Álvaro Arvelo Hijo
Si me preguntaran a cual Alvarito prefiero, al escritor de la columna Capsula del vespertino El Nacional o al que se expresa con todo tipo de epítetos, malas palabras, carraspeando ante una que otra situación en El Gobierno de la Mañana, no tendría dudas en elegir al que conocí por las Capsulas del mencionado diario, bastaría con escudriñar en cualquiera de sus escritos para comprender los dotes intelectuales y de comunicador de Álvaro Arvelo Hijo, dos condiciones muy difíciles de encontrar en una misma persona. Pero debemos comprender que «Business are Business» como dicen los ingleses.
Su actuación en dicho programa, con un papel aparentemente predeterminado o apegado a un libreto (aunque muchas veces parece disfrutarlo bastante), lo hace partícipe del espectáculo, permitiéndole ganar un buen dinero y, lo más importante, exponer sus ideas a través de un medio que millones de dominicanos siguen y que de otra manera, digamos leyendo periódicos, nunca les llegaría el mensaje y las enseñanzas que nos brinda Alvarito en el Gobierno de la Mañana.
El sacrificar amenamente sus dogmas y ser blanco de críticas, casi siempre de mediocres y resentidos sociales, no debe amilanar a Alvarito, los aportes positivos sobrepasan por mucho las palabrotas y lo piques que tienen que soportarle la gran audiencia de ese programa a ese gran erudito dominicano, si no les gusta cuando se dispara y parece perder la compostura, cambie de emisora, pero a las siete de la mañana, cuando está en serio, perdérselo es dejar de nutrir el intelecto.
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