Ambiorix Popoteur en Ecos de Personajes Poéticos
POR: SANDRA FERNÁNDEZ MARTÍNEZ – escritora. Reside en Santiago Rodríguez.
Este espacio es un puente entre la literatura y el público, donde se abre una ventana íntima hacia la vida, los pensamientos y la inspiración de quienes dedican su arte a la palabra y a la escritura. En esta ocasión, este segmento ha vuelto la mirada hacia los suyos, pues de manera casual mientras estábamos colocando el segmento anterior en el periódico digital Sabanetasr., nos encontramos con un relato escrito por un sabanetero llamado Ambiorix Popoteur, inmediatamente nos pusimos a leerlo, nos dimos cuenta de sus virtudes narrativas, de su capacidad de recrear el paisaje humano, la naturalidad de los diálogos, en su manejo de la nostalgia y sobre todo de su talento para convertir escenas cotidianas en historias cargadas de emoción.

Leer El río que lo sabe todo, es regresar a una época donde la vida transcurría despacio, al ritmo de las conversaciones bajos los árboles, con una taza o un jarro de aluminio en las manos, de los cocinaos junto al río y de los sentimientos que se guardaban entre el pecho y la espalda, de los amores platónicos. En ese relato Ambiorix Popoteur demuestra sin discusión su notable capacidad para rescatar y transportarnos a la memoria afectiva de Sabaneta y convertirla en literatura.
Lo primero que llamó mi atención es la manera en que el autor transforma el río Yaguajay en algo más que un escenario. El río guarda secretos, observa, y se convierte en testigo silencioso de los anhelos, las dudas, y las heridas de sus personajes, envolviendo al lector desde la primera línea en una atmosfera entrañable.
Popoteur nos revela en sus relatos una virtud un tanto escasa en estos tiempos, sabe contar sin prisa, sus personajes respiran, conversan y emergen de la historia poco a poco, Rafaelito, Simón y Manuela, no son simples protagonistas de un triángulo amoroso; son seres humanos reales y llenos de matices, atrapados entre la amistad, el deseo y el temor de perder aquello que más valoran, el conflicto surge de manera natural, como suelen surgir las verdaderas tragedias del corazón.
Hay también en su escritura un profundo sentido de pertenencia. Quienes conocemos a Sabaneta, reconocemos nuestros lugares, nuestras costumbres y modo de hablar; quienes no la conocen, terminan sintiendo que han estado ahí. Esa es una de las mayores fortalezas de un narrador.
Después de leer varios de sus relatos he quedado con la sensación de que estoy frente a un escritor que ha ido construyendo, relato tras relato una valiosa memoria literaria de su pueblo. Sus relatos poseen sensibilidad, autenticidad y una voz propia que merece transcender más allá de las páginas periódicas donde aparecen. Por eso como lectora solo puedo expresar, al igual que lo ha expresado el escritor Papo Fernández, un deseo: que algún día cercano Ambiorix Popoteur, reúna estas narraciones en un libro. Sería una hermosa manera de preservar estas historias para las futuras generaciones y de permitir que muchos más lectores descubran el talento de un escritor que sabe escuchar lo que cuentan los ríos, los pueblos y el corazón de la gente.
A ustedes, queridos lectores, les deseamos un feliz fin de semana. Hasta una próxima entrega, donde seguiremos escuchando los ecos que el arte deja en nuestra sensibilidad y en nuestra memoria.
