Crianza violenta
Eric Guzmán Minier - periodista
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Estamos llamados a ser la voz de los más pequeños

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POR: ERIC GUZMÁN MINIER  – Reside en EE. UU.

Somos adultos y eso conlleva ser responsables y, por lo tanto, hay que enfrentar esas conversaciones un tanto incómodas.

Es sabido que el ser humano aprende desde edades muy tempranas y aprende de sus padres, de sus demás seres queridos y del entorno. Es decir, tanto las cosas buenas como las malas que se le enseñen a un niño, él las aprenderá. Así que, si el infante vive en un ambiente donde está presente la violencia, donde ve de forma constante cómo un individuo agrede física, verbal o psicológicamente a otro, va a dar por sentado que eso es normal e incluso que está bien agredir o recibir agresión.

Por ejemplo, si es una niña que ve cómo maltratan a su mamá, va a pensar que es normal y que está bien que un hombre golpee a una mujer. Si es un varón, va a pensar que un hombre tiene derecho a pegarle a una mujer, pero estas familias con este sistema también violentan sus niños y esto todavía es aún más cruel.

Las estadísticas de UNICEF, de acuerdo con un diario de circulación nacional, establecen que muchos niños, niñas y adolescentes son criados bajo una disciplina violenta.

Y yo, después de ver y escuchar a tantos profesionales de la psicología y de la conducta humana, y de pensar y reflexionar sobre el tema, me he dado cuenta de que nos falta humildad —lo cual agrada mucho a Dios y sobre lo habla bastante en Su Palabra— para aceptar que debemos cuestionar o analizar nuestra forma de crianza.

Y es que definitivamente no se puede basar una crianza en gritos, golpes y humillaciones, porque si con esas cosas es que estamos alimentando las mentes de nuestros niños, que absorben todo lo que ven y escuchan, entonces no pretendamos que ellos no sean violentos con otros en la escuela, en su entorno o incluso con su propia familia.

Y como dice un popular adagio: no puedes sembrar yuca y cosechar batata.

Tampoco puedes no sembrar nada y esperar cosechar algo bueno.

Otro dato súper interesante que arrojó UNICEF es que los padres adolescentes —que son muchos en nuestro país y cuya realidad preocupa a la entidad y a otras organizaciones— tienden a ser más violentos. No hay que ser un experto para entender algunas de las razones.

Según la entidad, somos uno de los países de la región latinoamericana con mayores índices de crianza o disciplina violenta. Además, seguimos entre los países con mayor número de embarazos en la adolescencia.

Así que la educación es la base. Siempre digo, y también lo menciona UNICEF, que el Estado debe proveer orientación y herramientas a las familias para ayudar a eliminar estos males. El pueblo necesita educación, y esta se le paga al Estado a través de los impuestos para que la provea, porque ese es el sentido y una de las razones de su existencia: ofrecer a la ciudadanía aquello que necesita para su desarrollo y bienestar.

Y, por supuesto, paralelamente también debemos hacer un llamado a la reflexión ciudadana. No esperemos únicamente que el Estado haga algo. Aunque es su obligación actuar, no siempre responde. Por eso, también debemos autogestionar nuestra propia educación, buscar conocimiento y procurar mejorar nuestras vidas de todas las formas posibles.

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