Keila González Báez: creatividad en acción
POR: BRUNO ROSARIO CANDELIER
Sabemos que muchas personas tienen la autopercepción de que no tienen creatividad. Y también conocemos amigos y allegados quienes, tras una oportuna reflexión, llegaron a la convicción de que reconocen que tienen el don de la creación, es decir, el poder de la creatividad. Y esa convicción obedece a un principio que originalmente concibió Heráclito de Éfeso, uno de los antiguos pensadores presocráticos, cuando intuyó el concepto del Logos de la conciencia, que lo concibió como una agraciada dotación divina, y enseñó que por ese inmenso poder los seres humanos –todos, sin excepción– podemos pensar, intuir, hablar y crear. Entonces el poder de la creatividad es parte de la condición humana y parte del don de la palabra, dotación con que Dios nos distinguió al darnos vida y conciencia, cifrada en el Logos que hace posible el talento de la creatividad.
Vamos a hablar de la obra de una creadora que se ha distinguido, desde muy joven en nuestro país, por el don de la creación y la vocación de la creatividad, como es Keila González Báez.
Cuando conocí a Keila González aprecié en ella un talento especial que la distinguía entre las muchachas de su generación, y ese talento se manifestaba en un ferviente anhelo de creación, índice de la vocación por la creatividad. Keila quería crear, tenía la motivación para dar el testimonio de sus propias intuiciones y vivencias. Tenía la necesidad de testimoniar su percepción y su valoración de las cosas con un singular entusiasmo al sentir que tenía algo que decir con una convicción tan profunda que lo manifestaba en todo. De tal manera que Keila González todo le atrae, y todo le inspira una imagen o un concepto, y quiere sembrar en sus semejantes la vocación para crear, porque ella vive, inspira y alienta el don de la creación, ella concita el sentimiento de la creación, y ella promueve la vocación de la creación en cuantas personas entran en contacto con ella.
Las obras literarias de su autoría lógicamente constituyen una expresión del talento y la creatividad de Keila González. De hecho, una de ellas tiene el título de “Creatividad”, porque se trata de una obra que alienta y estimula el arte de la creación verbal. Se trata de canalizar, mediante el uso de la palabra, lo que alguien, un autor cualquiera, un usuario de la lengua, percibe una singular faceta de la realidad, y de alguna manera se motiva a dar el testimonio de lo que percibe, porque un detalle singular es el hecho de que todos los hablantes, además del poder de la creatividad, estamos instalados en el mundo, y todos tenemos un punto de contacto con el universo, y desde ese punto de contacto con lo viviente percibimos algo exclusivo, único y singular, que nadie más en el mundo percibe. Y cuando uno se convence de que la nuestra es una percepción singular y peculiar, como se ha convencido Keila González, entonces lógicamente se manifiesta en nosotros el poder y el anhelo de creación, porque entonces uno está en condiciones de decir “puedo dar el testimonio de que estoy percibiendo algo tan singular que puede contribuir a ilustrar, edificar o iluminar a otros”. Y Keila González está convencida de esa dotación de su intelecto, y por eso ha podido no solo dar a conocer su propio testimonio, sino también animar y concitar el poder de la creatividad de decenas de jóvenes que se han acercado a ella para conocer la motivación que la inspira y que la narradora interiorista de Sabaneta asume y promueve para atizar el don de la creatividad.
Un segundo atributo que distingue a nuestra querida Keila, es el entusiasmo que distingue su sensibilidad. Entusiasmo es un don divino. De hecho, esa agraciada palabra, entusiasmo, viene del griego, de la expresión helénica En Theos, que en la lengua de Homero quiere decir ‘estar en Dios’. Es decir, quien tiene entusiasmo posee un don divino, ya que ha recibido ese don sagrado de la misma Divinidad que, ciertamente, nuestra entusiasta narradora ha recibido ese singular carisma porque lo testimonia en su sonrisa, lo manifiesta en su palabra y lo evidencia en su obra. ¿Qué testimonia, manifiesta y evidencia Keila González? Que su entusiasmo, ese don divino que ilumina su creatividad, como podrán ustedes apreciarlo en sus obras que hoy de alguna manera bautizamos, pues al comentar un libro, cuando se presenta, lo estamos bautizando y dando a conocer y le estamos diciendo a los lectores que “aquí hay una nueva creatura”, una criatura hecha de palabras, una criatura amasada con el lenguaje y la sustancia de nuestras vivencias, intuiciones y nuestra valoración.
El tercer rasgo que quiero destacar en Keila González es, justamente, el amor a la palabra. Keila ama la palabra, cultiva la palabra, promueve la palabra con un fervor inusitado y contagioso. Quienes conocen a Keila han podido percibir en ella, no solo el talento para la creatividad, no solo el entusiasmo para su dedicación, sino esa singular devoción que ella siente por la palabra, ese fervor con que ella asume el cultivo de la palabra, y lo transmite y contagia a todos. Eso es lo hermoso que hay en ella. Por eso se ha convertido, a pesar de su juventud, en una valiosa promotora del arte y la cultura, del libro y la creatividad, porque ama este don hermosísimo que nos ha sido dado justamente para cultivarlo y expandirlo. Porque los buenos hablantes, y los que tienen vocación artística, y los que tienen sensibilidad estética, y quienes tienen consciencia literaria y espiritual, han de potenciar el cultivo de la palabra y han de valorar la palabra como un don hermosísimo, un don precioso que nos enaltece como seres humanos.
Keila González enaltece el don de la palabra, testimonia la vocación creadora y promueve el don de la creatividad, y en tal virtud nos motiva con su entusiasmo, nos alienta con su vocación y nos enciende con su amor. ¿Para qué? Para que seamos, quienes estamos llamados a fomentar el estudio de la lengua y el cultivo de las letras, genuinos promotores del arte del buen decir y nos convirtamos con nuestro talento, nuestra sensibilidad y nuestra conciencia en creadores de la palabra en busca del ascenso del espíritu.
Lo que les estoy diciendo en honor de Keila González se manifiesta en el cultivo que ella hace de la palabra cuya obra vamos a disfrutar a partir del momento en que la tengamos en nuestras manos y podamos leer lo que ella escribe con ese entusiasmo ardoroso que la distingue, con el talento con que vino al mundo; con la vocación de animadora que la enaltece y con el encanto que ella irradia.
Este Boletín del Movimiento Interiorista del Ateneo Insular, que dedicamos a cuatro escritores de Sabaneta, como son Pedro Carreras Aguilera, Ricardo González Quiñones, Esteban Torres Marte y Keila González Báez, es una forma de valorar a estos narradores y poetas a quienes reconocemos por su aporte al arte de la creación verbal.
