El sueño de un serrano

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Dr. Bienvenido Segura - Director Provincial de Salud (DPS).

Por: Dr. Bienvenido Segura
Las gotas de sol penetraban a través de las hojas de los árboles que cuidaban el traspatio de la casa de madera y palma construida por las manos arrugadas en la orilla del camino. Como siempre, aquel día había comenzado en la madrugada porque había que recoger la leña para prender el fogón y preparar el primer café de la mañana.

El humo de los cigarros se mezclaba con el que salía de entre las grandes piedras que dormían por largos años en un rincón de la cocina. Aquel día, los muchachos se tiraron de la cama y apenas se enjuagaron la boca, se lavaron la cara y se estrujaron los sobacos porque el agua se congelaba en las poncheras y en los jarros.

La escuela estaba cerrada porque el tiempo era dedicado a la cosecha y a la recolección del grano aromático que un año atrás se había vendido a la flor. Como de costumbre, los sueños de la noche se contaban con la oscuridad de las primeras horas y el silbido de los espíritus rondaba las orejas en el momento en que los muertos se levantaban de los improvisados cementerios.

En su niñez él era de cuerpo diminuto con una pronunciada delgadez de pelo negro, chorreado y abundante. En su rostro resaltaban unos ojos que se movían con la misma velocidad de la luz. Su inteligencia natural sobresalió desde el mismo día que el sacerdote puso sus manos benditas sobre la mollera de su cabeza y sus padrinos le pidieron a Dios que ilumine su vida.

De pequeño le dolía el hambre de los otros y sufría en el alma las penurias y las necesidades de los demás. Desde niño se alimentó en la pobreza y el vivir con ella le enseño a amar a los pobres. Y se quitaba el bocado para entregarlo y oraba para sanar la enfermedad del postrado. En la pequeña escuela de su campo compartía su cuaderno y su lápiz y en su silla sentaba compañeros y amigos.

Aquel día, el bulto de hule y macario repleto de sueños yacía en la cama de palos y tablas y le toco partir dejando atrás las voces de su infancia envueltas en un colchón de guata y hojas secas. De sus padres, recibió la bendición hincado en el suelo y con sus ojos cerrados miro al horizonte y emprendió su camino acompañado de Dios a construir futuro…y alcanzo la meta.

Las ancas del mulo le transportaron sin contratiempos y un poco más adelante la boca de los ríos se abrió al porvenir en el mismo instante en que la lomita se empinaba ante las huellas de La Leonor y los aguacates maduraban en el camino de la Cidra, Cenovi y Palmarejo.

Su cruz la lleva en la frente y en el centro de su pecho late la nobleza y la bondad. Su riqueza es de amor y la solidaridad la construye cada día al despertar. Sus palabras de aliento las vierte en el silencio y se elevan al cielo. Su sencillez no daña ni ofende, pero sí escucha, entiende y comprende.

El rocío se petrifica en las ramas verdes y amarillas pero nunca deja de tender sus manos de pan al menesteroso y al que está por caer.

La luz de la estrella se mezcla con el purpura de sus ideas para gestionar y diligenciar con éxito a favor del colectivo social de sus raíces, incubando en su cuna restauradora los sueños de progreso y bienestar.

El morado es su morada…y desde el senado seguirá ayudando.

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