Cuando el pueblo tenga y ejecute el poder
POR: JUAN PABLO BOURDIERD – periodista. Reside en Santiago Rodríguez.
Cuando el pueblo tenga el poder en sus manos, rebosarán de lágrimas los océanos. Es que las injusticias en el Estado dominicano han secado el conducto lagrimal de millones de pobres, indigentes, infelices y desposeídos; aquellos que solo son importantes cada cuatro años. Qué peligro cuando abran los ojos.
Justicia dominicana: el caso Jet Set y la deuda con las víctimas
A los ricos no les importa que destruyan las cordilleras ni que se agote el agua; ellos simplemente, cuando no puedan vivir en la República Dominicana, se mudan a otro país, donde sí hay respeto por el ser humano, la naturaleza, la educación, la diversidad y la justicia.
La justicia sigue jugando con más de 10 millones de habitantes que esperan la aplicación de una justicia independiente, tras la clara y evidente muerte de 236 personas. Solo por dejadez.
En un país de respeto, eso no debió suceder nunca, porque periódicamente los negocios deben ser evaluados. Pero en la República Dominicana, ricos, intelectuales e iletrados, así como políticos, tienen la libertad de hacer lo que quieran y donde quieran. Mientras tanto, hay un pueblo hambriento de que la justicia actúe.
Más de un año después, con 236 muertos, la justicia sigue barajando y pasando las cartas. Cada día que pasa hay un pueblo con mayor sed de respuesta, cargado de impotencia, atado, amarrado, apenado, sufriendo la burla del Estado y de los poderosos que mueven las fichas. Una justicia que parece funcionar solo para los pobres. Todos saben que detrás de las víctimas también hay familias con recursos, al igual que los propietarios de la discoteca Jet Set —los Espaillat—. La desesperación de quienes sufren puede desencadenar hechos aún peores; es momento de detener esta inercia.
Desde aquel trágico accidente ocurrido en la madrugada del martes 8 de abril de 2025, donde perecieron 236 personas, la justicia ha sido capaz de condenar a miles por delitos menores; personas que quizá no han matado ni a una gallina. Sin embargo, en el caso de la discoteca Jet Set, ha resultado extremadamente difícil identificar responsables. Ni los 236 muertos ni los más de 180 heridos han sido suficientes.
Con este fatídico hecho, la justicia dominicana sigue acumulando años de descrédito, rencor social e indignación colectiva. Una masa de ciudadanos dolidos, impotentes y cansados podría reaccionar de manera impredecible. Los familiares de las víctimas, y el pueblo en general, sienten cada día más frustración ante las trabas y dilaciones judiciales en el caso Jet Set, donde 236 muertos aún no bastan para encontrar culpables.
También es evidente que los ricos y poderosos, que ni entre ellos se respetan, encuentran grietas en el sistema. Una catástrofe por negligencia debería acarrear consecuencias ejemplares. Sin embargo, en la República Dominicana no ha sido posible determinar responsabilidades por la muerte de 236 personas y más de 180 heridos. Ahí entra lo “sabroso” del país, ese discurso repetido: “yo estoy pegao, yo estoy en el gobierno”. Se suponía que esos tiempos cambiarían.
En los últimos años de su vida política, el doctor Joaquín Balaguer decía: “No oigo nada, no veo nada – soy ciego y mudo”. Hoy, la llamada justicia independiente parece no ver ni escuchar a los culpables de esta tragedia, 236 personas murieron y más de 180 resultaron heridas, ciudadanos que solo buscaban compartir, socializar y divertirse, sin imaginar el destino que les esperaba.
Excelentísimo señor presidente Luis Abinader Corona: el pueblo dominicano ha creído en usted en más de una ocasión y puede seguir haciéndolo. Pero ya está bueno. En usted descansan los destinos de la nación. Los dominicanos continúan confiando en su presidente; esté seguro de que el pueblo no se equivoca. Sin embargo, cada día se sienten menos seguros, más solos. La impotencia de los familiares de las víctimas, el pueblo podría estallar en cualquier momento. No es un secreto que los Espaillat son empresarios prósperos, pero la familia del pueblo es mucho mayor. Ignorar eso es un riesgo público.