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Así se vive para la eternidad

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Por Néstor Estévez.
La humanidad ha logrado grandes avances. Pero la muerte sigue siendo un misterio. ¿Qué hay después? ¿Qué ocurre con el alma? ¿Qué pasa con el espíritu? Esas son solo algunas de las preguntas que solemos hacernos.

Al despedir a Octaviano Aguilera vuelven esas preguntas. Y si tomamos en cuenta lo que tanto él practicó y enseñó, nos refugiaremos en la esperanza de la resurrección, que es la esencia del cristianismo.

Mientras, para quienes seguimos buscando una orientación, me animo a señalar algunas lecciones.

Es muy recomendable que cada infante sepa que Octaviano se caracterizó por ser un niño muy inquieto, y aficionado al estudio y a la lectura. Pues aunque en la escuela de su comunidad solo se ofrecía hasta el segundo de la educación básica, desde que se presentó la primera oportunidad, él continuó sus estudios.

Durante su infancia y sobre todo, mientras discurría su adolescencia, para un Aguilera, como para otras muchas familias, era muy peligroso estar fuera de su comunidad. Así eran las cosas durante la dictadura.

Pero desde que Radio Santa María abrió las Escuelas Radiofónicas, este humilde campesino encontró la vía expedita para avanzar en sus estudios. Ahí fue de los pioneros en completar el sexto grado.

Habiendo aprendido a leer y escribir, y adentrándose en los estudios bíblicos, combinaba sus roles de esposo y padre, con el de catequista de su comunidad.

Si dos características sobresalían en sus años mozos, esas eran la alegría y su gran interés por conocer la palabra de Dios. Su avance en la espiritualidad no solo se expresaba en tocar a cada vez más personas, sino en un crecimiento que lo llevó a desempeñarse como diácono por casi tres décadas.

Octaviano predicaba con ejemplo. Pues con la misma entrega con que asumía un oficio religioso, se le encontraba en las actividades que lo vinculaban a su gente y repercutirían en el mejoramiento de las condiciones de vida en su comunidad.

 Octaviano Aguilera con familiares en el VII Abrazo Sabanetero 2015, Santo Domingo Jardin Botanico.
Octaviano Aguilera con familiares en el VII Abrazo Sabanetero 2015, Santo Domingo Jardin Botanico.

Por eso se vinculó a la Cooperativa de Ayuda Mutua de La Guama y Palmarejo, y después a COOPSANO, a la construcción de la Escuela La Lima, al comité Pro-Construcción de la Escuela de Los Jobos, al Club Centro Progresista de Palmarejo, a la Federación de Campesinos de Santiago Rodríguez, y hasta llegó a ser acusado de comunista por encabezar un grupo de hombres para construir el camino vecinal de Cabirmita.

A este hombre lo encontramos en un vivero para la comunidad, y en las actividades para lograr el acueducto de Palmarejo en 1987. Pero luego lo encontramos trabajando con más ahínco para extender ese acueducto desde Maguanita hasta Clavijo.

Por eso, la familia de Octaviano se extiende mucho más allá de Doña Blanquita y de su descendencia. La familia de Octaviano somos quienes de él escuchamos, quienes con él compartimos y quienes de él aprendimos.

Por todo lo expresado, y por lo que no cabe en este espacio, Octaviano Aguilera Torres, no solo seguirá viviendo en el legado que representan su esposa y sus hijos, sino en donde quiera que se precise de un referente para la niñez, para quienes viven la adolescencia, para cada lugar en donde el estudio se convierte en vía para el avance, para cada espacio dedicado al crecimiento espiritual, para cualquier lugar en donde el interés colectivo sea colocado por encima de las apetencias particulares.

En donde el servicio se considere como una forma de crecer, ahí sigue viviendo Octaviano Aguilera.

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