Juana Trinidad (Juana Saltitopa)
Por: Sergio H. LantÃÂgua
Pennsylvania, USA. Reanudamos nuestro quehacer literario, persistiendo en el tráfico de las semblanzas preponderantes de nuestra historia y ya repuesto partialmente de el engorroso escollo, o resquebrajamiento anÃÂmico que supone el haber aunado nuestra exacerbación a la banderÃÂa descalabrada en los comicios acontecidos.
Como todo buen Dominicano, acostumbrado a recibir golpes bajos de la vida, tanto en el prado de la polÃÂtica, como entre amistades, la familia, etc., una vez más, acatamos el dictamen manifestado en las urnas por esa colectividad reverenciable, quienes nos diesen a entender enfáticamente con su edicto, que la situación polÃÂtico-económica de nuestro paÃÂs, no es tan desastrosa como entendÃÂamos. Evidenciando una vez más, que las apariencias, son meras ilusiónes ópticas y pseudo-masoquistas. No la médula de la materialidad vigente. Con lo cual atrancamos el capÃÂtulo de la carestÃÂa moral y cÃÂvica existente entre el proletariado coterráneo.
Hemos arribado a la inferencia confirmativa, de que valió la pena destinar el empeño privativo, el lapso inversivo, gestionando concurrir nuestro altruÃÂsta gránulo de arena a la presunta disolución o solvencia de los conflictos que tangible o hipotéticamente, perjudican a ese segmento mayoritario de nuestra sociedad desposeÃÂda. Porque entendÃÂamos, que la camarilla crapulosa-poderhabiente, no es lo que nuestro paÃÂs, indubitablemente amerita y que éste arquetipo de postura discrepante adoptada por este servidor, solo podrÃÂa acarrearnos antagonismos gratuitos, por ende, estorbosos a nuestra retórica propensión.
Por lo tanto, éste escribano, ha tomado la correlativa determinación de destinar su tinta y pluma para escribir venideros artÃÂculos monogenistas al arte y trascendencias históricas, finiquitando de ésta manera, el capÃÂtulo de su transitoria incursión en la polÃÂtica criolla.
«My Political Farewell» (mi despedida polÃÂtica) con el deseo ferviente de que la poniente menstruación gubernamental, les sea benevolente, encomiable y beneficiosa a todos. Ojalá y que Dios tenga piedad de vosotros.
Mientras tanto, continuaremos laborando desde aquàen nuestro conuco prosista en donde nunca debimos haber sembrado o crecidor otro plantón, que no fuese parangón a nuestro surco ya establecido.
Nos despedimos con el mismo afecto de siempre, ya sobrepasado el escollo sin albergar ni una pizca de animosidad en su contra por el fiasco.
Desde Pennsylvania, USA.
Sergio H. LantÃÂgua (Hijo de Sergio LantÃÂgua-El Relojero)
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JUANA TRINIDAD (JUANA SALTITOPA) «LA CORONELA» – SU BIOGRAFIA
De acuerdo a sus historiadores, Juana Saltitopa, fué parida, en Jamo, sección de La Vega, durante el párrafo de la usurpación haitiana, en cuyo lapso: «la agricultura prosperaba a pesar de lo infecundo de la jurisdicción«.
En medio de esa vida vegetativa, creció Juana, vivaracha y saltarina, de donde le vino el mote de «Saltitopa«, pués le gustaba trepar árboles para cosechar sus frutos y saltar de rama en rama, junto a su hermana Mercedes, quien era su antÃÂtesis; por ser de propensión sosegada , antagonista a las aventuras descabelladas. Sus crónicas – las de Juana, sugieren, que sus logros personales, no sobrepasaron los quehaceres domésticos.
Juana Saltitopa, era de un carácter anómalo para su época, liberalesca, montaraz; burda en sus ademanes y conducta, imponiendo sus criterios y fatuidades, hasta en los mozuelos que por su edad se veÃÂan obligados a ingresar al servicio de conscripción militar, impuesto por las autoridades haitianas intervencionistas, al cumplir la edad de los 16 años.
De allàemergieron las milicias cÃÂvicas en la Era de la Ocupación. El Jamo, no era una excepción y asÃÂ, se establece como Marcos Trinidad, tÃÂo de Juana, para 1843, con grado de Capitán, y comandante de la CompañÃÂa de Milicianos del Jamo, participa en las luchas independentistas, las que le darÃÂan fama y resonancia de ardoroso patriota y combatiente audaz.
«Mujer de un carácter obcecado y machorro con pronunciado talante para los trances propios de hombres; Juana, instantáneamente quedó prendada del ardor bélico que flotaba en aquel centro urbano (La Vega), mientras se construÃÂan apresuradamente defensas, se desempolvaban armas antiguas y se recolectaban machetes para enfrentar al Ejército invasor«.
Cuando en Marzo de 1844, y ante el inminente advenimiento de las tropas haitianas que se encaminaban hacia Santiago; en esta ciudad, mientras tanto, se congregan las tropas de comunidades aledañas, incluyendo La Vega. Llegadas las tropas Veganas, entre las que figuraba la gente de Jamo, capitaneada por Marcos Trinidad; Juana, su sobrina, concurrió al cuartel de sus comarcanos con la resolución de participar en la lucha que se perfilaba en calidad de soldado voluntario.
La batalla de Santiago, tuvo su inauguro, al mediodÃÂa de aquel 30 de Marzo. Se dice: que Juana, en el fragor de la lucha, ocupaba su puesto entre los combatientes, estimulándoles con frases y ademanes incitantes. Recalentados, los cañones de la lÃÂnea de fuego donde ella participaba, sin vacilar, se dirigÃÂa al rÃÂo Yaque, repetidas veces en busca del agua que pudiese refrescar las baterÃÂas ya al rojo vivo por el constante cañoneo; demostrando su atrevimiento, que por ende, mantuvo en alto la moral de las tropas.
De acuerdo al historiador Dr. Alcides GarcÃÂa Lluberes: «Tuvo suma importancia, el papel que desempeñó la artillerÃÂa en la tan famosa refriega. Fueron las perentorias de aquel arma tan eficaz, el incentivo creador de las heroÃÂnas de la batalla, pués Juana Saltitopa (a) La Coronela, arenga y compele a que la emulen toda una caterva de abnegadas Santiaguenses, quienes durante el fragor de la batalla, mermaban la sed de aquellos monstruos de bronce, ya caldeados por la violenta y prolongada contienda, cuando no podÃÂan seguir funcionando sin que fuesen enfriados.
Menciona el historiador Don Rufino MartÃÂnez: «Por su comportamiento, liderazco y coraje contagiante en ese memorable acontecimiento, sus camaradas le llamaron: «La Coronela«, mote que fuese su distintivo de combate en lo sucesivo.
Terminadas las campañas libertadoras por la Independencia, las actividades de «La Coronela», fueron resumidas a la vida privada, distanciada de toda actividad polÃÂtico-militar.
En un artÃÂculo publicado en «El Progreso«, La Vega, el Dr. Jovino A. Espinola – Historiador – reprodujo el testimonio de BrÃÂgida Minaya (Mamá Billa), quien relató lo siguiente: SÃÂ, Juana, en ese tiempo, era una mujer más valiente que muchos hombres; les cuento, que en una fiesta que dieron en «La Gina Mocha«, (el autor asume que éste lugar serÃÂa alguna hacienda Vegana), yo presencié que Juana, tendió largo a largo de una bofetada, al señor Bartolo Pérez, porque este trató de propasarse con ella, echándole el brazo alrededor del hombro, halándole una trenza. Debo decir también, que en Santiago, ella peleó mucho contra los franceses prietos (Haitianos). En esos pleitos, Juana, echaba pa’ lante a los hombres que se acobardaban, atendÃÂa a los heridos, le pasaba agua a los combatientes para que calmaran su sed y refrescaran los cañones, les llevaba pólvora en su delantal o en su pañuelo a los artilleros y les cantaba coplas a los soldados para que se mantuviesen en estado de alerta, ya extenuados por el esfuerzo.
Fué en un acÃÂago dÃÂa, al encomenzar la década del 1860, que Juana Trinidad «La Saltitopa» – «La Coronela Inmortal», mientras regresaba de su lar nativo, su campiña del Jamo – la que jamá volverÃÂa a ver – pués murió obscuramente asesinada entre Nibaje y Marilópez, en las cercanÃÂas de Santiago de los 30 Caballeros, el hidalgo pueblo que adoptó como suyo, tras de haberse consagrado allàcomo una protagonista epónima, casi legendaria en la gesta gloriosa de la Batalla del 30 de Marzo del 1844.
Para no extraviar la habituación, les remesamos esta minucia poética.
SOLLOZOS
COMO LA ROSA DEL HUERTO CUYOS TERSOS PETALOS
SE ACICALAN CON EL ROCIO QUE SUPURA LA MAÑANA
ASI ES MI AMADA CUANDO DE ANGUSTIA BROTAN
COMO PERLAS – LAGRIMAS DE SUS ENDRINOS OJOS




