Victor M Perata 2014
Víctor M. Peralta - Escritor y comunicador.

Ensayo sobre la patria (3 de 3)

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Por: Víctor M. Peralta.

Casos y cosas del mundo
Quién dijo patria. Es mentira, aquí nadie piensa en eso. La violación a la ley, el delito, el engaño, la malversación de fondos público, lo insaciable del capitalismo cruel y salvaje, las promesas de los políticos que nunca llegan y el sálvese quien pueda lo cubre todo.

Para nadie es un secreto que a este gobierno le ha caído encima una terrible deuda social que se ha venido acumulando por décadas. Y que al correr del tiempo, cada día, cada minuto, cada segundo, se ha ido tornado impagable. Cada zona del país tiene sus dificultades que ameritan su pronta solución. En el caso específico de la provincia Santiago Rodríguez, precisamos de obras que requieren de su ejecución en el transcurso del año que recién se estrena. O por lo menos dar señales serias de que se van a realizar.

No estamos detrás de grandes avenidas. No perdemos la cabeza por un tren de trasporte masivo. No necesitamos de una circunvalación para salir de una ciudad con características campechana. No precisamos de grandes elevados o kilométricos túneles como los que se construyen en las grandes ciudades para poder escapar de los terribles tapones que se multiplican como la yerba mala, sumatorias de obras que en su conjunto subyugarían gran parte del presupuesto del año fiscal de 2016. Dios nos coja confesado si tuviésemos que pedir algo parecido. Somos el conglomerado humano que más barato le sale al gobierno. A este y cualquier otro.

Carreteras y caminos vecinales inexistentes. Cuánto le habrá costado a los campos de nuestra provincia, a su gente, el deterioro progresivo de los caminos vecinales, la polvareda que lo asfixia todo. Verbigracia la carretera de Mata del Jobo, desde la cañada de Bambán, en la parte urbana del municipio de Sabaneta, hasta sierra adentro; allá donde nacen los grandes ríos para que el país no se muera de sed, y para el regadío de la tierra donde se produce la mayor cantidad de alimentos que demanda la población. Qué terrible y traumático le resulta a una persona de cualquier campo de la provincia, ir a la ciudad por una situación apremiante de salud. Cuántos no habrán perdido la vida en su intento de ir a tiempo al hospital a chequearse con un médico. A buscar la medicina que necesita para seguir viviendo.

Cuánto le habrá costado a nuestro pueblo, en recursos y vidas humanas, el deterioro progresivo del hospital General Santiago Rodríguez, la falta de personal médico, la falta de las diferentes especialidades que hoy día se vale la ciencia para alargar la vida de la gente, para atacar los achaques, las epidemias, los virus, las enfermedades hereditarias, para atender a las personas accidentadas. Cuántos pacientes no habrán muerto producto de las penurias de un hospital de características regional, que a diario recibe pacientes que llegan de cualquier punto geográfico de la Línea Noroeste.

Cuánto le habrá costado a nuestro pueblo la visión enana, desordenada y errada del Ministerio de Agricultura en todo lo que tiene que ver con el apoyo y motivación al hombre del campo para la siembra y producción de rubros alimentarios de ciclo corto. Un ministerio a todas luces carente de una política afín para que seamos autosuficiente de productos de consumo masivo, como es el caso de las diferentes variedades de habichuelas, del gandul, cacao, café, batata, plátanos, guineo, ñame, yuca, yautía, entre otros rubros que se cosecharían en cualquier campo y espacio de la provincia.

Por qué, caray, debemos esclavizar a muchísimas comunidades de la zona rural de la provincia por la falta de luz, que la aísla de un mundo que se ha vuelto tan considerablemente angosto, tan efímero, precisamente por la comunicación y la globalización tecnológica que debiera estar al alcance de todos.; pero que sin energía eléctrica no es posible tanta belleza. Lo mismo sucede con el servicio de agua potable, tan necesaria para la vida misma, carenciada en diferentes sectores, no solo de la parte rural, también de la urbana. El acueducto del municipio de Sabaneta, ejemplo vivo de una triste realidad, tiene ya 43 años de existencia, y resulta harto insuficiente para una población que desde 1973 a la fecha se ha más que triplicado.

En resumida cuenta, queremos que en el andar de este año, se nos traslade la cárcel provincial de los frentes del parque Don Juan Rosado. Y que se construya una bajo los términos del nuevo Modelo Penitenciario que se implementa en otras partes del país. Queremos que se termine la tan añeja, cacareada y pordiosera remodelación que por más de dos años se le viene haciendo al hospital. Que se construyan centros de Atención Primarias en diferentes comunidades de los tres municipios de la provincia. Que se instalen puestos de policías en zonas muy apartadas de la parte urbana, con los equipos requeridos para dar respuesta inmediata a cualquier atisbo de desorden y delincuencia que pudiera azotar a esas comunidades, como es la media en todo el país.

Hay otras necesidades que ameritan una pronta solución, como es el caso de la carretera cruce de Los Tomines, Zamba – Guayubín. La construcción de un nuevo cementerio para el municipio de Sabaneta. La edificación de una funeraria pública. La remodelación total del parque Don Juan Rosado. La pavimentación de muchísimos barios de Sabaneta, Monción y Villa los Almácigos. La creación de espacios públicos para la recreación de la familia. La ubicación de terrenos y construcción de canchas, para la práctica de las diferentes disciplinas deportivas, en el campo y la ciudad, principalmente en las escuelas públicas.

Y vale decir que la solución de todos estos problemas no sería consumados sino contamos con la unidad de las autoridades municipales y provinciales. No tendría su fruto sino aunamos esfuerzos y voluntades, para exigirle al gobierno que venga y satisfaga necesidades perentorias de muchísimos años atrás. Solo así saldríamos del estadio de miseria que nos tiene al borde del desbande y degeneración social.

¿Quién dijo patria? Triste es decirlo: Patria es solo una utopía que se nos murió de tristeza por la falta de justicia, de decoro, de solvencia moral, por la falta de transparencia en todo lo concerniente a la vida institucional del país. ¿Lograremos resucitarla algún día? Tal vez. La esperanza es lo último que se pierde.
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