que una urdimbre sugestiva para crearle un cimiento pertinente a nuestra partitura poética de hoy.
Será pués hasta nuestro aseverado encuentro si Dios lo permite.
Con gran afecto desde Pensylvania, USA.
Sergio H. Lantigua (Hijo de Sergio Lantigua-El Relojero)
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LA INMORTALIDAD DE LOS BARDOS
Cuando la brisa sople parsimonia y las hojas del Otoño se abriguen
Cuando el sol en su doradillo vestuario por alguna razón ya no brille
Y el infinito desde su ventajero observatorio vea que la tierra no gire
Un sollozante silencio cabalgando en el tiempo saldrá en futil procura
Del poeta del que solo conociese. No su persona sino su pensamiento
Al que nunca le viera llorar o languidecer al escribir sus emotivos versos
Al que nunca se le viese reír de alegría petulante en su mejor momento
Al que nunca le oyeren vituperios al cincelar su vida en inmaculado pliego
Coplas inmortales que siempre estarán vigentes por su altruísta moraleja
Alquien tendrá que asumir el que sus versos nunca sucumban al mutismo
Los poetas mueren esperanzados de que sus cánticos serán recordados
De que más allá de la vida le volverán a leer muchos que le amaran tanto
Discípulos con los que nunca alternara y que habrán de extrañar su copla
Rindámosle pleitesía al poeta que marchara dejándonos su gentil legado
Dediquémosle una piadosa alabanza para que encuentre su alma descanso
Mi modesto panegírico al poeta soterrado con toda su creativa imaginación
Del que solo sobreviven las estrofas que emergieron de su ubérrima pluma
Hagamos eterno al poeta fenecido delegando en nosotros su inspiración