El Ganador cae Vencido

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Por Robert Núñez Cabrera

¿Cuándo fue la última vez que usted resaltó las virtudes de su pareja? De seguro no recuerda, da muy poca importancia a esas nimiedades, no hace esfuerzos por agradar al ser que comparte con usted las penas y las alegrías.

Piensa que ser cariñoso es de pusilánimes, por cursilería, no cede y pretende que la mujer ande un paso detrás, como en algunas sociedades.

Deleitar su pareja debería convertirse en un culto, mientras mas años juntos, mas intensos deberían ser los agrados, porque mas tiempo nos han soportados.

Pero no es así, mientras más abnegadas, menos reconocidas, mientras mas trabajan por la familia, menos satisfacciones reciben.

Nos paren, nos amamantan, nos miman, nos crían, nos educan, nos dan placeres sexuales y procrean con nosotros para mantener la especie humana y todavía tratamos de ignorarlas.

Felizmente, estamos en la era del conocimiento, el sexo pura y simplemente no da la autoridad, la inteligencia es la preeminencia y la mujer, aun con todas las responsabilidades hogareñas, ha conseguido superarse y ponerse a la par en un mercado diseñado para hombres.

Aun con tantos infortunios, la hembra ha logrado conservarse sincera, apasionada, sublime y cariñosa, con inocencia espera ser correspondida.

Algunas lo logran, a otras la vida las une a hombres que carecen de la sensibilidad para entenderlas, que no captan la belleza que no se aprecia ni el sonido que no se escucha, incapaces de hacerlas feliz.

Para oír, ver y entender la mujer hace falta más que voluntad, más coraje que el que presumen los machistas, para amar con fervor se tiene que estar libre de prejuicios, desprenderse de los tabúes y entregarse por completo, como si la vida comenzara y terminara en esos momentos irracionales que nos llevan al clímax, donde el ganador cae vencido.
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