La textura de la comida basura puede llevarnos a consumir hasta un 15 % más
Por: Redacción SabanetaSR
La forma en que sentimos los alimentos dentro de la boca puede influir mucho más de lo que imaginamos en cuánto terminamos comiendo. Una investigación científica apunta a que la textura de determinados productos ultraprocesados facilita una ingesta más rápida y puede provocar un consumo energético alrededor de un 15 % mayor.
El fenómeno ayuda a explicar por qué la comida basura no depende únicamente del sabor para resultar atractiva. La facilidad con la que algunos alimentos se rompen, se mastican y prácticamente desaparecen en la boca puede modificar la velocidad con la que una persona come antes de sentirse satisfecha.
Según explica Xataka en un artículo del periodista especializado en ciencia Javier Jiménez, la relación entre textura y percepción de los alimentos lleva años llamando la atención de investigadores.
Uno de los experimentos más conocidos se realizó en la Universidad de Oxford. Un grupo de participantes comió patatas Pringles mientras escuchaba mediante auriculares el sonido producido al morderlas. Al modificar electrónicamente determinadas frecuencias, los voluntarios llegaron a percibir las mismas patatas como más crujientes y frescas.
La textura de la comida basura influye en cuánto comemos
Investigaciones más recientes han ido más allá de la percepción y han analizado cuánto puede cambiar realmente el consumo.
Un estudio encabezado por el científico Ciarán G. Forde reunió a 41 adultos sanos en un ensayo controlado en el que los participantes siguieron dos dietas de 14 días, separadas por un periodo de descanso. Ambas estaban formadas principalmente por alimentos ultraprocesados y fueron preparadas para ser comparables en aspectos como cantidad servida, densidad energética y aceptación del sabor.
La principal diferencia estaba en la textura y, por tanto, en la velocidad necesaria para consumir los alimentos.
Los resultados mostraron que con los productos que podían ingerirse más rápidamente los participantes consumieron aproximadamente 369 calorías diarias adicionales en comparación con la dieta diseñada para obligarlos a comer más despacio. La diferencia fue estadísticamente significativa.
Los datos recogidos por Xataka muestran además velocidades de aproximadamente 117 gramos por minuto frente a 82 gramos por minuto, lo que ayuda a entender cómo una textura más fácil de procesar puede favorecer una mayor ingesta.
Esta característica está presente en numerosos productos asociados popularmente con la comida basura: entran fácilmente en la boca, requieren relativamente poca masticación y permiten continuar comiendo con rapidez.
Comer más despacio puede marcar una diferencia
Los investigadores plantean que la velocidad de ingestión constituye una pieza importante del problema. Cuanto más rápido se consume un alimento, mayor cantidad de energía puede ingerirse antes de que las señales relacionadas con la saciedad ayuden a detener la comida.
Esto no significa que toda la comida basura produzca exactamente el mismo efecto ni que la textura sea el único factor que determina cuánto comemos. La densidad energética, la composición nutricional, el tamaño de las porciones y los hábitos personales también intervienen.
Sin embargo, el estudio aporta evidencia de que la estructura física de los alimentos tiene un papel relevante. La comida basura, por tanto, puede resultar fácil de consumir no solo por sus sabores intensos, sino también porque determinadas texturas permiten comerla a gran velocidad.
El hallazgo abre una nueva perspectiva sobre los ultraprocesados: a la hora de analizar por qué algunas personas terminan consumiendo más calorías de las previstas, quizá no baste con mirar los ingredientes. También importa cómo se siente y cuánto tarda cada bocado en desaparecer de la boca.



