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El niño y el río Yaguajay

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Sergio Lantigua trujilloPor: Sergio H. Lantígua.
De la faldiquera de la brumosa serranía, emergió esa minúscula hilacha acuosa de aquel manantial luego arroyuelo, y que a trechos agigantados, se transmutara en caudaloso río, avanzando ágilmente, serpenteado entre valles y montañas para sacramentar con sus santificadas aguas, las tierras aledañas a nuestra ubérrima comarca sabanetera… El río Yaguajay!

Equidistante por milenios, la fantasía de los antiguos griegos, relacionaba como de una fuente o río mitológico, el origen de su prolífica y erudita poesía. Hacemos la cita emblemática, pués la mitología griega afirmaba, que de un paraje boscoso del monte Parnaso brotaba la fuente Castalia, cuyas aguas, estaban consagradas al dios Apolo, protector de la música y la poesía y su coro de nueve hermanas, las «musas». Según el extemporáneo relato, se dice que los poetas de aquella época, solían acudir a éste lugar a beber del agua que debería estimularles la inspiración.

Desde entonces, los poetas, llamaron «Locus amoenus-lugar idílico» – a las campiñas edénicas que describiesen en sus poesías; exteriorizando así, su deferencia por la naturaleza.

Dante Alghieri, el más descollante de los poetas medievos y quien fuese el autor de la «Divina comedia», plasmó su imaginario viaje al mundo de ultratumba, relatando que a poco de iniciado su camino, él, y Virgilio, su acompañante, llegaron a la orilla del río Aqueronte, que según, era la frontera antes de arribar al infierno y que allí vivieron uno de los más sobrecogedores episodios del poema; aquello, porque de improviso se les apareció Caronte, el barquero – que concordante al mito griego – estaba encargado de cruzar en su barca las almas de los fallecidos hasta la orilla opuesta, donde serían juzgadas.

Fuentes y ríos, siempre han sido patentizados en la poesía desde la antigüedad, como símbolo de la vida y del transcurso inexorable del tiempo. Los poetas, del siglo XX, han dado una expresión moderna a este arqueológico testamento poético, como Gerardo Diego, y Federico García Lorca – por citar algunos- quienes recrearan en sus versos las aguas de un río metafórico en que parecía fluir la vida subjetiva de estos poetas.

Así, con este alegórico y erudito padrinazgo, hemos querido bautizar la introducción de nuestro humilde homenaje a esa fuente de agua milagrosa a quien vigentes y pospretéritas generaciones de sabaneteros, le han remunerado su filantrópica servidumbre, deforestando sus ribazos y contaminando sus purificantes y cristalinas aguas.

EL NIÑO Y EL RIO YAGUAJAY
Sentado en una margen del río, un niño, conversaba con el murmullo de la muda corriente
Quería preguntarle sus secretos, aspiraciones futuras y hacia donde se dirigía tan de prisa
Donde había nacido, que si tenía padres como él, si era huérfano y si había pasado hambre
Que de donde extraía toda el agua que corría por sus venas, si alguna vez había padecido sed
Porqué cada río nace y muere en un lugar distinto y nunca cambia el rumbo fijo de su cauce
El porqué devastaban sus frondosas riberas aún sabiendo que los árboles eran sus pulmones
Que si fueron sus padrinos al bautizarlo quienes le entrecogieron el nombre sin preguntarle
Porqué su corriente siempre iba hacia abajo y solo cambiaba de curso cuando le represaban
Que si se miraba en el reflejo de sus charcos y porqué algunas veces andaba todo miñambre
El porqué casi nunca marchaba derecho sino dando curvas, si él nunca tomaba de sus aguas
Le preguntaba el porqué a veces le veía bajar sucio, si era porque sus padres no le bañaban
Y porqué si todo el tiempo era desbravado cuando hacía sus crecidas se convertía en diablo
Porqué se pasaba la vida caminando por las orillas del pueblo sin atreverse a entrar al centro
Porqué cuando la lluvia torrencial enchumbaba su cabecera bajaba todo revuelto y enojado
Si sería su destino impredecible como él, crecido a veces, otros sedientos como el caminante
Hoy, el niño, ya no es un niño, ya está avejentado, como su confidente, al que aún recuerda
Ahora acarrea un gran frío en el alma, y camina arrastrando los piés como su amigo, cansado
Será porque se nos escapara el tiempo por andar caminando sin que nos diésemos cuenta?
Segundos, minutos, horas, días, años. Me pregunto: Si me habrás extrañado como te extraño?
Entre tanto hemos visto discurrir la vida y derramado lágrimas tan profusas como eran tus aguas
Ahora, ya transcurrido el tiempo y habiendo visto caer un raudal de inviernos sin haber olvidado
Cuando todavía un niño, me sentara a tus orillas y te preguntase: Porqué Yaguajal y no Yaguajay?

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3 comentarios

  1. Hermano Sergio:
    Hermoso poema, retratando una conversación de un ser animado con un inanimado( así nos lo enseñaban nuestros maestros en la clase de Español, Doña Olga, Guello, Rafael Saint-Hilaire y otros mas). Cuánto amor a nuestro río le p

  2. Mi fidedigno amigo Ricardo: La vida es una antinomia, porque a veces pienso, que de haberme postergado en Sabaneta, quizás hubiésemos tenido la gran fortuna de recepcionar el rendimiento pedagógico de esos descollantes miembros de nuestro magister

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