Damián “el de el Astro”

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Por: Robert Núñez

El 15 de septiembre del 1927 nació Damián Núñez, hijo de Celestino Tejada y Josefa Núñez. Damián el de El Astro, el del Onaris, el del Centro Bar, el del Cerezo Bar, el del Bar Bienvenida, el de todos esos negocios y otros más que llenaron una época en Santiago Rodríguez, llegó un momento que se decía: si un negocio vende ron o cerveza, de seguro es de Damián.

Sus hijos nos sentimos agradecidos por su legado, no solo materialmente, sino por su vocación de servir, de ayudar, por hacer suya las alegrías de los demás, por su presunción de haber nacido en una tierra bendecida y abonada por ciudadanos solidarios, hermanados en las buenas y en las malas.

Complacidos por las becas y las ayudas que pudo dar, por las recetas para los desamparados, el trabajito a los necesitados o la confianza de los dolientes que sabían que donde Damián estaban, sin ningún costo, las sillas para el funeral o los rezos de sus parientes. De cómo solidariamente, sabiendo la importancia de los estudios, abría las puertas de su hogar cuando algún familiar quería estudiar y no tenía donde pernoctar.

Hasta los primeros instrumentos musicales modernos que llegaron a la ciudad, que les permitieron a muchos jóvenes descollar, fueron diligenciados por Damián.

Un padre que nos enseñó el desapego, el servicio, el respeto, a querernos como familia y Sabaneteros, a sentirnos orgullosos de lo que somos, que quería su tierra y sonó siempre con lo mejor para ella.

Fue parte los jóvenes que colocaron los cimientos cuando aquella pequeña aldea llamada Sabaneta Novillo se convirtió en provincia, a mediados del siglo pasado, de los que nos metieron en la cabeza que la pobreza no era una carga sino un aliciente, que el futuro era de los que trabajan, de los que estudian, de los serios.

De ese grupo de jóvenes salieron los primeros profesionales, los primeros comerciantes, los primeros maestros, los primeros revolucionarios como Francisco Bueno, y lo más importante, el temple de los hombres y las mujeres de la ciudad cuna de la Restauración.

Fueron ellos los que impregnaron optimismo, los que insistieron que estudiando se llega, que las cadenas de la pobreza se pueden romper y las rompieron, gracias a ellos somos un pueblo de estudiantes, de universitarios, de hombres y mujeres empeñados por el bienestar común, y Damián, junto a muchos otros, puso su granito de arena.

La vida de un hombre es la suma de sus aciertos y sus errores, en la de Damián, los aciertos aventajaron con creces los errores. Por eso es orgullo de sus hijos y de todos aquellos que lo conocieron.

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