El pasado duele, pero no condena

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Marcelo Peralta MonumentoPor: Marcelo Peralta

El desplazamiento hacia otros pueblos de los auténticos moradores de la provincia de Santiago Rodríguez, avisora crecerá con mayor dureza en el año 2011 que el que recién subyace en agonía como es el 2010.

Sus causas se basan por razones económicas y sociales debido a la falta de perspectivas en el sentido de que desde el Estado Dominicano no se perciben señales de construir obras de gran envergadura a fin de generar fuentes de ingreso en la zona.

La provincia de Santiago Rodríguez ha sido asumida por todos los gobiernos en la miseria extrema, donde los aspirantes a cargos congresuales, presidenciales y municipales sólo se ocupan de captar votos en los comicios para llegar al solio, aprovechando la ingenuidad ciudadana y desde su posición etiquetarse y perpetuarse en el poder.

Aunque el pasado duele, pero no condena y ésta es la oportunidad para que los moradores de esta provincia unifiquen criterios, formen bloques de entidades comunitarias con el objetivo de hacer prevalecer sus derechos ante los representantes del Gobierno nacional, del municipal y de los congresistas.

Hay quienes consideran que hay que luchar por los fragmentos de la unión en la provincia, una revolución social donde el Estado y el gobierno nacional en sí sepan que los habitantes de aquí son importantes y no sólo en tiempos electorales.

Que se hagan rebeliones populares e ideológicas que tiendan a sacudir las estructuras tradicionales estatales con la finalidad de que los gobiernos inviertan recursos y se dejen de concentrarlos en las grandes metrópolis como es la ciudad de Santo Domingo.

El voto que depositaron los habitantes de Santiago Rodríguez para favorecer al Presidente Leonel Fernández, a los diputados, síndicos y senadores, tiene el mismo valor o quizás más que los depositantes de la ciudad de Santo Domingo, Santiago, La Romana, La Vega y otras.

Se impone el resurgimiento de las luchas sociales sin lesionar los derechos de las personas, sin atropellar el medio ambiente, exigiendo las obras con altura, pero sin dobleces.

Recordando al ecuatoriano Juan Montalvo cuando decía que «la libertad y la Patria en la América Latina son la piel de carnero con que el lobo se disfraza».

Los políticos de Santiago Rodríguez que han ostentado la representación congresual ofrecen hasta sus estómagos para que la gente voten por ellos, pero después que llegan le da «ceguera en los ojos para no ver a quienes sufragaron en los centros de votaciones».

Pese a los cambios en el sistema político de la provincia del bravío General Santiago Rodríguez ha sido y sigue marginada y explotada, convirtiéndose así a sus gentes en la paz de la cárcel, debido al estado de miseria, falta de agua, de industrias que generen fuentes de ingresos para la sobrevivencia humana.
Las autoridades en su mayoría son figuras decorativas, porque muchas quisiera hacer obras, pero se le «ata» desde el mismo Palacio Nacional, le boicotean proyectos y en ocasiones, ni dejan que lleguen hasta cerca del Presidente de la República para tratar esos males, sin importar quien este administrando la Nación.

Afecta esta situación a miles de moradores de Santiago Rodríguez, esas actitudes de funcionarios palaciegos.

Ellos creen que solo los moradores son importantes en las elecciones y después reciben los más brutales castigos y humillaciones de tal forma que algunos de los oprimidos «que cuando le dan látigo, temblando en el suelo, se levantan agradeciendo a sus verdugos, ya que son beneficiados con «cajitas» y 200 y 300 pesos»
«Utopía y paradoja de la vida».

Se cuentan por miles los niños, niñas, adolescentes, jóvenes y adultos de todas las edades que al día no reciben una gota de agua por las tuberías del acueducto, pese a ellos y a las enfermedades que acarrea el uso del líquido, el Instituto Nacional de Aguas Potables-INAPA- cobra las facturas de los tubos secos.

Las cosas positivas para sus habitantes se han logrado, porque aquí lo que hay es desunión, los políticos oprimiendo, aspirando a puestos más elevados y destrozando a la población impunemente por los impuestos que tienen que pagar al fisco.

Esta humilde tierra compuesta por hombres laboriosos, estudiosos al igual que mujeres sobresalientes en diversos ámbitos se resquebrajan, arropados (as) por las calamidades y desventuras a que lo han sumido los políticos del patrio.

Parece que la inteligencia de los hombres y mujeres de Santiago Rodríguez que ha encumbrado a muchos hasta el mismo cielo y cuyas prácticas caminan a un paso con la moral, sus pechos arden siempre, su corazón celoso salta con ímpetus de exterminación, porque los foráneos se han adueñado, acuñados de las mejores posiciones públicas por los entrelaces politiqueros.

Hay forasteros que ocupan cargos importantes que debían estar bajo el control de nativos.

Ese grupo de extraños, etiquetados en el solio se convierten en comerciante de carne humana, que compran y vende conciencia, para inclinarse a sus adversarios y poner de su parte la razón, aunque tengan que venderle el alma al mismo «Diablo».

Esos oportunistas políticos son vistos como hipócritas en sus discursos, ya que tienen ejércitos para sojuzgar, y sólo así creerse que avanzan en paz.

Nativos, sin importar su antepasados, su ética y apoyado en su «ego» se dilatan por los mares, se apoderan de todos los estrechos, dominan las fortalezas más importantes para masacrar a los demás y sólo así creen tener «paz».

No obstante, aunque la práctica siempre tiende a contradecir los principios éticos, no por casualidad las leyes morales más básicas son prohibiciones, en el sentido de que la ola imparable de la utopía humanista continua imponiéndose paso a paso, como el principio de unión en la igualdad, o la «fusión de las razas en una misma civilización».
«Los políticos son todos yagua del mismo paquete y de tal astilla tal semilla»

La misma historia de la provincia Santiago Rodríguez debía ser un proceso universal para unir a todas las fuerzas de trabajo, en la libertad, en la igualdad y en la justicia social.

Pero, los ideales adversos los transforman y al ocupar un puesto en la administración pública son los primeros en tomar el látigo y castigar a quienes los cogieron en su «santo seno» para luego despotricarlos.

Decía el apóstol José Martí que en Cuba «no había odio de razas porque no hay razas», sin embargo, esta postura se trata más de una aspiración que de una realidad.

La lógica se reproduce en la dinámica doméstica, en el sentido de que cuando un patrón tiene dos o más obreros, se decide poner trabajadores sin sueldos para que se quede con uno y arrienda los restantes, cual si se tratase de un caballo ó de un perro, con la pequeña diferencia que al perro y al caballo se les aloja en una caseta de madera ó en una cuadra y a ambos se les da de comer.

Quizás esté de más decir que ser humano no es sólo biología ni es sólo psicología, aunque estamos construidos por una historia, la de la humanidad que nos crea como sujetos.

Pero el individuo y el pueblo pueden, con su influencia de contexto y de su historia, de su tiempo, de su propia libertad siempre en potencia que, por mínima y condicionada que sea, es capaz de cambiar radicalmente el curso de una vida.

Ante estas realidades, no obstante, que las utopías humanistas aparecen como «estafas» porque a ello es que nos conducen los políticos.

Para lograr la Independencia de sacar a los haitianos y crear la República Dominicana para legitimarlo, «se aplicó el patrón aristocrático que ha sido el más vigoroso modelador de las culturas latinoamericanas a lo largo de toda su historia».

Así surge la idea de víctima-pasiva y en lugar de luchar con criterio contra males como los descifrados más arriba se recurre a esta muleta para justificar por qué hemos sido despojados de los puestos locales por forasteros.

Muchos de estos males recaen sobre las espaldas de muchas de las autoridades que hemos tenido y que tenemos, por congraciarse con forasteros por un «voto» en las urnas en tiempos electorales.

«¿Cómo nativo de la provincia Santiago Rodríguez estoy engripado con muchos de estos males?.

La culpa de que los extraños nos sentimos desplazados de los puestos públicos es de todos y en gran parte de los políticos.

Otros se entregan en cuerpo y alma por desconocimiento y favoritismo, por la venta de conciencia por una»cajita» conteniendo productos comestibles de las que regala el gobierno, que a la postre no le dura dos días, así como por 200 y 300 pesos que dan los políticos.

Los individuos y los pueblos deben convertirse en paradigma y rechazar de «cuajo» cualquier representación de sí mismo como víctima, como planta y como bandera que ondea el viento.

Aún hay tiempo y podemos recuperar lo perdido, si nos aunamos y tomamos conciencia.
El pasado duele, pero no condena.

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