El delincuente no nace, se hace

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EVELING TAVAREZ – PSICÓLOGA.

Por: EVELING TAVAREZ – PSICÓLOGA.

La formación del ser humano empieza en el hogar, los padres tienen el rol y la responsabilidad de fortalecer a sus hijos en valores, disciplina y amor para reforzar la personalidad con bases firmes; estar presentes, no ausentes. 

Que se procure el buen desarrollo de ellos en pos de su crecimiento personal. Colaborar para modificar la conducta si se evidencia problemas a temprana edad, que crezcan con una alta perspectiva en la valoración de la vida y respeto a la dignidad humana.

Si desde la primera infancia lo que la criatura  escucha son las discusiones entre sus padres y violencia de toda índole,  este empieza a sentir una sensación de soledad, donde nadie le ve ni le oye y ninguna persona le habla con cariño; el dolor se hace cada vez más intenso hasta que ese corazón se vuelve duro y poco a poco se torna invisible,  o por el contrario, es un niño sin ninguna carencia, pero todo le es permitido y aplaudido, peor aún, lleva cosas al hogar sin ser cuestionado de donde lo sustrajo, entonces hay revisarse como padres.

Un infante abandonado por el progenitor, no se crea ese padre virtual en casa y la madre continúa ausente, pues justo en ese momento nace un delincuente, donde no vive, si no que sobrevive, ve al mundo y todo el que vive en él como a un enemigo, acumula errores, con cada delito o agresión a otras personas, se endurece tanto que deja de sentir y la vida se convierte en una huida de sí mismo, llevándole un callejón sin salida.

Esto sucede cuando un ser humano se vuelve ausente y en su vida se interrumpe la capacidad para sentir amor, delinquiendo sin importarle nada, desconectado de la sociedad y se crían en una familia de ausentes, donde los padres no asumen su rol.

Debemos tener en cuenta que delincuente es todo aquel que comete un delito. Los que estafan, roban, matan, los corruptos y un ebrio que atropella a alguien también lo es.

Existen personas que después de entrar a la cárcel se enfrentan a sus fantasmas y reconocen que nadie confía en ellos. Tocan fondo cuando ven que perdieron la libertad y la esperanza o han conocido de Dios.

Esos individuos son doblemente separados, primero de los padres y luego de la sociedad. Si sentían que no tenía nada que perder, terminan perdiéndolo todo; porque si desean reformarse es la propia sociedad quien muestra los errores, señala su pasado y le cierra las puertas para puestos de empleo; donde no basta con querer cambiar, dado que el pasado le condena y nadie podría confiar en un delincuente.

Cuando salen de la cárcel sin estudios ni nadie que lo emplee por la desconfianza es muy duro, pero puede haber un milagro transformador y el corazón puede volver a sentir

La solución no está en los políticos o jueces, porque la delincuencia es tarea de todos. Un evento traumático como el abandono de los padres o el maltrato físico, interrumpe el amor y nada vuelve a ser igual, este evento traumático modifica el ADN de la persona que lo vive. 

El delincuente no cambia, puede transformarse, porque es un proceso mental que va a venir predeterminado por la fuerza de voluntad. Cuando eso sucede, el individuo es útil, deja de ser una persona ausente para convertirse en alguien que busca el bien común. La transformación de una sola persona actúa como un efecto dominó, porque solo basta ese 1 % para cambiar la República Dominicana. 

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