Héctor Mayobanex Gómez en el salón de la fama Dominicano

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Por: Marcelo Peralta y Juan Pablo Bourdierd (JPB)

SANTIAGO RODRIGUEZ, R.D.- Recientemente, la provincia Santiago Rodríguez, acaba de tener un importante logro al ser exaltado al Salón de la Fama del Deporte Dominicano uno de sus grandes atletas, el beisbolista Héctor Mayobanex Gómez-Come Azúcar.

Muy raras veces, por cultura y tradición, en la República Dominicana una persona que sobresale en algunos de los campos deportivos con muchos obstáculos para ser reconocido en vida, sino después que «son grandes muertos».

¿Y para que dignificar a un hombre o a una mujer que ha muerto?
Desde mi percepción, no creo que desde el ataúd vaya una persona a percibir la emoción que da entregarle un reconocimiento en vida a un ser humano.

Respecto al lugar que ocupa ahora Héctor Mayobanex Gómez, que ahora entre los grandes, pero para los sabaneteses él es el más grande por ser de nuestra tierra.

Ahora está en la cima, es un justo reconocimiento, ya que lo recibe en vida y cuando desaparezca físicamente lo llevará en lo más adentro de su corazón.

En vida lo disfruta, puede mostrarlo a su esposa, sus hijos, hijas, nietos, amigos, amigas, familiares y allegados.
«Pero desde que el corazón deje de latir y se halla una figura ilustre».
¿Qué?.
Aparecen los acahuetes, que sobran por demás a hacer reconocimientos después que la gente se ha muerto
¿Y para qué?
¡Después de muerto!
Es en el globo terrenal que se necesita.
Muy merecido para «Come azúcar» la exaltación por parte del Salón de la Fama del Deporte Dominicano.
Ahí su foto descansará para siempre.

Pasarán muchos años, si la historia de Santiago Rodríguez lo registra para que resurja un pelotero de las cualidades de Héctor Gómez.
No todos los días aparece un atleta poseyendo sus cualidades.

Personalmente lo dudo que renazca en mi tierra un jardinero y receptor con la capacidad de hombre como es batear para promedio, tener poder, robar bases, elegancia con el madero y atrapar la pelota.

Detrás del plato, poseer una defensa envidiable, ser un líder dentro y fuera del terreno de juego, y mucho menos que provenga de una provincia tan pobre y olvidada, pero con dignidad como lo es la de Santiago Rodríguez.

Los placeres que da el poder no llegan a los niños, adolescentes y jóvenes que practican deportes en Santiago Rodríguez.
El caso de «Come azúcar» es una de esas excepciones.
Por sus condiciones llegó al Salón de la Fama del Deporte Dominicano.

Como sabanetense me lleno de orgullo decir que soy de la tierra y del barrio «BOLSILLO» cuna y asiento de HECTOR MAYOBANEX GOMEZ.

Al Salón de la Fama del Deporte Dominicano es el espacio reservado y es donde sólo los grandes del deporte del bate y la pelota pueden llegar, no adulando ni arrodillándose a nadie, sino por sus facultades.

Gómez, puede decir que vive en paz consigo mismo, porque ya tiene asegurado su lugar que sólo logran los inmortales, donde millares de ojos humanos observarán su fotografía.

Puedes decir ya «Come azúcar» que logró su peldaño y un pedestal.
«Ahí descansará hasta la eternidad»
Con su exaltación al lugar de los inmortales, el genial receptor y jardinero puso en alto a su provincia bautizada como «Cuna de la Restauración de la República»
La grandeza de Gómez, que comenzó su formidable carrera como beisbolista con equipos de Santiago Rodríguez jugando en condiciones inhumanas, «porque así lo requerían las circunstancias». Pero llegó y lo hizo bien.
Llegó a profesional, a la vez jugando en su tierra República Dominicana y en el extranjero, cosechando lauros.
Jugando para una selección dominicana, no en vano asistió a Cuba en el año 1973 y por una gran atrapada, fue premiado en persona por el Presidente Fidel Castro Ruz.
Gómez, defendiendo el jardín central, atrapó un batazo que salí del play y con un hombre en tercera salió en pisa y corre y lo sacó de circulación.
La pelota lanzada por Gómez, fue recibida por el cátcher dominicano Juan Piñao Ortiz.

El Presidente Fidel Castro que observaba el juego, se paró de su asiento, requirió un guante, lo firmó, bajó al terreno y se lo entregó a Héctor Gómez.
El mandatario terminó su proceso y retornó a su asiento, terminado de ver el juego, pero su selección cayó vencida por los dominicanos.
Ni más ni menos, así sucedió.
Héctor Gómez como atleta fue un auténtico maestro del bate, el mascotín y el guante.
Lo extraordinario de Gómez era su habilidad batear y atrapar la bola detrás del plato sin importar lo incómodo de los lanzamientos.
Ayudó a los equipos para los cuales jugaba a ganar muchos partidos con sus kilométricos batazos de cuatro esquinas, en ocasiones de aprietos.
Por eso fue un jugador que no tiene nada que envidarles a sus colegas de la misma posición que están en el Salón de la Fama del Deporte Dominicano.
¡Héctor tú fuiste un grande y ahora es más grande!
Su escogencia te cayó como anillo al dedo y en la hora buena para el béisbol amateur de tu provincia Santiago Rodríguez.

OBSERVACION
En la provincia Santiago Rodríguez, una de las más pobres de la República Dominicana por la falta de fuentes de ingreso para sus miles de hombres, mujeres, adolescentes y jóvenes carentes de oportunidades para que desarrollen sus cualidades.

Estadísticamente, en las unidades de la República Dominicana, está plasmado que una de las provincias del país de menor población que las metrópolis que más profesionales tiene en las diversas áreas es Santiago Rodríguez.

La gente de la tierra del bravío general Santiago Rodríguez; del ínclito y también general José Cabrera y de otros prohombres sobresalientes en la gesta restauradora del año 1863 ha parido y sigue hombres y mujeres de buenos sentimientos, cualidades al granel, solidarios, honestos, estudiosos y trabajadores poniendo de relieve a las demás localidades del país.

En su caudal de profesionales posee excelentes médicos, abogados, maestros, veterinarios, ingenieros, arquitectos, contadores públicos, locutores, periodistas, catedráticos universitarios, entre otras áreas.

Muchos de esos celebros han tenido que emigrar a pueblos adyacentes, y unos tantos al extranjero por la falta de oportunidades para desarrollar en la zona sus conocimientos adquiridos.

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