Capitalismo salvaje a lo dominicano

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Por Luís Amílkar Gómez
El capitalismo salvaje es definido como la protección del estado a las empresas grandes en detrimento de las más pequeñas.

La práctica del capitalismo salvaje es la causa de la enorme desigualdad que existe en el mundo, sostuvo recientemente en Asunción, Paraguay, el economista Bernardo Kliksberg.

 

De acuerdo al economista brasileño, el capitalismo salvaje crea monopolios y controla el mercado, que operando a través de las multinacionales, genera una enorme disparidad entre las fuerzas productivas.

 

En este tipo de capitalismo los pocos ricos son cada vez más ricos y la mayoría de pobres se vuelven cada vez más pobres.

 

Esta es la clase de sistema social que promueven y practican los empresarios e industriales en la República Dominicana.

 

Los practicantes del capitalismo salvaje en nuestro país compran voluntades políticas con sus enormes recursos económicos y colocan sus «cuadros» en posiciones estratégicas en todos los gobiernos.

 

De ahí que se viole y bloquee la ley 2801 creada para atraer inversiones a las distintas provincias de la frontera, sin que nadie intervenga en favor de las reglamentaciones.

 

De ahí que se prohíba la importación de autos usados para beneficiar a los grandes dealers, en perjuicio de la clase media trabajadora para la que seguirá siendo un sueño el adquirir un vehículo.

 

De ahí que trataran de eliminar las pacas que ha permitido que los pobres del país puedan suplírse de ropa de calidad a precios asequibles.

 

De ahí que hayan hecho lucír a la República Dominicana en la arena internacional como un «país tramposo», ya que se niegan a cumplir con los acuerdos del DR-CAFTA, porque el mismo los obliga a competir de igual a igual con empresas de otros países.

 

Y es que los empresarios e industriales dominicanos adoran el capitalismo pero aborrecen la competencia.

 

El capitalismo salvaje pretende eliminar totalmente al estado de su tarea de contralor, regulador, para adueñarse, a placer, del creciente mercado local.

 

De ahí es que ordenan a su «cuadro», el director de Aduanas señor Fernando Fernández, crear un impuesto para las compras en el internet ya que ese medio se ha convertido en un competidor «desleal».

 

En vez de integrarse al mundo tecnológico que es donde el Mercado crece a una velocidad pasmante, la señora Ligia Bonetti y sus compartes, dan la espalda y se refugian en sus cavernas.

 

Con unos empresarios incapaces de innovar sus métodos y una clase obrera incapaz de entender su rol en las relaciones de producción, el capitalismo salvaje dominicano tendrá una larga existencia.
¡Pobre país!

¿Y tú, que opinas?

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