HOMBRE DE INAGOTABLE ESPÍRITU Y TESÓN DE TRABAJO

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Papito Bomper siePor: Marcelo Peralta y Juan Pablo Bourdierd) JPB)

Sabaneta, Santiago Rodríguez. – Rafael Silvestre Vargas, nació el 1 de mayo del años 1936, posee un inagotable espíritu de trabajo y la actitud dialogante que siempre muestra en su labor para conservar sus clientes, es digno de valorar.

El «Indio» como lo conocen muchos, lleva toda una vida entera fabricando y reconstruyendo zapatos a sus parroquianos del municipio de San Ignacio de Sabaneta.
Con este oficio y la ayuda de su esposa, pudo levantar una familia de varios miembros, que a la postre, son profesionales.

Sus amigos y relacionados lo bautizaron como Bompèr Sieur.

Ha hecho de su oficio una costumbre y un ejercicio con responsabilidad.

Desde muy joven «Papito el Indio», quizás por necesidad y la carencia de un trabajo sólido lo obligaron a tomar este oficio para captar recursos y honrar sus compromisos hogareños.

Antiguamente, se esperaba que el «hijo del carpintero fuera también carpintero».

Aquí la frase acuñó y dos de sus vástagos intentaron ser lo mismo que su padre «arreglar zapatos» pero optaron por tomar otros oficios.

Estos dos hijos, a tiempo reaccionaron y obviaron la frase de que el hijo del «zapatero también tiene que ser zapatero».

El sentido del trabajo le hizo cambiar de idea y hoy laboran en otros oficios más rentable.

Hace muchos años, cuando operaba en la zona la Sociedad Industrial Dominicana-Manicera- que tenía sus instalaciones en el barrio La Sabana, Vargas trabajaba allí.

Acabada la zafra de siembra y recolección de maní, Papito Vargas, retornaba a su oficio habitual.

Por su seriedad «Papito Cacán» en la reparación de calzados fluían siempre clientes.

Este oficio ha ido disminuyendo por la entrada por la frontera dominico-haitiana de calzados usados que llegan a Haití desde diferentes naciones como «ayuda».

Esta situación está llevando a Vargas a perder su patrimonio, pero igual la crisis económica de la zona lo lleva a una marcha acelerada.

La gente ya no «remienda zapatos», sino que va a los mercados de las «pulgas» y allí se nutre con poco dinero.

Sólo algunos parroquianos que quieren conservar algunos de sus calzados optan por repararlos.

Las perspectivas de «El Indio» para sobrevivir no son halagüeñas.

Cada día pierde clientes y el trabajo va desmejorando a tal paso que este oficio podría caer de un momento a otro.

Los medios de subsistencia en Sabaneta son muy limitados.

Quizás los momentos de pérdida material sirven para repensar.

Luego de pasarse una vida entera reparando calzados como un patrimonio personal se ha visto reducirse a niveles alarmantes.

Y no se trata de decir que las uvas estaban verdes.

Si alguien perdió su casa y su trabajo muestra que está preocupado por el dinero.
Pero para la mayoría de la gente que vive en un estado de bienestar este no es el caso.
Esto no es en general República Dominicana que ante la crisis en que viven millares de hombres y mujeres, que se quedan sin empleos.

La gente no puede pagar el seguro médico y no tiene seguro de desempleo.

En este país ser pobre es un delito capital.

Pero, hay otros casos de la pobreza que no se nota en la vida cotidiana.

Los trabajos dignos y decorosos se han ido evaporando en la población de San Ignacio de Sabaneta y sólo quedan en las manos y el control de familias enteras.

En estos momentos, lo que vale destacar es que las cosas más importantes de la vida como la amistad y la familia, no deben cambiar con las subidas y bajadas del desempleo.

La familia hay que mantenerla unida pase lo que pase.

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