Kamasutra Económico
Por Dr. Juan Martínez Luque
–¿Somos los economistas gentes de otro planeta, con un sentido intuitivo que abarcamos desde las primeras economías, aquellas llamadas familiares hasta el profundo y misterioso mundo de la macroeconomía escondida en los cajones inéditos de un puñado de funcionarios, que creen que la nación les pertenece?
Mientras la estimación de unos, citados «gobiernos», inculcan ideas con el fin de demostrar justificaciones innecesarias protegiéndose de una masa tesorera que a menudo desaparece, los economistas, plasmados hasta la más noble realidad somos capaces de criticar de forma comprobada; los enormes logros según los gobernantes en el poder, que se convierten en fracasos cuando los analiza con lupa la oposición.
En la escuela de Chicago, salió de forma cómica una serie de chistes que convirtieron al economista en un ambulante «parlanchín» en medio de un circo económico con intereses tan desproporcionados según uno u otro bando.
Algunos de ellos incluso se permitieron la osadía que considerar que los economistas inventaron el «Kamasutra económico», con el objetivo de economizar incluso en los momentos de placer y ocio bendito, pero; ¿acaso éstos conocían algo de economía?
A veces pensamos que todo es científico, perfecto y demostrable, pero olvidamos a menudo la intencionalidad del grupo poderoso que nos controla, sabiendo que ellos poseen todos los mecanismos de difusión informativa, son tan rebeldes en sus malas intenciones que demuestran insospechadamente teorías tan absurdas como el engaño a la sociedad que gobiernan.
¿Cómo un gobierno puede dirigirse a sus coterráneos, conscientes que la información será logro cuando en realidad es un fracaso?.
El último ejemplo está aún viviente, hace tan solo unos días, cuando a través de los medios televisivos, nos anuncian un extraordinario éxito en la compra de una deuda de energía a más de 20 años. Pues bien, esa compra no es sino una perdida financiera para el país. En efecto, el pago de hoy anulando la deuda, es más costoso que la deuda misma contraída inicialmente.
Si calculamos los 1.963 millones de dólares, pagados hoy para la anulación de una compra aferente a la deuda de 4027 millones repartidos en 25 años, podemos constatar que el cálculo arroja un importe superior a la deuda inicial, al 1% según el contrato.
Por eso a veces, nos dejamos manipular de forma inconsciente por unos cuantos gobernantes que de forma atrevida, intentan imponer sus teorías, que como el Kamasutra económico, no tienen sentido alguno., pero son capaces de optimizar situaciones delicadas en logros excelentes.
Nuestras predicciones son a veces tan crueles que nadie las acepta, porque no siempre advertimos a tiempo y en el orden, pues una parte de los economistas avisados y competentes, se dejan influenciar por los gobiernos en el poder, simplemente porque de esta manera es más fácil intervenir en medios informativos, sabiendo que la información está siempre en manos de los poderosos, y éstos están casi siempre aliados al poder-
Los economistas implantaron durante la década de los ochenta las bases de un juego económico que asegura que la economía de consumo se regula gracias a la labor de ‘la mano invisible del mercado’. Es cierto que la demanda y la oferta terminan siempre modificando el precio de los productos, porque a mayor salario mayor consumo y viceversa, pero esta teoría sostiene igualmente que la oferta y la demanda terminan corrigiendo las irregularidades en un sistema en el que el precio no depende de la acción humana, porque los salarios deben siempre evolucionar con la intencionalidad de perseguir la inflación, Por esta razón debemos preguntarnos .¿Cual es el verdadero role regulador del Estado en República Dominicana cuando sabemos que la negociación salarial no avanza porque no es de interés de los empresarios?
Nuestro gobierno cierra los ojos ante tan delicado problema que lo único que aporta es una desigualdad permanente de la riqueza, acumulada en un minúsculo grupo de privilegiados, mientras el resto de la población sufre las consecuencias impuestas por un poder económico escondido en los palacios de nuestra isla.