“Que dios nos acompañe”, dijo al informar a sus parientes de la revuelta

Por: César Medina

Especial para LISTÍN DIARIO
La vida del coronel Caamaño y su entorno familiar más íntimo tiene un drama inédito que trastornó para siempre el futuro de su esposa Chichita Acevedo y de los dos pequeños hijos de ambos –luego nacería una tercera, Paola–, una historia dramática que comenzó a la hora del almuerzo el mediodía del 24 abril de 1965, hace hoy justamente 51 años.

Caamaño acababa de sentarse a la mesa junto a su mujer, sus dos pequeños hijos de seis y siete años, y su primo materno Chibú Deñó Suero. Se comían un pollo asado con moro de habichuelas en su casa recién construida del sector La Agustina, en las inmediaciones del hospital Gautier, por los frentes de lo que es hoy la calle Pedro Livio Cedeño.

La casa fue levantada en medio de una finquita propiedad de su padre, el general retirado Fausto Caamaño Medina, y aún no estaba terminada cuando el matrimonio se instaló en ella por una rabieta de Francis con su madre, doña Nonín Deñó, en cuya residencia de la calle Francia con Doctor Delgado vivían temporalmente.

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El teléfono comenzó a sonar insistentemente, y justo a la 1:35 de la tarde Chichita se levantó de la mesa y tomó el auricular para escuchar una voz que le resultó familiar, la del coronel Giovanny Gutiérrez: “Póngame al compadre” –le dijo sin mediar siquiera el saludo– dígale que venga rápido, que el asunto ya comenzó, que se armó el merembembé”.

Chichita lo ignoraba pero Francis Caamaño sabía exactamente de qué se trataba, y aunque no era el líder militar del movimiento, formaba parte de la conspiración que buscaba deponer el gobierno de facto del Triunvirato encabezado por Donald Reid Cabral para reinstaurar en el poder al profesor Juan Bosch que había sido derrocado 19 meses atrás, el 25 de septiembre de 1963.

De inmediato Caamaño le ordenó a Chibú, que era oficial del Ejército y andaba en chamaco, vestirse de civil con una camisa de su padre don Fausto. Él, Francis, se puso una chacabana color beige, se amarró la pistola .45 al cinto y echó manos a su fusil Fal. Más adelante, Caamaño cambiaría ese fusil Fal por el AR-15 del calibre 7.5 milímetros que le acompañó el resto de la guerra.

“-Vamos, Chibú, que Dios nos acompañe”, fue su única expresión, y al despedirse le dijo a su mujer: “Yo te llamo, no dejes que nadie venga a la casa; cuida a los muchachos”.

… En las horas siguientes
El 24 de abril, justo cuando Caamaño y Chibú se movilizaban en una guagüita de la Coca-Cola para hacer contactos militares, el doctor José Francisco Peña Gómez anunció por Tribuna Democrática –órgano del PRD, que se difundía por Radio Comercial–, que se había producido un Golpe de Estado y llamaba a la insubordinación nacional.

La gente comenzaba a salir eufórica a las calles a celebrar la caída de un régimen con elevadísimos niveles de impopularidad, pero nadie podía imaginarse que sería el principio de una crisis de proporciones internacionales que provocaría la segunda ocupación militar norteamericana del pasado siglo.

… Lejos tenía Caamaño que en ese momento su vida daba un giro de 180 grados, que el destino le había reservado un pedestal en la grandura del heroísmo nacional, que se vería compelido a enfrentar al ejército más grande del mundo y que siete años después moriría fusil en manos en las “escarpadas montañas de Quisqueya”.

Las llamadas de “Rafelito”…
“Rafelito” era el coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez, amigo íntimo de la familia y compadre del matrimonio Caamaño-Acevedo que encabezó la conjura militar para deponer el Triunvirato. Estaba residiendo en Puerto Rico, lo mismo que Juan Bosch, extrañados ambos por el gobierno de Donald Reid Cabral.

Casi inmediatamente después que Caamaño habló por teléfono con el coronel Giovanny Gutiérrez, entró otra llamada que, por igual, fue respondida por Chichita. Esa vez era “Rafelito” que llamaba urgentemente a su compadre Francis desde San Juan, Puerto Rico, teniendo a su lado al profesor Bosch.

Hablaron con entusiasmo de los planes políticos inmediatos, y “Rafelito” le comunicó a Francis que en solo horas ellos dos –Bosch y Fernández Domínguez, estarían de regreso en la República DominicanaÖ La historia, sin embargo, se escribió de otro modo…

Ö Sinsabores de Chichita
A pesar de que se cumplen hoy 51 años del inicio de la Revolución de Abril, Chichita recuerda aquel momento como el primer día:
“Francis sabía lo que se estaba cocinando y era pública su desavenencia con el Triunvirato de Donald Reid, pero no era el líder militar de la conspiración aunque formaba parte de ella. Nadie podía pensar que ese sábado tranquilo y rutinario comenzaría todo…”

Mientras sonaban los tiros, bombardeaban el Palacio y se producía la intervención norteamericana, la “primera dama”, la mujer del Presidente Caamaño, aguantaba mil penurias: hambre, persecuciones, amenazas, vejaciones diplomáticas…

… Chichita se había hecho objetivo de guerra para San Isidro que conocía bien la debilidad del coronel Caamaño por su mujer y sus hijos. Era ese su lado más vulnerable.

Gracias a un pinchazo telefónico al contralmirante Rivera Caminero, a finales del mes de abril Caamaño se enteró que San Isidro pretendía presionarlo secuestrando a su mujer y sus dos hijos. De inmediato dispuso que un comando de hombres ranas rescatara a su familia y la llevara a la embajada de Argentina en procura de protección diplomática…

… Pero aquello resultaría una auténtica pesadilla para toda la familia, incluido el líder militar.

A la embajada argentina llegó también Norma Messon de Montes Arache, la esposa del coronel Manuel Ramón Montes Arache, comandante de los hombres ranas, y durante casi un mes durmieron en el suelo y no les daban ni siquiera agua; los maltratos del personal diplomático eran impropios para cualquier huésped de una embajada, menos para asilados de esa importancia.

La oficialidad militar y los norteamericanos presionaron para que Argentina le negara el asilo a la familia del líder de la revuelta militar. Caamaño se enteró porque le llevaron la “escucha telefónica” de Rivera Caminero, y ordenó que esa misma noche sacaran sigilosamente a Chichita, a sus hijos y a la esposa de Montes Arache por una puerta trasera de la embajada que colindaba con la iglesia Santo Tomás de Aquino, ubicada en la Independencia casi esquina Máximo Gómez…

… Entraron a la Iglesia, también por la puerta trasera, y allí el padre Vicente Rubio facilitó que los hombres ranas trasladaran a las mujeres y a los niños a Ciudad Nueva donde se reencontraron con quienes eran ya los líderes militares de la Revolución.

EL HISTORIAL FAMILIAR…
El coronel Francis Caamaño nunca se separó legalmente de su esposa María Paula Acevedo, a quien todos conocen como Chichita, ya con 81 de edad pero con absoluta lucidez y capacidad motora para viajar con frecuencia a La Habana y a Ciudad de Panamá, donde residen dos de sus hijos, Alexander Ernesto y Paola Alexandra.

En sus últimos años de vida clandestina en Cuba, Caamaño tuvo una relación de pareja estable con la que procreó otros dos hijos a quienes, por igual, quiso y protegió siempre. Sus amigos en todas las etapas de su vida, sus compañeros de armas en las Fuerzas Armadas y en los ejércitos irregulares que comandó, lo definen como un padre amoroso que se preocupaba mucho por su seguridad.

Francis Caamaño murió asesinado el 16 de febrero de 1973 en Nizaito, San José de Ocoa, después de caer herido levemente tras una emboscada de las tropas regulares al último reducto de la guerrilla que ingresó al país por playa Caracoles procedente de Cuba…

Había desaparecido del foco público seis años antes mientras se encontraba en Londres cumpliendo tareas diplomáticas como agregado militar.
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